Mi lista de blogs
viernes, marzo 26, 2010
jueves, marzo 25, 2010
¿VUELVEN A UTILIZAR LOS ATAUDES?
La esquina de Dunphy. Coches fúnebres
estacionados ahogando su aflicción. Una pausa
al costado del camino. Excelente lugar para un
bodegón. Espera que haremos un alto aquí en el
—Ala cabeza del pelotón en la vuelta de
Dunphy —exclamó el señor Dedalus, asintiendo
con la cabeza—. Copa Gordon Bennett.
—¡Dios sea loado! —dijo Martín
Cunningham piadosamente.
¡Patapum! Patas arriba. Ataúd que
rebota en el camino. Estalla y se abre. Dignam
arrojado y rodando tieso por el polvo, metido en
un hábito pardo demasiado grande para él.
Cara
roja: ahora gris. La boca se abre. Preguntando
qué es lo que pasa. Es lógico cerrarla. Abierta.
queda horrible. Después las entrañas se
descomponen rápidamente. Será mejor obturar
todos los orificios. Sí, también. Con cera.
Esfínter relajado. Sellarlo todo.
JAMES JOYCE ULISES pag.266
Luego se tomó un
vaso de agua de la llave, agua de las montañas de Sonora, y
mientras esperaba que el agua bajara por su garganta dejó de
temblar, un temblor imperceptible que sólo él era capaz de sentir,
y se puso a pensar en los acuíferos de la Sierra Madre que corrían
en medio de una noche interminable hacia la ciudad, y
también pensó en los acuíferos que subían desde sus escondites
más cercanos a Santa Teresa, y en el agua que teñía los dientes
con una suave película ocre. Y cuando se hubo tomado el vaso
de agua miró por la ventana y vio la sombra alargada, sombra de
ataúd, que el libro colgante de Dieste proyectaba sobre el patio.
ROBERTO BOLAÑO 2666 pag.266
—¿Quedan lejos los montes Kunlun de aquí?
¿Por qué le preguntaste acerca de los montes Kunlun? Son las montañas de los antepasados
donde vive la Reina Madre de Occidente. Ésta está representada en los ladrillos pintados
encontrados en las tumbas de los Han bajo la forma de un personaje de cabeza de tigre, con cuerpo
humano y cola de leopardo. Y los pesados ladrillos de los Han son perfectamente reales.
—¡Ah!, si avanzas todo recto, llegarás a los montes Kunlun.
Dijo esto como si señalara los retretes o una sala de cine. Te armaste de valor para seguir
preguntando:
—Pero todo recto, ¿no está muy lejos de aquí?
—Todo recto...
Esperando que prosiguiera, echaste una mirada a sus cuencas rehundidas. Su boca desdentada se
abrió por dos veces, luego se volvió a cerrar. Imposible saber si había dicho algo, o si únicamente se
disponía a hablar.
Hubieras querido emprender la huida pasando por su lado, pero temiendo que se enfureciera
optaste por mirarle fijamente y adoptar un aire de perfecta humildad, como si escucharas sus
enseñanzas. Pero no te enseñó nada. Sin duda no tenía nada que enseñarte. Sentiste que los
músculos de tu rostro estaban demasiado tensos en esa inmovilidad, relajaste las comisuras de los
labios y adoptaste un aire más jovial. Pero no notaste ninguna reacción por su parte. Entonces,
moviste un pie para desplazar tu centro de gravedad y avanzaste insensiblemente. Te acercaste a sus
cuencas rehundidas, sus pupilas permanecían fijas, como si fueran falsas, tal vez no era más que una
momia.
Los cadáveres perfectamente conservados de las tumbas Chu de Jiangling o de Mawangdui
estaban sin duda en la misma posición que él.
XINGJIAN,GAO LA MONTAÑA DEL ALMA pag.266
Se queda quieto entre las niñas arrodilladas, esperando a los chulos.
Y, cuando por fin ellos vienen, él saca y se lleva a los labios su inquieta trompeta:
Azraeel, el exterminador.
Cuando el chorro de fuego ha salido de la boca de su trompeta dorada y consumido a los
hombres que se acercaban, envolviéndolos en un capullo de fuego, sin dejar ni los zapatos
chisporroteando en la acera, Gibreel comprende.
Echa a andar, dejando atrás la gratitud de las prostitutas, en dirección al barrio de
Brickhall, con Azraeel otra vez en su amplio bolsillo. Las cosas empiezan a verse claras.
Él es el arcángel Gibreel, el ángel de la Recitación, que posee el poder de la revelación.
Él puede llegar al corazón de los hombres y las mujeres, extraer sus más íntimos deseos y
hacerlos realidad. Él es el que otorga deseos, el que sofoca concupiscencias, el que realiza
sueños. Él es el genio de la lámpara y su amo es el Roc.
¿Qué deseos, qué imperativos hay en el aire de la noche? Él los aspira. Y asiente, sí, sea.
Que haya fuego. Ésta es una ciudad que se ha purificado en las llamas, que ha expiado sus
culpas ardiendo hasta los cimientos.
SALMAN RUSHDIE LOS VERSOS SATANICOS pag.266
Un batallón de la 4 de Navarra es sorprendido en un intento de ataque hacia el
sector de Corbera, en dirección a la Venta de Camposines. El fuego combinado de
varias unidades republicanas le provoca casi el exterminio de sus combatientes.
Franco ha sido espectador de la matanza, y toma nota de la experiencia para su
texto ABC de la batalla defensiva: lo sucedido es un «ejemplo típico de la fortaleza de
las posiciones ocultas a los observatorios». Los asaltantes son «una de nuestras más
brillantes unidades», que tenía por misión romper el frente profundamente fortificado
que el enemigo ofrece. «Un detenido reconocimiento fotográfico aéreo había permitido
señalar todas las obras que el enemigo tenía; desde nuestros observatorios vimos la
eficacia de nuestros fuegos de artillería y de mortero, sacar de las posiciones al enemigo
y replegarse sobre la contrapendiente; la aviación propia aumentó los efectos
destructores y los morales; llegó el momento de lanzar el ataque; brillantemente, las
fuerzas se dirigieron a cruzar la gran barrancada que de las posiciones enemigas les
separaba; mas cuando llegaron a media ladera, el fuego certero de unas ametralladoras
disimuladas entre las piedras del barranco, enfilando los pasos de la vereda que a él
conducía, crearon el episodio suficiente para detener nuestra acción sin que nuestras
baterías y nuestros órganos de fuego pudieran localizarlas y destruirlas, por cuanto se
encontraban flanqueándose mutuamente en el fondo de la barrancada, en la zona
desenfilada de las vistas de nuestros observatorios. Este suceso hizo perder los efectos
de aquella intensísima preparación y fracasar la operación ese día.»2
MARTINEZ REVERTE LA BATALLA DEL EBRO pag.266
“Sería absurdo suponer que el asesinato (si se trata de un asesinato) pudo ser consumado lo bastante pronto para permitir a los perpetradores arrojar el cuerpo al río antes de media noche; es absurdo, decimos, suponer tal cosa, y a la vez (como estamos resueltos a suponer) que el cuerpo no fue tirado al río hasta después de medianoche...” Frase bastante inconsistente en sí, pero no tan ridícula como la impresa.
