martes, abril 27, 2010

YouTube - Al-Andaluz Project - Morena

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por fin te he encontrado

martes, marzo 30, 2010

dia 29 de Marzo-Atentado en el metro de Moscu.Dos mujeres suicidas-MARTIN AMIS.

Aquella noche nuestra cita no fue ningún éxito. En el campo era algo axiomatico  que las mujeres eran más duras y más en resistentes que los hombres. Les dábamos lástima y hacían de Madres. Eran más fuertes; pero el precio que pagaban era la pérdida de toda esencia femenina, de la última gota de su rocío. Soy al mismo tiempo vaca y toro, escribió la poetisa del campo. Una mujer y un hombre. Ya no segregaban hormonas. Y lo mismo nos pasaban a nosotros. Estábamos, unas y otros como  abocados a una tierra de nadie. El único impulso que pudiera asemejarse a deseo que Tania despertaba en mi eran unas fugaces y apremiantes ganas de comerle los botones de la camisa, que estaban hechos de bolas de pan masticado.

Ahora se oía a mi alrededor el débil pero unánime sonido como de unas bocas que salivaban y sorbian. Incluso podrían haberme resultado alentadoramente lúbrico si no hubiera sabido lo que era. Pero lo sabía. Era el sonido de tres centenares de hombres comiendo en sueños.

 

MARTIN AMIS      LA CASA DE LOS ENCUENTROS        pag.29

 

 

 

 

 

Allí sólo estaba María.

María es alta, morena, de pelo negro y muy lacio, nariz recta (absolutamente recta) y labios finos. Parece de buen carácter aunque no es difícil adivinar que sus enfados pueden ser prolongados y terribles. La encontramos de pie en medio de la habitación, ensayando pasos de danza, leyendo a Sor Juana Inés de la Cruz, escuchando un disco de Billie Holiday y pintando con aire

distraído una acuarela en donde aparecen dos mujeres con las manos entrelazadas, a los pies de un volcán, rodeadas de riachuelos de lava. Su recibimiento es frío al principio, como si la presencia de Pancho le resultara molesta pero la tolerara por respeto a su hermana y porque en equidad la casita del patio no es sólo suya sino de ambas. A mí ni me mira.

Para colmo me permito hacer una observación un tanto banal acerca de Sor Juana, lo que la predispone aún más en mi contra (un albur nada oportuno sobre los archifamosos versos: Hombres necios que acusáis / a la mujer sin razón, / sin ver que sois la ocasión / de lo mismo que culpáis y que luego intenté vanamente remediar recitando aquellos de Detente, sombra de mi bien esquivo, / imagen del hechizo que más quiero, / bella ilusión por quien alegre muero, / dulce ficción por quien penosa vivo).

ROBERTO BOLAÑO   LOS DETECTIVES SALVAJES     pag.29

-¡Siempre gano cuando tengo a la reina negra en mi bando!
-¿Qué dices, sinverguenza? Controla la lengua. La regla principal del ajedrez
determina que hay que jugar en absoluto silencio.
-Mi reina ha atrapado a tu sultán -replicó Yazid-. He hablado porque sabía
que el juego había terminado. No hay razón para enfadarse. Un hombre que se
está ahogando no debería preocuparse por la lluvia.
Zuhayr, furioso al verse derrotado por un niño de nueve años, apoyó su rey
sobre la mesa, dejó escapar una risita débil y se marchó.
-Te veré a la hora de la cena, ¡sinverguenza!
Yazid le sonrió a la reina. Cuando recogía las piezas y las guardaba en la caja,
un viejo criado, con la cara pálida de terror, entró corriendo en el patio como si
hubiera visto un fantasma. ¿Acaso el ejército cristiano estaría invadiendo al-Hudayl?
Antes de que pudiera correr a la torre y descubrirlo por sí mismo, apareció su
padre, seguido por Ama.
Yazid no deseaba que lo dejaran a un lado, así que caminó con aire distraído
hacia su padre y le cogió la mano. Umar le sonrió, pero miró con seriedad al criado.
-¿Estás seguro? ¿No es posible que haya algún error?
-No, mi señor. He visto con mis propios ojos cómo el grupo cruzaba la aldea.
Dos caballeros cristianos acompañaban a la señora y la gente parecía preocupada.
Ibn Hasd la reconoció y me pidió que corriera a avisarle.

