domingo, marzo 10, 2013

EL SOL SIEMPRE SALE POR ORIENTE .

 

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MO YAN   RANA   224escanear0003

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CORAN  SURA XI  HUD   226

(6) Y no hay una bestia que ande por  la tierra cuyo sustento no dependa de Dios; y Él conoce su plazo de
permanencia [en la tierra] y su lugar de reposo [después de su muerte]:9 todo [esto] está registrado
en [Su] claro decreto.
(7) Y Él es quien ha creado los cielos y la tierra en seis eras; y [desde que ha dispuesto la creación
de la vida,] el trono de Su omnipotencia ha descansado sobre el agua.
[Dios os recuerda vuestra dependencia de Él] a fin de probaros [y poner de manifiesto] quien
de vosotros observa la mejor conducta. Pues así ocurre: si11 les dices [a los hombres]: “¡Ciertamente,
seréis resucitados después de la muerte!” --los que se obstinan en negar la verdad sin duda
responderán: “Esto es, claramente, sólo un engaño de hechicería!”

Edgar Allan Poe
Obras en español           226

La línea que demarca el instinto de la creación animal de la alardeada razón del
hombre, es, más allá de toda duda, del carácter más oscuro e insatisfactorio, un límite más
difícil de establecer que el del Nordeste o el Oregon. La cuestión de si los animales
inferiores razonan o no, posiblemente nunca será decidida, por cierto nunca en las actuales
condiciones de nuestro conocimiento. Mientras el egoísmo y la arrogancia del hombre se
empeñen en negar a las bestias la facultad de reflexión, porque concedérsela parecería
disminuir su propia jactanciosa supremacía, se encuentra sin embargo constantemente
enredado en la paradoja de desacreditar el instinto como una facultad inferior, mientras
que se ve obligado en miles de casos a admitir su infinita superioridad sobre la razón
misma, que proclama como exclusivamente suya. El instinto, lejos de ser una razón inferior,
es quizá la intelección más requerida de todas. Al verdadero filósofo se presenta como la
mente divina misma actuando de manera inmediata sobre sus criaturas.Los hábitos de ciertas especies de hormigas, de muchos tipos de arañas y del castor, tienen una maravillosa analogía, o más bien semejanza, con las operaciones
habituales de la razón de los hombres; pero el instinto de algunas otras criaturas no
presenta semejante analogía, y sólo puede ser remitido al espíritu de la Deidad misma

Captura

JAMES JOYCE
ULISES                   226

Esperó al lado del mostrador, inhalando
el penetrante vaho de drogas, el polvoriento olor
seco de esponjas y loofahs. Se emplea mucho
tiempo en hablar de nuestros dolores y
sufrimientos.
—Aceite de almendras dulces y tintura de
benjuí —dijo el señor Bloom— y también agua
de azahar.
Ciertamente hacía su piel tan delicada
como la cera.
—Y cera blanca también —dijo.
Hace resaltar el color sombrío de sus ojos.
Me miraba, la sábana levantada hasta los ojos,
española, oliéndose a sí misma, cuando me
estaba arreglando los gemelos en los puños.Esas recetas caseras son frecuentemente las mejores: frutillas para los dientes: ortigas y
agua de lluvia, harina de avena macerada en
cuero de manteca, dicen. Alimento de la piel.
Uno de los hijos de la vieja reina, ¿era el duque
de Albany?, tenía una sola piel. Leopoldo sí.
Nosotros tenemos tres. Verrugas, juanetes, y
granos para que sea todavía peor. Pero también
quieres un perfume. ¿Qué perfume usas tú?
Peau d'Espagne. Esa flor de azahar.Jabón de
crema pura. El agua es tan fresca. Lindo
perfume tienen esos jabones. Tengo tiempo para
darme un baño en la esquina. Hammam. Turco.
Masaje. La suciedad se acumula en el ombligo
.

sábado, marzo 09, 2013

EL QUE POCO SABE,PRONTO LO REZA .

 

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jueves, marzo 07, 2013

MAO,NOSTRADAMUS Y EL ANGEL GABRIEL ,EN AMIGABLE CHARLA.

 

  

MO YAN RANA   344

TIA.—Si una persona niega los hechos de la historia,será un idealista histórico (Se sienta al lado de Quin He,le agarra como si abrazase a un niño,meciéndole y cantando en voz baja).Cuando te echo de menos,mi corazón se rompe….cuando  te echo de menos,mis lagrimas se secan aunque quiero llorar…Cuando quiero escribirte,no puedo encontrar tu dirección,cuando quiero cantar,no puedo recordar la letra…..cuando quiero besarte,no puedo encontrar tu boca,cuando te quiero abrazar,estás a mil metros de distancia…..