EDGAR ALLAN POE CUENTOS pag.266
—El tercer día del enfrentamiento entre los ejércitos de Irán y Turan, dispuestos los unos
frente a los otros perfectamente armados y equipados en las faldas del monte Hamaran, los
turaníes enviaron al campo de batalla al hábil Sengil para que averiguara quién era el misterioso
guerrero iraní que en cada uno de los días precedentes había matado a un gran guerrero de Turan
—así comencé el relato—. Cuando Sengil desafió al misterioso guerrero, el otro aceptó: los
ejércitos de ambos bandos los contemplaban conteniendo el aliento con sus armaduras brillando al
sol de mediodía cuando los caballos armados de los dos héroes se lanzaron el uno contra el otro a
tal velocidad que las chispas que brotaron de las armaduras quemaron la piel de los animales. La
lucha duró largo rato. El turaní lanzaba flechas y el iraní manejaba con habilidad su espada y su
montura y por fin el misterioso iraní sujetó por la cola el caballo de Sengil el turaní y lo derribó; lo
alcanzó mientras trataba de huir, lo agarró por detrás de la armadura y le apresó el cuello. Mientras
aceptaba su derrota, el turaní, curioso por saber la identidad del misterioso guerrero, le preguntó
desesperado lo que todos querían saber desde hacía días: «¿Quién eres?». «Para ti, me llamo
Muerte», le contestó el misterioso guerrero. ¿Quién era?
—El legendario Rüstem —contestó Mariposa alegre como un niño.
Le besé en el cuello
ORHAN PAMUK ME LLAMO ROJO pag.266
lunes, marzo 15, 2010
EL FUEGO
Las azoteas de Al-Manzenl se habían llenado de mujeres y niños que contemplaban el incendio en silencio. La gente levantaba el dedo índice, señalando la casa en llamas y luego invocaba a Allah. Nadie hizo un gesto para extinguir el fuego; era jueves, día de zoco, y los animales se movían inquietos en el partido.
No sé por qué me extraña el hecho de que nadie acudiese para detener el fuego, si yo mismo me quedé abajo, en la ciudad, viendo cómo las llamas lo devoraban todo.
RAFAEL CHIRBES MIMOUN pag.131
El capitán pelirrojo y lampiño no había desmontado. ¿Por qué no se bajaba del
caballo? La intriga atormentaba a Ubaydallah. Sus cincuenta años de trabajo como
administrador de tierras y de seres humanos le habían proporcionado una experiencia
y unos conocimientos extraordinarios, que no hubiera podido encontrar en los
libros. Se había convertido en un agudo observador de la naturaleza humana, y
gracias a eso había notado que el capitán era un ser condenado por su creador.
Su estatura, un asunto de considerable importancia para un soldado, no concordaba
en absoluto con su carácter violento. Era grueso. bajo, y contaría apenas unos dieciséis
años de edad. Ubaydallah estaba convencido de que ni siquiera la destreza
militar del oficial podía compensarle por esos hechos.
Tras reparar en estos detalles. Ubaydallah cayó de rodillas ante el comandante
de los cristianos, asqueando con su servilismo a los aldeanos que lo acompañaban.
-yerga de cerdo -murmuró entre dientes uno de ellos.
Pero a Ubaydallah no le preocupaba la reacción de sus compañeros. Se contentaba
con haber hecho que el capitán se sintiera alto. Aquel día, todo lo demás
carecía de importancia. Los numerosos años al servicio de los señores del Banu
Hudayl habían preparado al administrador para el objetivo que se proponía conseguir.
-¿Qué es lo que desea? -le preguntó el capitán con voz nasal.
-Mi señor, hemos venido a informarle que toda la aldea está dispuesta a convertirse
esta misma tarde. Sólo necesitamos que Su Excelencia nos envíe un sacerdote
y que nos honre con su presencia.
Al principio, la petición fue recibida en silencio. El capitán no reaccionó. Contempló
a la criatura arrodillada ante él con sus ojos de párpados caídos. Aunque
acababa de cumplir dieciséis años, ya era un veterano de la Reconquista. Lo habían
alabado por su valor en tres batallas libradas en las al-Pujarras y su temeraria ferocidad
había atraído la atención de sus superiores.
-¿Por qué? -le preguntó con brusquedad a Ubaydallah.
-No le entiendo, Excelencia.
-¿Por qué han decidido unirse a la Santa Iglesia Romana?
-Porque es el único camino verdadero hacia la salvación -respondió Ubaydallah,
que nunca se había destacado por su capacidad para distinguir entre lo verdadero
y lo falso.
-Querrá decir que es la única forma de salvar sus pellejos.
ALI TARIQ A LA SOMBRA DE UN GRANADO pag. 131
La ceiba blanca da sueños de niño y hay que nutrirla con leche de mujer. ¿Dónde está el seno de mujer blanco? En la montaña quemada, bajo las nubes. Hay que alimentar la ceiba del día hasta que no caiga más el ramaje del sol y existan ideas felices como niños, sobre tu frente. Paseo por tu frente mi soplo de augur, sobre tus párpados, los párpados no se hunden en el sueño, flotan, son de piedra pómez en el agua del río.
—La ceiba roja da el sueño de la guerra amorosa. Hay que alimentarla con sangre. Hay que encender el fuego de la batalla placentera, de la lucha en que desaparecen los que salen multiplicados. Por el tributo que se le paga, árbol de carne en flor, es rubí líquido el vino virginal, foco de calamidades el ombligo, el perro del vientre guarda su ladrido y pulpa de coral da rosa a los pezones, al abanico de las orejas, a la punta de los dedos y al sexo alado, mariposa presa en el musgo de la ceiba roja
MIGUEL ANGEL ASTURIAS EL PAPA VERDE pag.131
-¿Dónde vas con mantón de Manila...?,
empezó a picotear el perico y El Anciano le dio un zopapo que casi tira al pobre pájaro al piso.