ALI TARIQ     ALA SOMBRA DE UN GRANADO     pag.29

Sola ella, Mayarí Palma, tendría que subir a conversar con los jaguares de los cerros, donde las hormigas del azufre van carcomiendo la roca, y entregarse a las garras sangrientas del árbol de cacao, no de otra manera podría celebrarse la nupcia de su ser y el Motagua.

¿Por qué se fijaba en el pobre rancho lleno de mos­cas? ¿Por qué se fijaba en el pobre rancho lleno de tierra? ¿Si todo era pasajero, si no estaba más que escondida, mientras llegaba esa noche la más bella lunación del año?

Se pasó a una cocina de paredes de caña, para ver des­de la penumbra el resplandor del campo sin cabeza, cor­tado a ras de los hombros, decapitado por el sol y la luna. El campo de la costa es un campo sin cabeza. Las cabezas van surgiendo a medida que se sube a las mesetas. Es un campo degollado, de cuyo cuello sangrante surge la vida a borbotones, se riega, se multiplica, se expande, no cesa de florecer, florece en vicio, en cosechas sucesivas de maíz, de fríjol, de calabazas y cañas dulces.

Los cerdos cebados, echados en el lodo, se freían en el calor casi sin movimiento, bajo los moscones, entre las gallinas cansadas, medio dormidas de piojillo, y patos vie­jos con telarañas blancas en los ojos y los picos rojizos.

MIGUEL ANGEL ASTURIAS    EL PAPA VERDE     pag.29

Caballero — contestó el abate — , encontré un antiquísimo
manuscrito de la Tabla de Esmeralda en la biblioteca de monseñor el
obispo de Séez, y cualquier día lo hubiera descifrado a no ser por la
camarera de la señora alcaldesa, que se dirigió a París en busca de fortuna,
haciéndome subir al coche con ella. Y no hubo sortilegio alguno, señor
filósofo, pues obedecí solamente a los encantos naturales.
Non facit hoc verbis; facie tenerisque lacertis

devovet et flavis riostra puella comis.
—Ésa es una nueva demostración —dijo el filósofo— de que las
mujeres son grandes enemigos de la ciencia. El sabio debe huir de todo
contacto femenino.
—¿Aun en legítimo matrimonio? —preguntó mi padre.
—Sobre todo en legítimo matrimonio —respondió el filósofo. Y mi
padre insistió:
—¿Qué les queda a vuestros pobres sabios para divertirse un poco?
El filósofo repuso gravemente
—¡Les quedan las salamandras!
Al oír estas palabras, el hermano Ángel levantó del plato su espantada
nariz, y murmuró:
—¡No habléis de tal modo, señor mío; por todos los santos de mi orden
os lo ruego, no habléis así! Olvidáis que la salamandra es el mismísimo
diablo, quien reviste, como es sabido, las formas más diversas, ora
agradables, cuando quiere disfrazar su natural fealdad; ora asquerosas,
cuando deja ver su verdadera constitución.
—Tened cuidado a vuestra vez, hermano Ángel —respondió el
filósofo—; y puesto que teméis al diablo, no le disgustéis mucho,
provocándole con descomedidos conceptos. Ya sabéis, sin duda, que el
viejo Adversario, que el gran Rebelde, conserva en el mundo espiritual
tanto poderío que hasta Dios lo toma en cuenta. Y añadiré que Dios le
teme, por lo cual encomienda muchos asuntos al diablo. Desconfiad, pues,
hermanito; ellos se entienden