(Entra un niño calvo que viste un dudou,con el adorno de una rana en el centro.Su cabeza calva y verde parece una sandia.Un montón de ranas minusválidas en sillas de ruedas,o que se apoyan en dos muletas,o que tienen las patas vendadas,salen de una cueva oscura.El niño verde grita:”  ! Devuélveme la vida ! ! Devuélvemela !.Las ranas emiten unos sonidos extraños. TIA lanza un grito triste,abandona a QIN HE,trata de esquivar a los niños y a las ranas que acaban de entrar en el escenario.

HA DASHOU  y QIN,que  acaba de despertarse,tratan de impedir los ataques de los niños y las ranas para proteger a TIA.Cuando TIA sale del escenario,los niños y las ranas la persiguen y salen simultáneamente.

Fin del acto.

 

            

 

 

OBRAS COMPLETAS – FRANZ KAFKA   344

metamorfosis

¿Muerto? –dijo la señora Samsa, y levantó los ojos con gesto interrogante
hacia la asistenta a pesar de que ella misma podía comprobarlo e
incluso podía darse cuenta de ello sin necesidad de comprobarlo –digo, ¡ya lo creo! –dijo la asistenta y, como prueba, empujó el cadáver
de Gregorio con la escoba un buen trecho hacia un lado. La señora
Samsa hizo un movimiento como si quisiera detener la escoba, pero no
lo hizo.
–Bueno –dijo el señor Samsa–, ahora podemos dar gracias a Dios –se
santiguó y las tres mujeres siguieron su ejemplo.
Greta, que no apartaba los ojos del cadáver, dijo:
–Miren qué flaco estaba, ya hacía mucho tiempo que no comía nada.
Las comidas salían tal como entraban.
Efectivamente, el cuerpo de Gregorio estaba completamente plano y
seco, sólo se daban realmente cuenta de ello ahora que ya no le levantaban
sus patitas, y ninguna otra cosa distraía la mirada.

Graves, Robert El Vellocino de Oro               344

-Majestad, ¡escucha mi consejo! No te quedes ahí sentado sobre el húmedo suelo bajo el podrido
monumento a tu pasada gloria. Esta actitud no puede traerte suerte. Levántate, ahora, tú que
empuñas el cetro, y revela tus pesares sin temor al señor de los Caballos, al agitador del Mar, al dios
del Tridente. Él los aliviará, te lo aseguro, sobre todo si le ofreces sacrificios de bueyes rojos,
alimentando a sus sacerdotes con la sabrosa carne asada y guardándole a él los deliciosos huesos del
muslo.
Jasón volvió la cabeza pero tampoco respondió a estas palabras. Miraba con ojos aturdidos y tenía
la boca abierta, como la de un niño que está a punto de llorar; pero no lloró.
El gran sacerdote despidió a los demás sacerdotes. Se quedó vigilando, sentado en las gradas del
templo, pues su corazón le decía que algo iba a suceder que él no podía prever ni impedir; y allí se
quedó hasta después de la hora de la comida, aunque la lluvia caía torrencialmente y parecía que los
ocho vientos de cola de serpiente estaban jugando a perseguirse alrededor del recinto, soplando de
todas direcciones a la vez.
La cabeza de Jasón cayó sobre su pecho. Se quedó dormido. Y al poco rato el gran sacerdote vio
con el rabillo del ojo algo que no hubiera podido ver de frente: las pálidas siluetas de un hombre y
un perro que se acercaban, arrastrando los pies mientras corrían, por el camino de Mégara. El
sacerdote no volvió la cabeza por miedo a perturbar la claridad de la visión, y los dos fantasmas
continuaron avanzando. El hombre iba vestido con el tosco traje de piel de oveja que llevan los
eticios y los flegieos, y la oscurecida punta de una lanza de bronce sobresalía del lomo de su fiel
perro pelirrojo.
El perro se precipitó hacia el lugar donde estaba Jasón, gruñendo y mostrándole los colmillos, con
la piel del cuello erizada; pero el pastor trepó por el costado del Argo hasta situarse en su proa,
como un lagarto que trepa por una pared.

Entonces, mientras el gran sacerdote miraba, conteniendo la respiración, el pastor dio un fuerte
empujón con el hombro a la curvada proa; y mientras se esforzaba, con los pies apoyados en un
puntal, los ocho vientos abandonaron su juego y corrieron todos juntos bramando por la regala, a
ambos lados del navío.
Se oyó el ruido de un desgarramiento, seguido de un fuerte estruendo. La alta proa se vino abajo y
el mascarón de cabeza de Carnero dio contra el cráneo de Jasón y lo aplastó, reduciéndolo a una
sangrienta pulpa. Sin embargo, el prudente sacerdote no se movió de donde estaba sentado hasta
que tanto el pastor como el perro se hubieron saciado con la sangre y los sesos de su enemigo; pues
de haber estorbado la venganza de estos fantasmas, hubieran rondado el recinto con su insufrible
presencia. Ahora, por el contrario, se alejaron del lugar, completamente satisfechos.