-Ballena y elefante, pues. El hecho es que al cabo el pobre hombre trata a sus cómplices como trató a sus enemigos. Gasta la pólvora en infiernitos. Los colaboradores no valen el esfuerzo de aplastarlos. Mucha energía para nada.
Soltó un suspiro que el loro no se atrevió a comentar.
-Mejor solo y respetado, aunque crean que me morí hace rato.
Pausa preñada, como dicen los anglosajones.
-Míreme aquí tomando café y jugando dominó. Yo evité la triste suerte de casi todos los ex. Me escapé del círculo mortal. ¿Y sabe por qué, Valdivia? Yo no llegué a la Presidencia creyendo que me metía a la cama con mi propia estatua.
CARLOS FUENTES LA SILLA DEL AGUILA pag.131.
Sólo, como le vería hacer después en momentos de reflexión, con la otra mano extrajo de un bolsillo del chaleco una cajita de oro y plata, quizá una tabaquera o una cajita para píldoras, con un gata de adorno en la tapa. En la mesa del bar ardía una lamparilla de cera y Aglie, como por azar, acercó la cajita a la llama. Pude ver cómo, al calor, el gata desaparecía para dejar paso a una miniatura, finísima, de color verde azulado y oro, que representaba una pastorcilla con una canastilla de flores. La hizo girar entre los dedos con distraída devoción, como si desgranara un rosario. Percibió mi interés, sonrió y guardó el objeto
UMBERTO ECO EL PENDULO DE FOUCAULT pag,131.
Enfriamiento... Ruptura... Pelea entre titanes... Las palabras empezaron de nuevo a flotar a su antojo por su cerebro. Sabía que en París, como en Londres, Nueva York, Berlín, Tokio Tel–Aviv, cientos de personas esperaban horas y horas junto a los teletipos ansiando precisamente esas palabras... ruptura... enfriamiento..., y otros tantos cientos las esperaban en los despachos de los jefes de redacción, las emisoras de radio y televisión... Enfriamiento..., enfriamiento. Parecía que el mundo estuviera al rojo vivo, como un aparato a punto de quemarse, cuya única salvación estribara en un enfriamiento urgente. Pensó que jamás se había invocado de aquel modo a los glaciares al Polo Norte, al grado cero de temperatura
ISMAEL KADARE EL GRAN INVIERNO pag.131
No tuvo tiempo de terminar, porque se produjo un estallido, un ruido aterrador, poderoso, y alguien dio un grito. El tabernero salió fuera a ver qué pasaba. Un monstruo, brillando en las tinieblas como una montaña mojada, se estaba tragando algo enorme, con la cabeza inclinada hacia atrás, dejando al descubierto su cuello blanquecino que al moverse conformaba como una cadena de colinas; se tragaba aquello y chupaba los huesos, sin dejar de balancearse con todo su cuerpo, hasta que finalmente se acomodó tumbado en medio de la calle.
—Creo que se ha quedado dormido —acabó el tabernero, sujetándose su verruga crispada con el dedo.
El propietario de la fábrica se levantó. Los robustos empastes de sus muelas destelleaban con el fuego dorado de su inspiración. La llegada de un dragón de carne y hueso no le sugería otro sentimiento distinto del deseo apasionado que guiaba su existencia entera, el deseo de infligir una derrota a la compañía rival.
—¡Eureka! —exclamó—. Escucha, buen hombre, ¿hay algún otro testigo?
—No creo —replicó el otro—. Estaba todo el mundo en la cama, y decidí no despertar a nadie y venir directamente a verle. Para evitar el pánico
VLADIMIR NABOKOV CUENTOS COMPLETOS pag.131
Sibila, la mayor, deslumbraba con su belleza y con su gracia. Así como Chátillon traía a la
mente la imagen de Aymé, ella convocaba la de Seramunda, pero, como en el caso
anterior, nos ofrecía una versión intensificada de los rasgos de la castellana de Castel-
Roussillon. La sentí inmediatamente fría, muy fría, a los dieciocho años, aunque la
elegancia de su porte y de sus maneras, el perfecto diseño de su óvalo y la intensidad de
sus ojos negros, triunfaban sobre la impresión de cálculo y acechanza que fluía de su
armonioso conjunto. Aquella frialdad era capaz de encenderse y de transmutarse no en
una hoguera sino en una lenta brasa crepitante. Alta y flexible, su figura obligaba a
guardar distancia. Su parecido físico con el rey debía ser notable, como corroboraba la
similitud de sus ojos y ayudaba a completar, para quienes no podíamos verlo, el rostro
velado de Baudoin, quien usufructuaría unos labios igualmente finos, una nariz
igualmente imperiosa, unos pómulos igualmente modelados, tersos los de Sibila, los del
rey ulcerados y roídos, como un viejo mármol, por llagas que no me atrevía a imaginar.
Desde niña, las políticas confabulaciones habían urdido su trama en torno, ya que el mal
que devoraba al monarca y que le impediría dar un sucesor al trono, la designaba como
próxima reina de Jerusalén y que su cónyuge ostentaría con ella la diadema de Saúl y de
David
MUJICA LAINEZ EL UNICORNIO pag.131
Detrás del muro en ruinas, están sentados a la mesa mi padre, mi madre y mi abuela materna,
todos ellos muertos. Me esperan para comer. Pienso que ya he vagabundeado bastante de un lado
para otro, y hace ya demasiado tiempo que no me siento en familia. Tengo ganas de sentarme a la
misma mesa que ellos para charlar de todo y de nada, como cuando estaba en casa de mi hermano
pequeño, cuando el doctor me diagnosticó un cáncer y hablábamos de cosas de las que no es posible
hablar más que en familia. En aquel tiempo, a la hora de la comida, mi sobrinita siempre quería ver
la televisión, pero era imposible que comprendiera que todos los programas estaban centrados
exclusivamente en la campaña contra la contaminación espiritual, explicada para todo el mundo por
las figuras del mundo cultural que tomaban postura unas tras otra recurriendo a la palabrería de los
documentos oficiales. No eran programas para niños y tampoco eran en absoluto apropiados para la
hora de las comidas. Yo estaba harto de las noticias difundidas por la radio, la prensa escrita y la
televisión, y no aspiraba más que a volver a mi propia vida, a hablar del pasado de mi familia que
había sido ya olvidado, por ejemplo, de ese bisabuelo loco que no tenía más que un deseo:
convertirse en mandarín y que había hecho donación a este fin de todo su patrimonio, una calle
entera, aunque en vano, ya que no logró ni tan siquiera obtener un mediocre puesto de funcionario y
que enloqueció al comprender que había sido burlado. Entonces prendió fuego a su última morada,
aquella en la que vivía, y murió a la edad de apenas treinta años, más joven de lo que yo soy ahora.