ANATOLE FRANCE      EL FIGON DE LA REINA PATOJA       pag.29

Una tercera forma de antiguas relaciones sexuales rituales —que es, por cierto, el origen de las hieródulas— fue la boda sagrada (hieras gamos), el más importante de todos los cultos religiosos de la Antigüedad. Con ella se buscaba aumentar la potencia, la fertilidad y, en general, el bienestar de la comunidad, mediante el emparejamiento ritual de dos personas, en el que se creía que la diosa estaba temporalmente incorporada en la mujer elegida; como el Señor en la hostia, en el catolicismo.
Los esponsales sagrados se celebraban ya entre los sumerios, seguramente la más antigua de las grandes culturas. El rey-sacerdote los consumaba con la gran sacerdotisa en la fiesta del año nuevo, sobre la plataforma superior de las colosales torres escalonadas conocidas por la denominación babilonia de «ziggurat» (cima, cumbre), modelos de la bíblica torre de Babel. Herodoto admiró y describió en Babilonia una edificación semejante de aproximadamente noventa metros de altura, formada por ocho torres superpuestas, por la que se podía subir gracias a una escalera de caracol exterior. Arriba del todo habría un templo con un amplio y bien dispuesto dormitorio que sólo usaba «una mujer que el dios había escogido para sí entre las hijas del país». Este dios «llegaba hasta el templo y se acostaba allí, como parece ocurría también en Tebas de Egipto, según la opinión de los sacerdotes egipcios». En Mesopotamia, donde probablemente sólo se deificaba a aquellos reyes a quienes la diosa ordenaba compartir su lecho, se celebraba un convite después del coito sobre el almohadón adornado de plantas y césped, para simbolizar la generosidad de la Providencia y hacerla efectiva.

DESCHNER  KARLHEINZ    HISTORIA SEXUAL DEL CRISTIANISMO     PAG.29

 

 

viernes, marzo 26, 2010

Que pasaba en el 36,con los anarquistas y la Iglesia

Abusos Sexuales y El Vaticano

jueves, marzo 25, 2010

¿VUELVEN A UTILIZAR LOS ATAUDES?

La esquina de Dunphy. Coches fúnebres
estacionados ahogando su aflicción. Una pausa
al costado del camino. Excelente lugar para un
bodegón. Espera que haremos un alto aquí en el

—Ala cabeza del pelotón en la vuelta de
Dunphy —exclamó el señor Dedalus, asintiendo
con la cabeza—. Copa Gordon Bennett.
—¡Dios sea loado! —dijo Martín
Cunningham piadosamente.
¡Patapum! Patas arriba. Ataúd que
rebota en el camino. Estalla y se abre. Dignam
arrojado y rodando tieso por el polvo, metido en
un hábito pardo demasiado grande para él.

Cara
roja: ahora gris. La boca se abre. Preguntando
qué es lo que pasa. Es lógico cerrarla. Abierta.
queda horrible. Después las entrañas se
descomponen rápidamente. Será mejor obturar
todos los orificios. Sí, también. Con cera.
Esfínter relajado. Sellarlo todo.

JAMES JOYCE       ULISES                  pag.266

Luego se tomó un
vaso de agua de la llave, agua de las montañas de Sonora, y
mientras esperaba que el agua bajara por su garganta dejó de
temblar, un temblor imperceptible que sólo él era capaz de sentir,
y se puso a pensar en los acuíferos de la Sierra Madre que corrían
en medio de una noche interminable hacia la ciudad, y
también pensó en los acuíferos que subían desde sus escondites
más cercanos a Santa Teresa, y en el agua que teñía los dientes
con una suave película ocre. Y cuando se hubo tomado el vaso
de agua miró por la ventana y vio la sombra alargada, sombra de
ataúd, que el libro colgante de Dieste proyectaba sobre el patio.

ROBERTO BOLAÑO    2666     pag.266

—¿Quedan lejos los montes Kunlun de aquí?
¿Por qué le preguntaste acerca de los montes Kunlun? Son las montañas de los antepasados
donde vive la Reina Madre de Occidente. Ésta está representada en los ladrillos pintados
encontrados en las tumbas de los Han bajo la forma de un personaje de cabeza de tigre, con cuerpo
humano y cola de leopardo. Y los pesados ladrillos de los Han son perfectamente reales.
—¡Ah!, si avanzas todo recto, llegarás a los montes Kunlun.
Dijo esto como si señalara los retretes o una sala de cine. Te armaste de valor para seguir
preguntando:
—Pero todo recto, ¿no está muy lejos de aquí?
—Todo recto...
Esperando que prosiguiera, echaste una mirada a sus cuencas rehundidas. Su boca desdentada se
abrió por dos veces, luego se volvió a cerrar. Imposible saber si había dicho algo, o si únicamente se
disponía a hablar.
Hubieras querido emprender la huida pasando por su lado, pero temiendo que se enfureciera
optaste por mirarle fijamente y adoptar un aire de perfecta humildad, como si escucharas sus
enseñanzas. Pero no te enseñó nada. Sin duda no tenía nada que enseñarte. Sentiste que los
músculos de tu rostro estaban demasiado tensos en esa inmovilidad, relajaste las comisuras de los
labios y adoptaste un aire más jovial. Pero no notaste ninguna reacción por su parte. Entonces,
moviste un pie para desplazar tu centro de gravedad y avanzaste insensiblemente. Te acercaste a sus
cuencas rehundidas, sus pupilas permanecían fijas, como si fueran falsas, tal vez no era más que una
momia.
Los cadáveres perfectamente conservados de las tumbas Chu de Jiangling o de Mawangdui
estaban sin duda en la misma posición que él.

