sábado, junio 13, 2015

LA SOMBRA DE LA BANDERA.


                                             



Las  banderas más extrañas alrededor del mundo



Swazilandia.Amberes (Bélgica).Lombardía (Italia).

http://listas.20minutos.es/lista/las-banderas-extranas-del-mundo-268093/

http://www.rinconabstracto.com/2011/12/las-10-banderas-mas-extranas-alrededor.html


El Ruido de las Cosas al
Caer                                   Juan Gabriel Vásquez

Ese domingo de 1938 se celebraban los cuatrocientos años
de su fundación, y la ciudad entera estaba llena de
banderas. El aniversario no era ese día exactamente, sino
un poco después; pero las banderas ya estaban por toda la
ciudad, pues a los bogotanos de esa época les gustaba
hacer las cosas con tiempo.
Muchos años después, recordando ese día aciago, Julio
Laverde hablaría sobre todo de las banderas. Recordaría a
su padre llevándolo a pie desde la casa de la familia
hasta el Campo de Marte, en el barrio de Santa Ana, que
en esa época era menos un barrio que un descampado y
quedaba más bien apartado de la ciudad. Pero con el
capitán Laverde no había la más remota posibilidad de que
uno agarrara un bus o aceptara un aventón; caminar era
una actividad noble y honorable y moverse sobre ruedas,
una cosa de nuevos ricos y plebeyos. Según Julio, el
capitán Laverde se pasó el trayecto entero hablando de
las banderas, repitiendo que un bogotano de verdad tenía
que saber el significado de su bandera y proponiéndole a
su hijo pruebas constantes de cultura urbana.
—¿No les enseñan estas cosas en el colegio? —decía—. Es
una vergüenza. Adonde va esta ciudad en manos de estos
ciudadanos.
Y entonces lo obligaba a recitar que el rojo era símbolo
de libertad, caridad y salud, y el amarillo de justicia,
virtud y clemencia. Y Julio repetía sin chistar:
—Justicia, clemencia y virtud. Libertad, salud, caridad.

EL PALACIO DE LA LUNA   PAUL AUSTER

-Pero ¿qué me dice de su esposa? ¿Nunca averiguó qué había sido de ella? No
habría sido muy difícil enterarse de si había tenido un hijo o no. Debe de haber cien
maneras diferentes de obtener esa clase de información.
-Indudablemente. Pero yo me había prometido no hacer averiguaciones respecto
a Elizabeth. Sentía curiosidad, hubiese sido imposible no sentirla, pero al mismo tiempo
no quería abrir viejas heridas. El pasado era el pasado y para mí estaba cerrado y
sellado. ¿De qué me habría servido saber si estaba viva o muerta, si se había vuelto a
casar o no? Me obligué a permanecer en la ignorancia. Esa actitud me provocaba una
fuerte tensión y me ayudaba a recordar quién era yo, a mantenerme alerta para no
olvidar que ahora era otra persona. No había vuelta atrás, eso era lo importante. Nada de
arrepentimientos, nada de compasión, nada de debilidades. Negándome a investigar sobre la vida de Elizabeth, conservaba mi fuerza.
-Pero sí quería investigar acerca de su hijo.
-Eso era distinto. Si era responsable de haber traído a otra persona al mundo,
tenía derecho a saberlo. Sólo quería conocer la verdad, nada más.


Michel Houellebecq
Las partículas elementales

VERANO DEL 75
Sus obras no les permiten reunirse con Dios, porque el espíritu de la prostitución
está entre ellos, y porque no conocen al Eterno
OSEAS, 5, 4

Al bajar del autobús de Carpentras los recibió un hombre debilitado y enfermo.
Hijo de un anarquista italiano emigrado a Estados Unidos en los años veinte,
Francesco di Meola había triunfado en la vida; a nivel financiero, se entiende. Al
final de la Segunda Guerra Mundial el joven italiano había entendido, como Serge
Clément, que se enfrentaban a un mundo radicalmente nuevo, y que actividades
consideradas durante mucho tiempo elitistas o marginales iban a tener un peso
económico considerable. Mientras el padre de Bruno invertía en la cirugía estética,Di Meola se metió en la producción de discos; es cierto que algunos ganaron mucho
más dinero que él, pero aun así consiguió quedarse con un buen pedazo del pastel.

VLADIMIR NABOKOV
El ojo

—Por favor, Azef, díganos quién es este hombre.
Bajo los dedos fláccidos de Weinstock, el platillo invertido volvió a moverse por toda la hoja con el alfabeto,
precipitándose de un lado a otro mientras orientaba la señal de su borde hacia una u otra letra. Hizo seis de estas
pausas antes de quedarse inmóvil como una tortuga asustada. Weinstock escribió y leyó en voz alta un nombre
familiar.
—¿Has oído? —dijo, dirigiéndose a alguien en el rincón más oscuro de la habitación—. ¡Bonito asunto!
Naturalmente, no necesito decirte que no creo en esto ni por un momento. Espero que no te hayas ofendido. ¿Y por
qué deberías ofenderte? Ocurre con mucha frecuencia en las sesiones de espiritismo que los espíritus suelten
tonterías. —Y Weinstock fingió que se lo tomaba a risa.








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