Los treinta, etapa de la que dijo el Confucio que la personalidad apenas está formada, sigue siendo
cuando menos una edad frágil en la que resulta fácil caer en la esquizofrenia. Mi hermano pequeño
y yo no habíamos visto jamás ninguna foto de este bisabuelo, acaso porque en sus tiempos la
fotografía no había sido introducida aún en China, o bien porque estaba reservada a la familia
imperial
sábado, marzo 06, 2010
¿MIENTEN LOS SUEÑOS?
Silos dejar solos en la sala de interrogatorios, a algunos tipos se les pone aspecto de estar al borde del vomito.
Y siguen así durante horas. Sudan tanto que parece que acaban de salir de una piscina. Comen, tragando aire. Entras y les pones una luz en la cara. Tiene los ojos saltones , las órbitas grandes y rojas. Estos son los inocentes
Los culpables se echan a dormir. Sobre todo los veteranos. Saben que se trata de un tiempo muerto que forma parte del juego. Pegan la silla contra la pared y se acomodan en ella en el rincón, con profusión de gruñidos y chasquidos de autocomplacencia. Y se duermen.
MARTIN AMIS TREN NOCTURNO pag.59
Los primeros meses fueron los más duros sin
lugar a dudas.
Liesel tenía pesadillas todas las noches.
El rostro de su hermano.
La mirada clavada en el suelo.
Se despertaba dando vueltas en la cama,
chillando y ahogándose entre la marea de
sábanas. En la otra punta de la habitación, la
cama destinada a su hermano flotaba en la
oscuridad como una barca. Poco a poco, a
medida que recuperaba la conciencia, lo veía
hundirse en el suelo. Esa visión no la ayudaba a
calmarla precisamente y, por lo general, pasaba
bastante tiempo antes de que dejara de gritar.
Tal vez lo único bueno de las pesadillas era
que Hans Hubermann, su nuevo papá, aparecía
en la habitación para tranquilizarla, para darle
amor.
ZUSAK MARKUS LA LADRONA DE LIBROS pag.59
Abuelo, ¿tuviste miedo cuando te encontraste con el
tigre?
No me dan miedo los tigres sino los hombres malos.
Abuelo, ¿te has encontrado con hombres malos?
Hay más hombres malos que tigres pero no puedes
cazarlos con la escopeta.
Pero son malos.
Antes de tiempo no puedes saber si son buenos o malos.
¿Y si lo supieras podrías matarlos con la escopeta?
Matar a un hombre va contra la ley.
¿Y los hombres malos no van contra la ley?
La ley no puede ocuparse de los hombres malos porque
la maldad está en el corazón.
Pero han hecho cosas malas.
No es tan fácil saberlo.
GAO XINGJIAN UNA CAÑA DE PESCA PARA EL ABUELO pag59
Aqui comprendía que había permitido que lo usaran y engañaran. Esa comprensión no le inspiraba compasión por ningún integrante de la raza humana. ¿Y de que servía el arma-cerebro de los humanos cuando los humanos yacían inconscientes en el suelo de piedra, la boca maloliente abierta, mientras la filosa garra de un ehminheer les rozaba los labios tiernos?
SIDNEY VAN SCYOC EL GRITO DE LAS NUBES pag.59
Fue entonces cuando Galip se dio cuenta de que Aladino le
había envuelto las revistas políticas en un antiguo Milliyet y de que
Celâl le miraba desde la fotografía de su columna en el doblado
periódico. Lo sorprendente era que Celâl lo observara ese día con
una mirada completamente distinta desde aquella fotografía que
llevaba años viendo cada mañana, con una mirada que parecía decir:
«¡Te conozco y te estoy vigilando!». Galip le puso un dedo encima a
aquel «ojo» que leía su alma pero fue como si sintiera su presencia
bajo su dedo durante todo el rato que duró el largo trayecto en
autobús.
ORHAN PAMUK EL LIBRO NEGRO pag.59
Lilata rutilantium.
Turma circumdet
Iubilantium te virginum.
El nimbo gris del sacerdote en el nicho en
que se viste discretamente. No quiero dormir
aquí esta noche. A casa tampoco puedo ir.
Una voz dulzona y prolongada lo llamó
desde el mar. Al doblar la curva agitó su mano.
Volvió a llamar. Una bruñida y morena cabeza,
la de una foca, allá lejos en el agua, redonda.
Usurpador.
JAMES JOYCE ULISES pag.59
domingo, febrero 28, 2010
domingo, febrero 21, 2010
ULTIMO PARAISO CONOCIDO
¿.Hay algo antes del Útero materno?
Hacerle un cristito a la Santa Virgen
Una skopiza que —de forma prodigiosa— quedaba embarazada, tenía que representar el papel de la Santa Virgen; a su hijo lo consideraban un hijo de Dios y tenía que morir martirizado. Al octavo día después de su nacimiento sacaban el cora/ón al niño, bebían su sangre como comunión y transformaban su cuerpo secado en panecillos, que servían para la comunión pascual. «Entre estos bárbaros, la virgen, a la que se declara bo-gorodiza o madre de Dios, es saludada habitualmenle, desde el momento de su consagración, con estas palabras: 'Bendita tú entre las mujeres; lú parirás un salvador'. Luego la desnudan, la ponen sobre un altar y se entregan a un cuito infame con su cuerpo desnudo: los fanáticos se agolpan
para besuquearlo en todas partes. Se pide que el espíritu santo tenga a bien hacerle un cristito a la santa virgen a fin de que, en ese año, les sea concedido a los fíeles comulgar del cuerpo sagrado». Si el cristito llegaba, lo sajaban de nuevo para consumirlo en la comunión, o bien sacrificaban a la misma bogorodiza.
Ahora bien, ni siquiera la mutilación pone punto final al instinto. Lutero, que había oído hablar de aquel valdense al que la castración no hizo sino más lujurioso, afirmaba abiertamente que los castrados tenían «mayor deseo y mayor apetencia que otros, pues no desaparecen deseo y apetitos, sólo la capacidad.»