XINGJIAN,GAO     LA MONTAÑA DEL ALMA           pag.266

Se queda quieto entre las niñas arrodilladas, esperando a los chulos.
Y, cuando por fin ellos vienen, él saca y se lleva a los labios su inquieta trompeta:
Azraeel, el exterminador.
Cuando el chorro de fuego ha salido de la boca de su trompeta dorada y consumido a los
hombres que se acercaban, envolviéndolos en un capullo de fuego, sin dejar ni los zapatos
chisporroteando en la acera, Gibreel comprende.
Echa a andar, dejando atrás la gratitud de las prostitutas, en dirección al barrio de
Brickhall, con Azraeel otra vez en su amplio bolsillo. Las cosas empiezan a verse claras.
Él es el arcángel Gibreel, el ángel de la Recitación, que posee el poder de la revelación.
Él puede llegar al corazón de los hombres y las mujeres, extraer sus más íntimos deseos y
hacerlos realidad. Él es el que otorga deseos, el que sofoca concupiscencias, el que realiza
sueños. Él es el genio de la lámpara y su amo es el Roc.
¿Qué deseos, qué imperativos hay en el aire de la noche? Él los aspira. Y asiente, sí, sea.
Que haya fuego. Ésta es una ciudad que se ha purificado en las llamas, que ha expiado sus
culpas ardiendo hasta los cimientos.

SALMAN RUSHDIE    LOS VERSOS SATANICOS       pag.266

Un batallón de la 4 de Navarra es sorprendido en un intento de ataque hacia el
sector de Corbera, en dirección a la Venta de Camposines. El fuego combinado de
varias unidades republicanas le provoca casi el exterminio de sus combatientes.
Franco ha sido espectador de la matanza, y toma nota de la experiencia para su
texto ABC de la batalla defensiva: lo sucedido es un «ejemplo típico de la fortaleza de
las posiciones ocultas a los observatorios». Los asaltantes son «una de nuestras más
brillantes unidades», que tenía por misión romper el frente profundamente fortificado
que el enemigo ofrece. «Un detenido reconocimiento fotográfico aéreo había permitido
señalar todas las obras que el enemigo tenía; desde nuestros observatorios vimos la
eficacia de nuestros fuegos de artillería y de mortero, sacar de las posiciones al enemigo
y replegarse sobre la contrapendiente; la aviación propia aumentó los efectos
destructores y los morales; llegó el momento de lanzar el ataque; brillantemente, las
fuerzas se dirigieron a cruzar la gran barrancada que de las posiciones enemigas les
separaba; mas cuando llegaron a media ladera, el fuego certero de unas ametralladoras
disimuladas entre las piedras del barranco, enfilando los pasos de la vereda que a él
conducía, crearon el episodio suficiente para detener nuestra acción sin que nuestras
baterías y nuestros órganos de fuego pudieran localizarlas y destruirlas, por cuanto se
encontraban flanqueándose mutuamente en el fondo de la barrancada, en la zona
desenfilada de las vistas de nuestros observatorios. Este suceso hizo perder los efectos
de aquella intensísima preparación y fracasar la operación ese día.»2

MARTINEZ REVERTE    LA BATALLA DEL EBRO     pag.266

“Sería absurdo suponer que el asesinato (si se trata de un asesinato) pudo ser consumado lo bastante pronto para permitir a los perpetradores arrojar el cuerpo al río antes de media noche; es absurdo, decimos, suponer tal cosa, y a la vez (como estamos resueltos a suponer) que el cuerpo no fue tirado al río hasta después de medianoche...” Frase bastante inconsistente en sí, pero no tan ridícula como la impresa.