Edgar Allan Poe
Obras en español        344

Abrí la boca para respirar y, volviéndome hacia mis compañeros, advertí que
estaban más pálidos que el mármol. Pero no teníamos tiempo para preguntas ni conjeturas;
el bergantín estaba a unos quince metros de nosotros, y parecía tener intención de
abordarnos por la proa, para que pudiéramos pasar a él sin necesidad de lanzar ningún bote
al agua. Echamos a correr a popa, cuando de repente una gran guiñada lo apartó cinco o seis
puntos del derrotero que llevaba y, cuando pasaba a unos cinco metros de nuestra popa,
vimos perfectamente sus cubiertas. ¿Olvidaré algún día el triple horror de aquel
espectáculo? Veinticinco o treinta cuerpos humanos, entre los cuales había varias mujeres,
yacían esparcidos entre la popa y la cocina, en el último y más repugnante estado de
putrefacción. ¡ Y vimos claramente que no había ni un ser vivo a bordo de aquel barco
fatídico! ¡Y, sin embargo, no dejábamos de gritar pidiendo auxilio! ¡ Sí; prolongada y
estentóreamente rogábamos, en la angustia del momento, a aquellas figuras silenciosas y
desagradables que permaneciesen con nosotros, que no nos abandonasen hasta llegar a ser
como ellas, que nos acogiesen en su grata compañía! Estábamos locos de horror y
desesperación; completamente locos de angustia por la decepción sufrida.

VLADIMIR NABOKOV
Cuentos completos      344

Sus pensamientos volaban y recorrían el cristal que a lo largo
de su vida le había impedido el contacto directo con el mundo. Tenía un deseo
apasionado de experimentar todo, de tocar todas las cosas, de dejar que las voces
de colores y los gritos de los pájaros se filtraran por todo su ser, y de adentrarse por
un instante en el alma de un transeúnte de igual forma a como uno se adentra en la sombra fresca de un árbol.

                                                           

 

 

martes, marzo 05, 2013

ALGO TIENE EL AGUA CUANDO LA BENDICEN.

 

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MO YAN  RANA   238

Mandó a un grupo de periodistas para grabar una escena en la que Hao Dashou modelaba sus muñecos bajo la luz de la luna.¿Habéis visto alguna vez ese documental?.Si no lo habéis visto ,no pasa nada porque es un programa del que se encargaba el mismo alcalde.Se llama celebridades de Dongbeixiang de gaomi.La primera temporada trata de los hijos de la luna  del maestro Hao;la segunda se titula”El maestro del abrevadero”;la tercera es “Un talento en Literatura”,el titulo de la cuarta es “El canto de las ranas”.Mirad,voy a hacer una llamada para que me entreguen los DVD de ese programa,los originales sin montar ni editar.También les voy a sugerir a los de la televisión que hagan una temporada entre vosotros.El titulo ya lo tengo pensado.Será “ La vuelta de los pasajeros perdidos”.Leoncita y yo nos estábamos riendo.Sabíamos que su conversación había alcanzado un nivel literario.No hace falta criticarle,¿por qué le íbamos a criticar ? Queríamos saber el final de la historia.Y esto fue lo que dijo: El maestro,que padecía de insomnio desde hacia muchos años,por fin se había quedado dormido en el abrevadero.Había entrado en un sueño profundo,como el niño que flota a lo largo del rio en una tabla de madera.Estaba emocionado y las lagrimas inundaban mis ojos.Solo los que no pueden dormir saben qué sufrimiento provoca el insomnio;además,solo los que han padecido alguna vez de insomnio saben que felicidad es dormir.

Roberto Bolaño
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Más terrible es mentirle, a los niños no se les debe
de mentir nunca, dijo Lola. Al quinto día de estar allí, cuando
estaban a punto de acabársele los fármacos que había traído de
Francia, Lola les dijo una mañana que tenía que marcharse. Benoît
es pequeño y me necesita, dijo. No, en realidad no me necesita,
pero no por eso deja de ser pequeño, dijo. No sé quién
necesita a quién, dijo finalmente, pero lo cierto es que tengo
que ir a ver cómo está. Amalfitano le dejó una nota en la mesa
y un sobre con buena parte de sus ahorros. Cuando volvió del
trabajo pensaba que Lola ya no estaría allí. Fue a buscar a Rosa
al colegio y se fueron caminando a casa. Al llegar vieron a Lola
sentada frente a la tele encendida pero con el sonido apagado,
leyendo su libro sobre Grecia.

