


Vara de sauce, dedo de la oreja,
con el poder de la adivinación
obliga a hacer confesiones a la boca
de un cadáver consumido.
Puntas de los dedos, cinco tártagos,
árboles, que adivinan la verdad,
descubrid todo lo que vuestro poeta pide
tamborileando en su frente.
DANTE ALIGHIERI DIVINA COMEDIA PAG 368
Mas antes de que enero desinvierne, 142
por la centésima parte olvidada,
de tal manera rugirán los cielos, 144
que la tormenta que tanto se espera,
donde la popa está pondrá la proa,
y así la flota marchará derecha; 147
y tras las flores vendrán buenos frutos.
CANTO XXVIII
RUIZ ZAFON LA SOMBRA DEL VIENTO
El caso es que el Joanet dice que subió al segundo piso (porque yo me negué a entrar, oiga, que eso no debe de ser legal, aunque por entonces la casa ya llevaba lo menos diez años abandonada) y dijo que allí había algo. Le pareció oír como una voz en una habitación pero, cuando quiso entrar, la puerta se le cerró en las narices. ¿Qué le parece?
—Me parece una corriente de aire —dije.
—O de otra cosa —apuntó el portero, bajando la voz—. El otro día venía en la radio: el universo está lleno de misterios. Fíjese usted que parece que han encontrado la verdadera sábana santa en pleno centro de Sardanyola. La habían cosido en la pantalla de un cine, para ocultarla de los musulmanes, que la quieren usar para decir que Jesucristo era negro. ¿Qué le parece?
—No tengo palabras.
—Lo que yo le diga. Mucho misterio. Esa finca la tendrían que tirar abajo y echar cal en el terreno.
Agradecí al señor Remigio la información y me dispuse a descender la avenida de vuelta hasta San Gervasio. Alcé la vista y vi que la montaña del Tibidabo amanecía entre nubes de gasa. Me apeteció de repente acercarme hasta el funicular y escalar la ladera hasta el antiguo parque de atracciones en su cima para perderme entre sus carruseles y sus salones de autómatas, pero había prometido estar a tiempo en la librería. De vuelta hacia la estación del metro imaginé a Julián Carax bajando por aquella misma acera y contemplando aquellas mismas fachadas solemnes que apenas habían cambiado desde entonces, con sus escalinatas y jardines de estatuas, quizá esperando aquel tranvía azul que trepaba de puntillas al cielo. Al llegar al pie de la avenida saqué la fotografía de Penélope Aldaya sonriendo en el patio del palacete familiar. Sus ojos prometían el alma limpia y un futuro por escribir. «Te quiere, Penélope.»
BOLAÑO 2666 pag 368
Esto último lo relató una amiga de Zacatecas, a quien Úrsula llamó por teléfono. Se la notaba dichosa, dijo, porque iba a encontrar trabajo en una maquiladora. La identificación fue posible gracias a las Converse y a una pequeña cicatriz en la espalda con forma de rayo.
La realidad es como un padrote drogado en medio de una tormenta de truenos y relámpagos, dijo la diputada. Después se quedó callada un rato, como si se dispusiera a escuchar los truenos lejanos. Y después cogió su vaso de tequila, que volvía a estar lleno, y dijo: yo cada día tenía más trabajo, ésa es la pura verdad. Cada día ocupada con cenas, viajes, reuniones, planificaciones que no llevaban a ninguna parte, salvo a conseguir mi cansancio infinito, cada día con entrevistas, cada día con desmentidos, apariciones en la televisión, amantes, tipos a los que me cogía no sé por qué, por mantener la leyenda, tal vez, o tal vez porque me gustaban, o tal vez porque me convenía cogérmelos, una sola vez, eso sí, que probaran pero que no se acostumbraran, o tal vez simplemente porque me gusta coger cuando y donde se me da la real gana, y no tenía tiempo para nada, mis negocios en manos de mis abogados, el patrimonio Esquivel Plata, que ya no menguaba, no quiero mentirle, sino que crecía, en manos de mis abogados, mi hijo en manos de sus profesores, y yo cada vez con más trabajo:
problemas hidrográficos en el estado de Michoacán, carreteras en Querétaro, entrevistas, monumentos ecuestres, alcantarillado público, toda la mierda de un barrio pasando por mis manos.
Por esa época, supongo, descuidé un poco a mis amigos.
Isabel Allende-Inés del alma mía 220pag 414-220=194
En pocos minutos los atacantes abandonaron el campo y huyeron a los bosques como liebres.