EDGAR ALLAN POE     CUENTOS        pag.266

—El tercer día del enfrentamiento entre los ejércitos de Irán y Turan, dispuestos los unos
frente a los otros perfectamente armados y equipados en las faldas del monte Hamaran, los
turaníes enviaron al campo de batalla al hábil Sengil para que averiguara quién era el misterioso
guerrero iraní que en cada uno de los días precedentes había matado a un gran guerrero de Turan
—así comencé el relato—. Cuando Sengil desafió al misterioso guerrero, el otro aceptó: los
ejércitos de ambos bandos los contemplaban conteniendo el aliento con sus armaduras brillando al
sol de mediodía cuando los caballos armados de los dos héroes se lanzaron el uno contra el otro a
tal velocidad que las chispas que brotaron de las armaduras quemaron la piel de los animales. La
lucha duró largo rato. El turaní lanzaba flechas y el iraní manejaba con habilidad su espada y su

montura y por fin el misterioso iraní sujetó por la cola el caballo de Sengil el turaní y lo derribó; lo
alcanzó mientras trataba de huir, lo agarró por detrás de la armadura y le apresó el cuello. Mientras
aceptaba su derrota, el turaní, curioso por saber la identidad del misterioso guerrero, le preguntó
desesperado lo que todos querían saber desde hacía días: «¿Quién eres?». «Para ti, me llamo
Muerte», le contestó el misterioso guerrero. ¿Quién era?
—El legendario Rüstem —contestó Mariposa alegre como un niño.
Le besé en el cuello

ORHAN PAMUK     ME LLAMO ROJO         pag.266

lunes, marzo 15, 2010

EL FUEGO

images

Las azoteas de Al-Manzenl  se habían llenado de mujeres y niños que contemplaban el incendio en silencio. La gente levantaba el dedo índice, señalando la casa en llamas y luego invocaba a Allah. Nadie hizo un gesto para extinguir el fuego; era jueves, día de zoco, y los animales se movían inquietos en el partido.

No sé por qué me extraña el hecho de que nadie acudiese para detener el fuego, si yo mismo me quedé abajo, en la ciudad, viendo cómo las llamas lo devoraban todo.

RAFAEL CHIRBES      MIMOUN             pag.131

El capitán pelirrojo y lampiño no había desmontado. ¿Por qué no se bajaba del
caballo? La intriga atormentaba a Ubaydallah. Sus cincuenta años de trabajo como
administrador de tierras y de seres humanos le habían proporcionado una experiencia
y unos conocimientos extraordinarios, que no hubiera podido encontrar en los
libros. Se había convertido en un agudo observador de la naturaleza humana, y
gracias a eso había notado que el capitán era un ser condenado por su creador.
Su estatura, un asunto de considerable importancia para un soldado, no concordaba
en absoluto con su carácter violento. Era grueso. bajo, y contaría apenas unos dieciséis
años de edad. Ubaydallah estaba convencido de que ni siquiera la destreza
militar del oficial podía compensarle por esos hechos.
Tras reparar en estos detalles. Ubaydallah cayó de rodillas ante el comandante
de los cristianos, asqueando con su servilismo a los aldeanos que lo acompañaban.
-yerga de cerdo -murmuró entre dientes uno de ellos.
Pero a Ubaydallah no le preocupaba la reacción de sus compañeros. Se contentaba
con haber hecho que el capitán se sintiera alto. Aquel día, todo lo demás
carecía de importancia. Los numerosos años al servicio de los señores del Banu
Hudayl habían preparado al administrador para el objetivo que se proponía conseguir.
-¿Qué es lo que desea? -le preguntó el capitán con voz nasal.
-Mi señor, hemos venido a informarle que toda la aldea está dispuesta a convertirse
esta misma tarde. Sólo necesitamos que Su Excelencia nos envíe un sacerdote
y que nos honre con su presencia.
Al principio, la petición fue recibida en silencio. El capitán no reaccionó. Contempló
a la criatura arrodillada ante él con sus ojos de párpados caídos. Aunque
acababa de cumplir dieciséis años, ya era un veterano de la Reconquista. Lo habían
alabado por su valor en tres batallas libradas en las al-Pujarras y su temeraria ferocidad
había atraído la atención de sus superiores.
-¿Por qué? -le preguntó con brusquedad a Ubaydallah.
-No le entiendo, Excelencia.
-¿Por qué han decidido unirse a la Santa Iglesia Romana?
-Porque es el único camino verdadero hacia la salvación -respondió Ubaydallah,
que nunca se había destacado por su capacidad para distinguir entre lo verdadero
y lo falso.
-Querrá decir que es la única forma de salvar sus pellejos.