KARLHEINZ DESCHNER HISTORIA SEXUAL DEL CRISTIANISMO
Tras hacer el amor con ella por primera vez, el filósofo sufrió
una severa crisis de angustia de la cual ya nunca se recupe
ró del todo. Convertida en una especie de enfermera, Héléne lo
conminó a consultar al doctor Fierre Male, el cual le diagnosticó
una demencia precoz y lo hizo internar en el Pabellón Esquirol
del Hospital Sainte-Anne. Aislado de su familia y del
mundo exterior, durante esos meses Althusser sólo conservó el
contacto con Héléne, quien se las ingeniaba para visitarlo evadiendo
la vigilancia de los enfermeros. No obstante, conforme
pasaban los días su malestar se tornaba más agudo, recrudecido
por los fármacos que lo dejaban convertido en una piel sin vida,
en un cuerpo que no hacía otra cosa que evadir la lucidez —el
dolor— por medio del sueño
JORGE VOLPI EL FIN DE LA LOCURA pag.83
Tú dices que ella se ha vuelto una verdadera mujer.
Sí, dice ella, una mujer a la que un hombre ha poseído, dice que no sabe ya lo que se dice,
asegura que nunca ha disfrutado así, dice que flota en una barca, no sabe hasta dónde va a flotar, su
cuerpo ya no le pertenece. Se mece en la superficie del mar de un color negro de laca, ella y tú, no,
ella sola, no tiene en absoluto miedo, sólo se siente vacía, quiere morirse, la muerte también la
seduce, tiene ganas de caer en el mar para que las negras olas la traguen, te necesita, así como el
calor de tu cuerpo, tu presión sobre ella, es una especie de consuelo, te pregunta si lo sabes. ¡Lo
necesita de verdad!
¿Necesidad de un hombre? La tientas tú.
¡Sí, necesidad del amor de un hombre, necesidad de ser poseída! ¡Dice que sí, quiere ser poseída,
quiere entregarse, olvidarlo todo, ah, ella te está agradecida, dice que la primera vez tenía un poco
de miedo, sí, dice que ella quería, sabía que quería pero tenía mucho miedo, no sabía qué hacer,
tenía ganas de llorar, de gritar, ganas de que la tempestad la arrojase en un campo desierto, de que la
desnudara enteramente, de que las ramas de los árboles la desollasen, de sufrir sin poder liberarse,
de que las bestias salvajes la desgarrasen! Dice que ella la vio, a ella, a esa mujer depravada vestida
de negro que se acariciaba los pechos con ambas manos, con su risa burlona, su forma de caminar
contoneando las caderas, una mujer desvergonzada, dice, tú no comprendes eso. no lo comprendes
ciertamente, no comprendes nada, ¡qué idiota estás hecho!
GAO XINGJIAN LA MONTAÑA DEL ALMA pag.83
Con el correr del tiempo, el recuerdo de aquel abrazo se fue purificando dentro de Otoko; fue dejando de ser algo físico para convertirse en algo espiritual. Ahora ella ya no era pura y sin duda Oki tampoco lo era. Y sin embargo, su antiguo abrazo, tal como lo veía ahora, parecía puro. Aquel recuerdo –en el que ella intervenía y no intervenía, que parecía real e irreal– era una visión sagrada, una visión sublimada del abrazo de antaño.
Cuando recordaba lo que él le había enseñado y lo imitaba al hacer el amor a Keiko, temía manchar o destruir la sagrada visión. Pero el recuerdo permanecía inviolable.
Keiko tenía la costumbre de utilizar crema depilatoria para quitarse el vello de los brazos y de las piernas, y comenzó a aplicársela en presencia de Otoko. En los primeros tiempos lo hacía en privado. Cuando Otoko la interrogaba acerca del extraño olor que había quedado flotando en el baño, la joven no respondía. Otoko no estaba familiarizada con los depilatorios, porque nunca los había necesitado.
Luego sorprendió a Keiko con una pierna recogida, aplicándose la crema. Otoko frunció el entrecejo.
–¡Qué olor desagradable! ¿Qué es?
Cuando vio que el vello desaparecía al quitarse la crema, se cubrió los ojos.
–¡No hagas eso, por favor! Se me eriza la piel.
Se estremeció y sintió que se le ponía carne de gallina.
–¿Es indispensable que hagas una cosa tan repulsiva?
–¿Acaso no lo hace todo el mundo?
Otoko no replicó.
–¿No se te pondría carne de gallina si tocaras una piel velluda?
Otoko siguió guardando silencio.
–Después de todo soy mujer –insistió Keiko.
De modo que hacía eso por Otoko. Aunque fuera por otra mujer, Keiko deseaba tener la piel satinada de las de su sexo.
Otoko se sintió oprimida, tanto por su propia repugnancia ante aquella operación como por los sentimientos que había despertado en ella la franqueza de Keiko. El olor acre quedó flotando aun después que Keiko se hubo retirado al cuarto de baño para quitarse con agua los restos de crema. Cuando regresó levantó su falda y extendió una pierna esbelta y blanquísima.
–Tócala y verás. Ahora está suavísima.
Otoko miró la pierna, pero no la rozó. Keiko se acarició la pantorrilla con la mano derecha y miró a Otoko como si se preguntara qué le estaba ocurriendo.
–¿Te preocupa algo? –preguntó.
Otoko evitó su mirada.
–Keiko, te ruego que de ahora en adelante no hagas más eso en mi presencia.
–Es que no quiero ocultarte nada más. Ya no tengo secretos para ti.
–No veo por qué tienes que mostrarme algo que yo considero ofensivo.
YASUNARI KAWABATA LO BELLO Y LO TRISTE pag.83
Modificaba su voz para encarnar a distintos personajes y los hombres sentían arder su sangre escuchando la versión de los combates, mientras en las mujeres vibraba el bajo vientre cuando se transformaba en seductor aquel hombre a la vez vulnerable y violento. Todos olvidaban su invalidez porque, aun con sus piernas inútiles, estaba más vivo que los demás.
Así, de pueblo en pueblo, dejaron atrás la costa donde se les había unido Kilia y avanzaron por Pérgamo hacia la famosa Vía Real de los antiguos persas, que les llevó hasta Sardis, en el valle del Pactolo, el río de las arenas de oro.