Sorprendidos, los españoles no supieron qué diablos sucedía y temieron que fuese una nueva táctica del enemigo, ya que no había otra explicación para tan súbita retirada que dio por terminada la batalla que apenas comenzaba. Valdivia hizo aquello que le dictaba su experiencia de soldado: ordenó perseguirlos. Así se lo describió al rey en una de sus cartas: «Y apenas habían llegado los de a caballo, cuando los indios nos dieron las espaldas, y los otros tres escuadrones hicieron lo mismo. Se mataron hasta mil quinientos o dos mil indios, se lancearon otros muchos y prendimos algunos».
Aseguran quienes se hallaban presentes que el milagro fue visible para todos, que una figura angélica, brillante como el relámpago, descendió sobre el campo, alumbrando el día con una luz sobrenatural. Unos creyeron reconocer al apóstol Santiago en persona, cabalgando sobre un corcel blanco, quien enfrentó a los salvajes, les endilgó un elocuente sermón y les ordenó rendirse ante los cristianos. Otros percibieron la figura de Nuestra Señora del Socorro, una dama hermosísima vestida de oro y plata, flotando en las alturas. Los indios prisioneros confesaron haber visto una llamarada que trazó un amplio arco en el firmamento y explotó con estruendo, dejando en el aire una cola de estrellas. En los años posteriores los bachilleres han ofrecido otras versiones, dicen que fue un bólido celestial, algo así como una enorme roca desprendida del Sol y que cayó sobre la Tierra. Nunca he visto uno de esos bólidos, pero me maravilla que tengan forma de apóstol o de Virgen y que ése cayera justo a la hora y en el lugar apropiado para favorecer a los españoles. Milagro o bólido, no lo sé, pero el hecho concreto es que los indios huyeron despavoridos y los cristianos quedaron dueños del campo, celebrando una inmerecida victoria
Múgica Laínez-El Unicornio 212 pág. 414-212=202
No hubo en esa oportunidad ni hormigueos, ni escozores, ni soldadura de las
extremidades, ni demás manifestaciones de la metamorfosis. Me limité a levantar los
fastidiosos párpados y a sacudir la frente adormecida; recorrí con los ojos mi cuerpo, y
observé en su sitio, recuperados, los desnudos pechos firmes, la cola de serpiente, las
alígeras membranas. Sentía una rara fatiga, un embotamiento que se traducía en
debilidad.
Oberón repitió el conocido saludo:
— ¡Bienvenida, Melusina de Lusignan, patrona del Poitou, arquitecta de nobles castillos!
Le respondí, como en nuestro anterior encuentro:
— ¡Salud, rey Oberón!
Moviéronse algo más las hadas, riendo, sacudiendo sus campanas de vidrio, sus collares
de nueces, sus medallas de cobre labradas con el sello de Salomón, sus cascabeles
talismanes, sus sonajas fetiches, y con ellas se movió la nube de pequeños duendes y
silfos que las servían, de modo que, como a través de los breves claros hendidos en la
espesura de un bosque, comencé a distinguir la forma y el adorno del aposento en el cual
nos hallábamos y que me resultaba curiosamente familiar, aunque —perturbada como
estaba todavía por el golpe que recibiera en Hattin y por los trastornos que implicaba la
mudanza del estado caballeresco y masculino al femenino y mágico— no acertaba a
ubicarlo en la memoria
ROBERT MERLE WEEK-END EN ZUYDCOOTE 414pag.
Arrodillado en el sitio donde el gigante se había desplomado,se puso a recoger la sangre con el estropajo.Cuando éste estuvo completamente embebido,lo escurrió sobre la jofaina.Las manos se le pusieron rojas al momento.Repitió la operación varias veces.Jeanne,de pies ante él,con la cabeza inclinada,le miraba hacer.
JAMES JOYCE ULISES 1 414PAG.
En silencio amodorrado Oro se inclinaba sobre la página.
-El aljófar del rocio… Los labios de Lenehan sobre el mostrador cecearon un sordo silbido de señuelo.Pero mire para acá-dijo-,rosa de Castilla.
Tintineo de calesín junto al bordillo se paró.Ella se levanto y cerró su lectura,rosa de Castilla.¿Se callo ella o la empujaron?.No haga preguntas y no oirá mentiras.
MIGUEL ANGEL ASTURIAS LA AUDIENCIA DE LOS CONFINES pag.414
Anciano español ¡Mis esclavos mis esclavos!!Si me quitan mis esclavos me quitan autoridad,honra,comida y ser!
Nabori Sabido es, miseñor, mi gran señor,que cuando nos visitas es siempre en son de guerra.Nosotros esperábamos al que con una piedra de rio había dado cita a una de nuestras vírgenes sagradas.De ser tú,no llegas callando como el hombre del vestido blanco,sino con banderas desplegadas y tambores.