ALI TARIQ   A LA SOMBRA DE UN GRANADO        pag.  131

La ceiba blanca da sueños de niño y hay que nutrirla con leche de mujer. ¿Dónde está el seno de mujer blan­co? En la montaña quemada, bajo las nubes. Hay que alimentar la ceiba del día hasta que no caiga más el ramaje del sol y existan ideas felices como niños, sobre tu frente. Paseo por tu frente mi soplo de augur, sobre tus párpados, los párpados no se hunden en el sueño, flotan, son de piedra pómez en el agua del río.

—La ceiba roja da el sueño de la guerra amorosa. Hay que alimentarla con sangre. Hay que encender el fuego de la batalla placentera, de la lucha en que desaparecen los que salen multiplicados. Por el tributo que se le paga, árbol de carne en flor, es rubí líquido el vino virginal, foco de calamidades el ombligo, el perro del vientre guar­da su ladrido y pulpa de coral da rosa a los pezones, al abanico de las orejas, a la punta de los dedos y al sexo alado, mariposa presa en el musgo de la ceiba roja

MIGUEL ANGEL ASTURIAS    EL PAPA VERDE       pag.131

-¿Dónde vas con mantón de Manila...?,

empezó a picotear el perico y El Anciano le dio un zopapo que casi tira al pobre pájaro al piso.

-Ballena y elefante, pues. El hecho es que al cabo el pobre hombre trata a sus cómplices como tra­tó a sus enemigos. Gasta la pólvora en infiernitos. Los colaboradores no valen el esfuerzo de aplastarlos. Mucha energía para nada.

Soltó un suspiro que el loro no se atrevió a co­mentar.

-Mejor solo y respetado, aunque crean que me morí hace rato.

Pausa preñada, como dicen los anglosajones.

-Míreme aquí tomando café y jugando domi­nó. Yo evité la triste suerte de casi todos los ex. Me escapé del círculo mortal. ¿Y sabe por qué, Valdivia? Yo no llegué a la Presidencia creyendo que me metía a la cama con mi propia estatua.

CARLOS FUENTES    LA SILLA DEL AGUILA       pag.131.

Sólo, como le vería hacer después en momentos de reflexión, con la otra mano extrajo de un bolsillo del chaleco una cajita de oro y plata, quizá una tabaquera o una cajita para píldoras, con un gata de adorno en la tapa. En la mesa del bar ardía una lamparilla de cera y Aglie, como por azar, acercó la cajita a la llama. Pude ver cómo, al calor, el gata desaparecía para dejar paso a una miniatura, finísima, de color verde azulado y oro, que representaba una pastorcilla con una canastilla de flores. La hizo girar entre los dedos con distraída devoción, como si desgranara un rosario. Percibió mi interés, sonrió y guardó el objeto

UMBERTO ECO   EL PENDULO DE FOUCAULT   pag,131.

Enfriamiento... Ruptura... Pelea entre titanes... Las palabras empezaron de nuevo a flotar a su antojo por su cerebro. Sabía que en París, como en Londres, Nueva York, Berlín, Tokio Tel–Aviv, cientos de personas esperaban horas y horas junto a los teletipos ansiando precisamente esas palabras... ruptura... enfriamiento..., y otros tantos cientos las esperaban en los despachos de los jefes de redacción, las emisoras de radio y televisión... Enfriamiento..., enfriamiento. Parecía que el mundo estuviera al rojo vivo, como un aparato a punto de quemarse, cuya única salvación estribara en un enfriamiento urgente. Pensó que jamás se había invocado de aquel modo a los glaciares al Polo Norte, al grado cero de temperatura

ISMAEL KADARE   EL GRAN INVIERNO    pag.131

No tuvo tiempo de terminar, porque se produjo un estallido, un ruido aterrador, poderoso, y alguien dio un grito. El tabernero salió fuera a ver qué pasaba. Un monstruo, brillando en las tinieblas como una montaña mojada, se estaba tragando algo enorme, con la cabeza inclinada hacia atrás, dejando al descubierto su cuello blanquecino que al moverse conformaba como una cadena de colinas; se tragaba aquello y chupaba los huesos, sin dejar de balancearse con todo su cuerpo, hasta que finalmente se acomodó tumbado en medio de la calle.