Por el camino Kilia, deseosa de hacerse útil, empezó a acompañar a Uruk en sus canciones amorosas, con su voz seductora que se complementaba muy bien con la del sogdiano. Además adquirió un nuevo nombre porque Ruchaim, después de consultar su libro y elaborar combinaciones cabalísticas con las letras-números de «Kilia», rechazó esta denominación por inadecuada, y también la de Falkis. Los demás propusieron otros nombres hasta que Uruk, hasta entonces silencioso, decretó:
—Te llamaremos Nur, luz. La llevas en tus ojos.
Uruk le contó después que la diosa de la luz, en su tribu, era una deslumbradora pajarita blanca. No se sabe en qué tierras del sur pasa el invierno tras las más altas montañas, hasta que reaparece en primavera. Muy pocos tienen la suerte de verla, porque su extremada blancura es cegadora, pero cuando se consigue, porque ella se deja mirar, es siempre anuncio de grandes cosas.
JOSE LUIS SAMPEDRO LA VIEJA SIRENA pag.83
Pero luego se arrepintió. No del miedo que había reflejado en la pintura, sino del mero hecho
de haberme pintado. Y yo me siento como alguien a quien su padre recuerda con vergüenza y
remordimientos. ¿Por qué se arrepintió de haberme pintado el maestro ilustrador de manos
maravillosas?
1. Porque la pintura de la Muerte, yo, no ha sido hecha con la suficiente destreza. Como podéis
ver, no soy tan perfecta como lo que pintan los grandes maestros venecianos ni como lo que
pintaban los antiguos maestros de Herat. Yo misma siento vergüenza del aspecto descuidado con
que me dibujó el gran maestro y que no se corresponde a la seriedad de la Muerte.
2. El maestro ilustrador que me pintó, engañado de una manera diabólica por el anciano, se
encontró de repente y sin haberlo pensado imitando el estilo y el punto de vista de los maestros
francos y le reconcomían el alma lo que consideraba una cierta falta de respeto hacia los antiguos
maestros y una extraña deshonra que sentía por vez primera.
3. Y además algo de lo que debería haberse dado cuenta, como algunos imbéciles aquí
presentes que de tanto verme empiezan a sonreír: la Muerte no es cosa de broma.
Ahora el maestro ilustrador que me pintó recorre las calles de noche como si no pudiera
detenerse, abrumado por los remordimientos; como algunos maestros chinos, cree ser lo que ha
pintado.
ORHAN PAMUK ME LLAMO ROJO pag 83
«¡Qué buena pareja hacen los dos!» Pero que aquí, al hacerla yo con relación a Violeta y a Tomás Igueldo, estaba ateniéndome más a aquello que, viéndoles juntos, hacía que me sintiera yo misma romántica y enzarzada en una aventura imprevisible, antes que cualquier otra consideración. Quisiera poder decir ahora, después de tantos años, lo que veía entonces, con dieciséis, al ver juntos a Violeta y a Tomás Igueldo: veía una relación intensamente espiritual, una idea que había tomado quizá de alguna lámina que representaba a Dante espiando el paso de Beatriz por una plaza. Por aquel entonces consideraba yo vulgar y estéril cualquier relación amorosa que fuese natural, posible, convencionalmente agradable para todo el mundo. Cualquier relación afectiva que recordase el matrimonio me parecía por aquellos tiempos intensamente vulgar y embotada. Naturalmente, gran parte de estas cosas funcionaron en mí como impulsos musicales, movimientos del ánimo carentes de concepto: me movía y me emocionaba todo aquello de cuya existencia no dudaba y que no lograba sin embargo conceptualizar de ningún modo. Así, aquella relación entre Violeta y Tomás, cuya visión me complacía sin concepto, como una arbitraria deli-cada transparencia inmóvil de un paisaje.
ALVARO POMBO DONDE LAS MUJERES pag.83
"Desde entonces, para nosotros se había borrado todo lo anterior al Salto Mortal. Nos
tocaba, pues, vivir como si nos hubiéramos quedado amnésicos tras pasar por aquello, y sin
conservar traza alguna de lo anterior en nosotros. Ciertamente habíamos apostatado. Como
habíamos librado aquel combate mortal, no nos cabía otra expectativa que continuar en esta
vida como autómatas; pero como unos autómatas sensibles al sufrimiento. Esto le sucedía a
Patrón, y me sucedía a mí. Él llegó a decir que esa situación era como caer en el infierno. Yo
me siento solidario con él, pero a lo largo de estos años nunca hemos hablado sobre qué tipo
de infierno era ése. Aunque hemos vivido todo el tiempo juntos, la verdad es que hemos
llegado hasta hoy sin haber hablado entre nosotros de los temas más importantes.
"A partir del Salto Mortal hemos vivido hasta ahora como si estuviéramos muertos. Como
cadáveres vivimos, según ya he dicho, pero, por expresarlo de otra manera, diré que estamos
en un letargo invernal. Como un oso delicado de salud que dentro de su guarida puede morir
en cualquier momento de su letargo. Patrón es una personalidad compleja, y su experiencia
interna quizás haya sido otra. Sin embargo, por lo que a mí respecta, jamás en mi vida he
pasado por una década tan ociosa como esta última. Tan ociosa ha sido, que tal vez hayamos
quedado en muy mal lugar. Si la actividad mental ayuda a eliminar el colesterol, en nuestro
caso es como para que esa sustancia se nos pegue a las venas del cerebro hasta hacerlas
reventar.
KENZABURO OE SALTO MORTAL pag.83
Fue entonces cuando empezaron nuestros prolongados viajes por todos los
Estados Unidos. Pronto llegué a preferir a cualquier otro tipo de alojamiento para
turistas los que proporcionaba el Functional Motel: escondrijos limpios,
agradables, seguros; lugares ideales para el sueño, la discusión, la
reconciliación, el amor. Al principio, mi temor de suscitar sospechas me hacía
pagar ambas secciones de una unidad doble, cada una equipada con una cama
de dos plazas. Me preguntaba para qué clase de cuádruple juego se había ideado
tal disposición, ya que sólo una farisea parodia de intimidad podía obtenerse
mediante el tabique incompleto que dividía la cabaña o cuarto en dos nidos de
amor comunicados. Con el tiempo, las posibilidades sugeridas por tan honesta
promiscuidad (dos jóvenes parejas intercambiando alegremente sus compañeros,
o un niño sumido en un sueño ficticio para ser testigo auricular de sonoridades
primitivas) me hicieron más audaz, y de cuando en cuando alquilaba una cabaña
con una cama de dos plazas o una cama y un catre, una celda paradisíaca con
visillos amarillos, corridos para crear una ilusión matinal de Venecia, de sol
resplandeciente, cuando en realidad no estábamos sino en Pennsylvania y llovía.