Robert Graves
La Diosa Blanca      238-206=32

El rojo era el color más honorable para la vestimenta entre los antiguos galeses
según el poeta Cynddelw del siglo XII; Gwion lo compara con el triste hábito de los
monjes. De los novecientos relatos sólo menciona dos, ambos incluidos en el Libro
Rojo de Hergest:: La caza del Twrch Truyth (el verraco), verso 189, y El sueño de
Maxen Wledig (v. 162-3).
Los versos 206 al 211 pertenecen, según parece, a Can y Meirch, «La Canción
de los Caballos», otro de los poemas de Gwion, el que se refiere a una carrera entre los
caballos de Elphin y Maelgwyn, uno de los episodios del romance.
Una de las ilaciones más interesantes se puede formar con los versos 29-32, 36-
37 y 234-237:


Bardos mediocres fingen,
fingen un animal monstruoso,
con un centenar de cabezas,
una sierpe con penacho moteado,
un sapo que tiene en sus ancas
un centenar de garras,
con una joya preciosa engastada en oro
estay adornado;
y entregado al placer
por el trabajo agobiador del orfebre.

JAMES JOYCE
ULISES                  238

La belleza no está ahí. Ni en
la abúlica bahía de la biblioteca de March,
donde leíste las descoloridas profecías de
Joachim Abbas. ¿Para quién? La chusma de cien
cabezas en el recinto de la Catedral. Un odiador
de su clase huyó de ellos a los bosques de la
locura, su melena hirviendo de luna, sus pupilas
estrellas. Houyhnhnm, narices de caballo. Caras
equinas ovaladas. Temple, Buck Mulligan, Foxy
Campbell. Quijadas de farol. Padre Abbas,
furioso deán, ¿qué ofensa prendió fuego a sus
cerebros?

John Boyne
EL NIÑO CON EL
PIJAMA DE RAYAS            238

¿No quieres
verlos?
—Claro que sí —replicó ella, y avanzó con paso
vacilante—. Quítate de en medio —dijo, propinándole
un codazo.
Hacía una tarde radiante y soleada, y el sol salió
por detrás de una nube en el preciso instante en que
Gretel se asomó a la ventana; pero un momento más
tarde sus ojos se adaptaron a la luz, el sol se ocultó de
nuevo y la niña pudo ver exactamente a qué se refería
Bruno.

Lo que vieron por la ventana


Para empezar, no eran niños. Al menos no todos.
Había niños pequeños y niños mayores, pero también
padres y abuelos. Quizá también algunos tíos.
Y unas cuantas personas de las que viven en las calles
y que parecen no tener familia.
—¿Quiénes son? —preguntó Gretel, tan boquiabierta
como solía quedarse su hermano últimamente—.
¿Qué clase de sitio es ése?
—No estoy seguro —dijo Bruno, sin faltar a la
verdad—. Pero no es tan bonito como Berlín, eso sí
lo sé.
—¿Y dónde están las niñas? ¿Y las madres? ¿Y las
abuelas?
—A lo mejor viven en otra zona.
Gretel no quería seguir mirando, pero le resultaba
muy difícil apartar la mirada. Hasta entonces, lo
único que había visto era el bosque hacia el que estaba
orientada su ventana; parecía un poco oscuro, pero
quizá más allá hubiera algún claro donde hacer rae^
riendas campestres. Sin embargo, desde aquel lado
de la casa el panorama era muy diferente.
A primera vista no estaba tan mal. Justo debajo
de la ventana de Bruno había un jardín bastante
grande y lleno de flores en pulcros y ordenados arriates.
Parecían muy bien cuidados por alguien que hubiera
comprendido que plantar flores en un sitio
como aquél era una buena idea, como lo habría sido,
durante una oscura noche de invierno, encender una
velita en el rincón de un lúgubre castillo situado en
medio de un brumoso páramo.
Más allá de las flores había un bonito adoquinado
con un banco de madera, donde Gretel se imaginó
sentada al sol leyendo un libro. En el respaldo
del banco se veía una placa, pero desde aquella distancia
no logró leer la inscripción. El asiento estaba
orientado hacia la casa, lo cual podía resultar un
poco extraño, pero dadas las circunstancias la niña
lo entendió.
Unos seis metros más allá del jardín y las flores
y el banco con la placa, todo cambiaba: paralela a la
casa discurría una enorme alambrada, con la parte
superior inclinada hacia dentro, que se extendía en
ambas direcciones hasta más allá de donde alcanzaba
la vista. Era una alambrada muy alta, incluso más
que la casa donde se hallaban los niños, y estaba sostenida
por gruesos postes de madera, como los de
telégrafos, repartidos a intervalos. En lo alto, gruesos
rollos de alambre de espino enredados formaban espirales. Gretel sintió un escalofrío al ver las
afiladas púas.

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