—Creo que se ha quedado dormido —acabó el tabernero, sujetándose su verruga crispada con el dedo.

El propietario de la fábrica se levantó. Los robustos empastes de sus muelas destelleaban con el fuego dorado de su inspiración. La llegada de un dragón de carne y hueso no le sugería otro sentimiento distinto del deseo apasionado que guiaba su existencia entera, el deseo de infligir una derrota a la compañía rival.

—¡Eureka! —exclamó—. Escucha, buen hombre, ¿hay algún otro testigo?

—No creo —replicó el otro—. Estaba todo el mundo en la cama, y decidí no despertar a nadie y venir directamente a verle. Para evitar el pánico

VLADIMIR NABOKOV     CUENTOS COMPLETOS      pag.131

Sibila, la mayor, deslumbraba con su belleza y con su gracia. Así como Chátillon traía a la
mente la imagen de Aymé, ella convocaba la de Seramunda, pero, como en el caso
anterior, nos ofrecía una versión intensificada de los rasgos de la castellana de Castel-
Roussillon. La sentí inmediatamente fría, muy fría, a los dieciocho años, aunque la

elegancia de su porte y de sus maneras, el perfecto diseño de su óvalo y la intensidad de
sus ojos negros, triunfaban sobre la impresión de cálculo y acechanza que fluía de su
armonioso conjunto. Aquella frialdad era capaz de encenderse y de transmutarse no en
una hoguera sino en una lenta brasa crepitante. Alta y flexible, su figura obligaba a
guardar distancia. Su parecido físico con el rey debía ser notable, como corroboraba la
similitud de sus ojos y ayudaba a completar, para quienes no podíamos verlo, el rostro
velado de Baudoin, quien usufructuaría unos labios igualmente finos, una nariz
igualmente imperiosa, unos pómulos igualmente modelados, tersos los de Sibila, los del
rey ulcerados y roídos, como un viejo mármol, por llagas que no me atrevía a imaginar.
Desde niña, las políticas confabulaciones habían urdido su trama en torno, ya que el mal
que devoraba al monarca y que le impediría dar un sucesor al trono, la designaba como
próxima reina de Jerusalén y que su cónyuge ostentaría con ella la diadema de Saúl y de
David

MUJICA LAINEZ     EL UNICORNIO     pag.131

Detrás del muro en ruinas, están sentados a la mesa mi padre, mi madre y mi abuela materna,
todos ellos muertos. Me esperan para comer. Pienso que ya he vagabundeado bastante de un lado
para otro, y hace ya demasiado tiempo que no me siento en familia. Tengo ganas de sentarme a la
misma mesa que ellos para charlar de todo y de nada, como cuando estaba en casa de mi hermano
pequeño, cuando el doctor me diagnosticó un cáncer y hablábamos de cosas de las que no es posible
hablar más que en familia. En aquel tiempo, a la hora de la comida, mi sobrinita siempre quería ver
la televisión, pero era imposible que comprendiera que todos los programas estaban centrados
exclusivamente en la campaña contra la contaminación espiritual, explicada para todo el mundo por
las figuras del mundo cultural que tomaban postura unas tras otra recurriendo a la palabrería de los
documentos oficiales. No eran programas para niños y tampoco eran en absoluto apropiados para la
hora de las comidas. Yo estaba harto de las noticias difundidas por la radio, la prensa escrita y la
televisión, y no aspiraba más que a volver a mi propia vida, a hablar del pasado de mi familia que
había sido ya olvidado, por ejemplo, de ese bisabuelo loco que no tenía más que un deseo:
convertirse en mandarín y que había hecho donación a este fin de todo su patrimonio, una calle
entera, aunque en vano, ya que no logró ni tan siquiera obtener un mediocre puesto de funcionario y
que enloqueció al comprender que había sido burlado. Entonces prendió fuego a su última morada,
aquella en la que vivía, y murió a la edad de apenas treinta años, más joven de lo que yo soy ahora.
Los treinta, etapa de la que dijo el Confucio que la personalidad apenas está formada, sigue siendo
cuando menos una edad frágil en la que resulta fácil caer en la esquizofrenia. Mi hermano pequeño
y yo no habíamos visto jamás ninguna foto de este bisabuelo, acaso porque en sus tiempos la
fotografía no había sido introducida aún en China, o bien porque estaba reservada a la familia
imperial

XINGJIAN GAO   LA MONTAÑA DEL ALMA      pag.131.