Así pudimos conocer –nous connûmes, para usar un giro flaubertiano– la
cabaña de piedra, bajo enormes árboles a la Chateaubriand, y la unidad de
ladrillo, y la unidad de adobe, y el hotelillo estucado, emplazados en lo que el
Libro de Viajes de la Asociación Automovilística describe como lugares
«umbrosos», «vastos», «en medio de un hermoso paisaje». Las casuchas de
troncos, cabadas con nudoso pino, recordaban a Lo los huesos de una gallina
frita por su fulgor oro-viejo. Desdeñábamos las feas chozas de madera
blanqueada: su tufillo a cloaca o algún otro hedor peculiar y melancólico, su falta
absoluta de cosas elogiables (salvo las «buenas camas») y su hosca propietaria,
siempre dispuesta a que rechazaran su obsequio («... bueno, puedo darle...»).
Nous connûmes (esto es de veras divertido) la presunta seducción de sus
tautológicos nombres –todos esos Hotel del Crepúsculo, Cabaña de las Cumbres,
Cabaña del Pinar, Cabaña Montañesa, Cabaña del Horizonte, Cabaña del Verde
Prado, Cabaña de Mac, Cabaña del Parque. A veces había un agregado especial
en la inscripción, algo así como «Bienvenidos los niños; se permiten animales
domésticos». (Bienvenido tú, se permite tu entrada). Los baños eran casi
siempre duchas entre azulejos, con una variedad infinita de sistemas de canillas,
pero con una característica común definidamente no-laodicea: cierta tendencia –
durante su funcionamiento– a variar instantáneamente la temperatura del agua
(un calor infernal o un frío de hielo), lo cual dependía de que el vecino hiciera
girar su propia canilla «caliente» o «fría», privando así de un complemento
necesario a la otra ducha graduada con tanto esmero. En algunas cabinas se
veían instrucciones pegadas sobre el inodoro (sobre cuyo tanque se
amontonaban sin asomo de higiene las toallas): en ellas se pedía a los
huéspedes que no arrojaran a ese receptáculo latas de cerveza, cartones... Otras
tenían noticias especiales bajo un vidrio, tales como «Sugestiones interesantes».
(Jinetes: Con frecuencia podrá usted ver a jinetes que bajan por la calle
principal, de regreso de una romántica cabalgata. «A las tres de la mañana», dijo
socarronamente la poco romántica Lo).
Nous connûmes los diversos tipos de conductores de cabañas volantes: el
criminal reformado, el profesor jubilado, el viajante de comercio, entre los
hombres; las variantes maternales, seudo-distinguidas y madámicas, entre las
mujeres.
VLADIMIR NABOKOV LOLITA pag.83
¿Venís quizá en la busca
de la bella lagarta,
verde como los trigos
de mayo,
como las cabelleras
de las fuentes dormidas,
que os despreciaba, y luego
se fue de vuestro campo?
¡Oh dulce idilio roto
sobre la fresca juncia!
¡Pero vivir!, ¡qué diantre!
me habéis sido simpático.
El lema de "me opongo
a la serpiente" triunfa
en esa gran papada
de arzobispo cristiano
GARCIA LORCA EL LAGARTO VIEJO pag 83.
El matrimonio como costumbre, como cultivo del placer habitual, es un factor de deterioro, porque en el hábito no hay amor
Sólo para los muy, muy pocos que aman, la relación conyugal tiene significación, y entonces es indestructible, entonces no es mero hábito o mera conveniencia ni está basada en la necesidad biológica, sexual. En ese amor que es incondicional se han fusionado las identidades, y en una relación así hay una cura posible, hay esperanza.
Pero para la mayoría de ustedes, en la relación conyugal no hay fusión. Para unir entre sí las identidades separadas, tanto el marido como la esposa tienen que conocerse a sí mismos. Eso significa amar. Pero no hay amor, lo cual es un hecho obvio. El amor es siempre puro, nuevo, no es mera gratificación ni mero hábito. El amor es incondicional. Y no es así como ustedes tratan a sus esposas o maridos, ¿verdad? Cada cual vive en su propio aislamiento, y ambos han establecido sus hábitos de placer sexual asegurado. ¿Qué le sucede al hombre que tiene una renta asegurada? Es obvio que se te deteriora. ¿No lo han notado? Observen al hombre que tiene una renta a
segurada y pronto verán con cuánta rapidez su mente se deteriora. Puede tener una gran posición, puede haber adquirido una reputación por su ingenio, pero la plenitud de la alegría de vivir lo ha abandonado.
.KRISHNAMURTI AMOR.SEXO Y CASTIDAD pag.83
Mientras
con la mano colocada en el sello de cera recordaba lo que mi madre me
había referido de las botellas mágicas, mi «¿por qué no?» me insinuaba que
acaso fuera cierto que a través de los polvos del sol apareciesen las hadas
aéreas. Pero cuando esta idea, después de haber penetrado en mi espíritu,
parecía dispuesta a fijarse en él, ofrecióseme como absurda y grotesca
Esperé, observé. No vi nada, no sentí nada. ¡Aquello me desilusionó!
¡De tal modo la esperanza de sobrepujar a la Naturaleza se desliza pronta y
hábilmente en nuestras almas! ¡Nada, ni aun siquiera una vaga y confusa
ilusión, ni una confusa imagen! Sucedía lo que había previsto. ¡Qué
decepción! Experimenté una especie de despecho. Arrellanado en mi
sillón, me juré ante aquellos egipcios de rasgados ojos negros que me
rodeaban cerrar mejor mi alma en lo sucesivo a las mentiras de los
cabalistas. Reconocí, una vez más, la sabiduría de mi buen maestro, y
resolví, a ejemplo suyo, guiarme por la razón en todos los asuntos que no
interesaran a la fe cristiana y católica. Esperar la visita de una señora
salamandra, ¡qué simpleza! ¿Es posible que haya salamandras? Pero ¿quién
sabe? Y «¿por qué no?»