 

 

sábado, marzo 06, 2010

¿MIENTEN LOS SUEÑOS?

images Silos dejar solos en la sala de interrogatorios, a algunos tipos se les pone aspecto de estar al borde del vomito.

Y siguen así durante horas. Sudan tanto que parece que acaban de salir de una piscina. Comen, tragando aire. Entras y les pones una luz en la cara. Tiene los ojos saltones , las órbitas grandes y rojas. Estos son los inocentes

Los culpables se echan a dormir. Sobre todo los veteranos. Saben que se trata de un tiempo muerto que forma parte del juego. Pegan  la silla contra la pared y se acomodan en ella en el rincón, con profusión de gruñidos y chasquidos de autocomplacencia. Y se duermen.

MARTIN AMIS     TREN NOCTURNO        pag.59

Los primeros meses fueron los más duros sin
lugar a dudas.
Liesel tenía pesadillas todas las noches.
El rostro de su hermano.
La mirada clavada en el suelo.
Se despertaba dando vueltas en la cama,
chillando y ahogándose entre la marea de
sábanas. En la otra punta de la habitación, la
cama destinada a su hermano flotaba en la

oscuridad como una barca. Poco a poco, a
medida que recuperaba la conciencia, lo veía


hundirse en el suelo. Esa visión no la ayudaba a
calmarla precisamente y, por lo general, pasaba
bastante tiempo antes de que dejara de gritar.
Tal vez lo único bueno de las pesadillas era
que Hans Hubermann, su nuevo papá, aparecía
en la habitación para tranquilizarla, para darle
amor.

ZUSAK MARKUS     LA LADRONA DE LIBROS        pag.59

Abuelo, ¿tuviste miedo cuando te encontraste con el
tigre?
No me dan miedo los tigres sino los hombres malos.
Abuelo, ¿te has encontrado con hombres malos?
Hay más hombres malos que tigres pero no puedes
cazarlos con la escopeta.
Pero son malos.
Antes de tiempo no puedes saber si son buenos o malos.
¿Y si lo supieras podrías matarlos con la escopeta?
Matar a un hombre va contra la ley.
¿Y los hombres malos no van contra la ley?
La ley no puede ocuparse de los hombres malos porque
la maldad está en el corazón.
Pero han hecho cosas malas.
No es tan fácil saberlo.

GAO XINGJIAN     UNA CAÑA DE PESCA PARA EL ABUELO        pag59

Aqui comprendía que había permitido que lo usaran y engañaran. Esa comprensión no le inspiraba compasión por ningún integrante de la raza humana. ¿Y de que servía el arma-cerebro de los humanos cuando los humanos yacían inconscientes en el suelo de piedra, la boca maloliente abierta, mientras la filosa garra de un ehminheer les rozaba los labios tiernos?

SIDNEY VAN SCYOC   EL GRITO DE LAS NUBES     pag.59

Fue entonces cuando Galip se dio cuenta de que Aladino le
había envuelto las revistas políticas en un antiguo Milliyet y de que
Celâl le miraba desde la fotografía de su columna en el doblado
periódico. Lo sorprendente era que Celâl lo observara ese día con
una mirada completamente distinta desde aquella fotografía que
llevaba años viendo cada mañana, con una mirada que parecía decir:
«¡Te conozco y te estoy vigilando!». Galip le puso un dedo encima a
aquel «ojo» que leía su alma pero fue como si sintiera su presencia
bajo su dedo durante todo el rato que duró el largo trayecto en
autobús.
ORHAN  PAMUK    EL LIBRO NEGRO     pag.59

Lilata rutilantium.
Turma circumdet
Iubilantium te virginum.
El nimbo gris del sacerdote en el nicho en
que se viste discretamente. No quiero dormir
aquí esta noche. A casa tampoco puedo ir.
Una voz dulzona y prolongada lo llamó
desde el mar. Al doblar la curva agitó su mano.
Volvió a llamar. Una bruñida y morena cabeza,
la de una foca, allá lejos en el agua, redonda.
Usurpador.

JAMES JOYCE     ULISES      pag.59

 

 

domingo, febrero 28, 2010