ANATOLE FRANCE EL FIGON DE LA REINA PATOJA pag.83
Secreto 10
La muerte hace posible la vida
Imagino que sí la espiritualidad buscara en la Avenida Madison asesoría para su comercialización, la propuesta sería: “Atemoriza a las personas con la muerte”. Esta táctica ha funcionado durante miles de años, porque todo lo que podemos ver de la muerte es que una vez que morimos, dejamos de estar aquí, y esto provoca un profundo temor. No ha habido época en que las personas no quisieran saber desesperadamente qué hay “al otro lado de la vida”.
Pero, ¿qué pasaría si no hubiera “otro lado”? Quizá la muerte es relativa, no un cambio total. Después de todo, cada 10 de nosotros está muriendo todos los días, y el momento que llamamos muerte es en realidad una extensión de este proceso. San Pablo hablaba de morir para la muerte, refiriéndose a tener una fe tan firme en la vida después de la muerte, y en la salvación prometida por Cristo, que la mordiera su poder de provocar temor. Pero morir para la muerte es también un proceso natural que ha estado en marcha en las células durante billones de años. La vida está íntimamente entrelazada con la muerte, como podemos ver cada vez que una célula cutánea es desechada. Este proceso de exfoliación es el mismo mediante el cual un árbol deja caer sus hojas —el término latino para “hojas” es folia—, y los biólogos tienden a considerar a la muerte como un mecanismo para la regeneración de la vida.
No obstante, esta perspectiva ofrece poco consuelo cuando la hoja que debe caer del árbol para dar lugar al siguiente retoño es uno mismo. En vez de examinar la muerte desde un punto de vista impersonal, quisiera que nos concentráramos en tu muerte, en el supuesto fin del tú que está vivo en este momento y que quiere seguir estándolo. El prospecto de la muerte personal es un tema que nadie quiere enfrentar; no obstante, si puedo mostrarte cuál es la realidad de tu muerte, podrás vencer toda esa aversión y miedo y prestar más atención tanto a la vida como a la muerte.
Sólo al enfrentar la muerte puedes desarrollar una pasión
verdadera por estar vivo. La pasión no es desesperación; no está impulsada por el miedo. Sin embargo, justo en este momento, muchas personas creen que están arrebatando la vida a las mandíbulas de la muerte, desesperados por el conocimiento de que su tiempo en el planeta es muy breve. Pero cuando nos consideramos parte de la eternidad, se termina este arrebatar las migajas de la mesa y en su lugar recibimos la abundancia de la vida, de la que oímos hablar tanto y que pocas personas poseen
DEEPAK CHOPRA EL LIBRO DE LOS SECRETOS pag.83
—¡Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron
nombre de dorados; y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad de
hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino
porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y
mío! Eran en aquella santa edad todas las cosas comunes; a nadie le era necesario,
para alcanzar su ordinario sustento, tomar otro trabajo que alzar la mano
y alcanzarle de las robustas encinas, que liberalmente les estaban convidando
con su dulce y sazonado fruto. Las claras fuentes y corrientes ríos, en magnífica
abundancia, sabrosas y transparentes aguas les ofrecían. En las quiebras de
las peñas y en lo hueco de los árboles formaban su república las solícitas y discretas
abejas, ofreciendo a cualquiera mano, sin interés alguno, la fértil cosecha
de su dulcísimo trabajo. Los valientes alcornoques despedían de sí, sin otro
artificio que el de su cortesía, sus anchas y livianas cortezas, con que se comenzaron
a cubrir las casas, sobre rústicas estacas sustentadas, no más que para
defensa de las inclemencias del cielo
Todo era paz entonces, todo amistad,
todo concordia; aún no se había atrevido la pesada reja del corvo arado a abrir
ni visitar las entrañas piadosas de nuestra primera madre, que ella, sin ser forzada,
ofrecía por todas las partes de su fértil y espacioso seno lo que pudiese
hartar, sustentar y deleitar a los hijos que entonces la poseían. Entonces sí que
andaban las simples y hermosas zagalejas de valle en valle y de otero en otero,
en trenza y en cabello, sin más vestidos de aquellos que eran menester para
cubrir honestamente lo que la honestidad quiere y ha querido siempre que se
cubra, y no eran sus adornos de los que ahora se usan, a quien la púrpura de
Tiro y la por tantos modos martirizada seda encarecen, sino de algunas hojas
verdes de lampazos y yedra entretejidas, con lo que quizá iban tan pomposas
y compuestas como van ahora nuestras cortesanas con las raras y peregrinas
invenciones que la curiosidad ociosa les ha mostrado. Entonces se decoraban
los concetos amorosos del alma simple y sencillamente, del mesmo modo y
manera que ella los concebía, sin buscar artificioso rodeo de palabras para
encarecerlos. No había la fraude, el engaño ni la malicia, mezcládose con la verdad
y llaneza. La justicia se estaba en sus propios términos, sin que la osasen
turbar ni ofender los del favor y los del interese, que tanto agora la menoscaban,
turban y persiguen. La ley del encaje aún no se había sentado en el entendimiento
del juez, porque entonces no había qué juzgar ni quién fuese juzgado.
Las doncellas y la honestidad andaban, como tengo dicho, por dondequiera,
sola y señera, sin temor que la ajena desenvoltura y lascivo intento le
menoscabasen, y su perdición nacía de su gusto y propia voluntad. Y agora, en
estos nuestros detestables siglos, no está segura ninguna, aunque la oculte y
cierre otro nuevo laberinto como el de Creta
CERVANTES DON QUIJOTE DE LA MANCHA pag.83
III. Meditación sobre la ilusión
Si aún estás bajando te has liberado
Medita como sigue:
Las actividades sexuales, manipulación de la maquinaria,
la simulación de risa, sonidos esporádicos y apariciones terroríficas,
En verdad estos fenómenos son en naturaleza ilusiones
Sin embargo pueden aparecer en verdad ellos
Son irreales y falsos
Son como sueños y apariciones
No permanentes, no fijas
¿Qué ventaja hay en apegarse o tener miedo de ellas?
Todo son alucinaciones de tu mente
Tu mente misma no existe
Por lo tanto, ¿por qué existen ellas?
Solo tomando estas ilusiones por algo real tú navegarás alrededor
de esta confusa existencia
Todas son como sueños, como ecos
Como ciudades de nubes
Como espejismos, como formas relajadas
Como La luna vista en el agua
No son reales ni un momento
Manteniéndote firme agudamente en esta línea de pensamiento
La creencia de que ellas son reales es disipada
Y la liberación es alcanzada
LIBRO TIBETANO DE LOS MUERTOS 36*3=108-83=25