miércoles, abril 09, 2008

NUMEROS QUE HABLAN-173-LA CARTA

JAMES JOYCE ULISES pag.173


 


 

Una gata sabia,

esfinge de ojos entreabiertos, observaba desde

su cálido sitial. Una lástima molestarlos.

Mahoma cortó un pedazo de su manta para no

despertar a su compañera. Ábrela. Y una vez yo

jugué a la bolita cuando iba a la escuela de esa

vieja maestra. Le gustaba el resedá. ¿Señora y

señor Ellis? Abrió la carta al abrigo del diario.

Una flor. Creo que es una. Una flor

amarilla de pétalos aplastados. ¿No está

molesta entonces? ¿Qué dice?

Querido Enrique:

Recibí la última carta que me escribiste y

que te agradezco mucho. Siento que no te haya

gustado la última mía. ¿Por qué incluiste las

estampillas? Estoy muy enojada contigo. Te

castigaría por eso. Te llamé pícaro porque no me

gusta esa otra palabra. Por favor dime cuál es el

verdadero significado de esa palabra. ¿No eres

feliz en tu casa, pobre muchachito pícaro?

Quisiera poder hacer algo por tí. Por favor dime

qué es lo que piensas de la pobrecita yo. Pienso

a menudo en el lindo nombre que tienes.

Querido Enrique ¿cuándo volveremos a vernos?

Pienso en ti tan a menudo que no puedes darte

una idea. Nunca me he sentido tan atraída por

un hombre. Me siento realmente trastornada.

Por favor escríbeme una carta larga y dime más.

Recuerda que si no lo haces te castigaré. Así que

ahora ya sabes lo que te haré, pícaro muchacho,

si no me escribes. ¡Oh!, cómo deseo volverte a

ver. Enrique querido, no rehúyas mi pedido

antes de que mi paciencia se agote. Entonces te

contaré todo. Adiós ahora, pícaro querido. Tengo

un dolor de cabeza tan fuerte hoy y escribe a

vuelta de correo a tu ansiosa.

MARTA.

ANDRÉ MALRAUX LA CONDICIÓN HUMANA pag.173

Tiene usted una carta para mí.Démela.El portero, asombrado,aunque siempre respetuoso,le alargó la carta.

¿Sabe usted, querido,que las mujeres persas, cuando son atacadas por la ira, zurran a sus maridos con sus babuchas erizadas de clavos? Son irresponsables. Y luego ¿No es asi?,vuelven a la vida ordinaria, a aquella en la que llorar con un hombre no las compromete, sino en la que acostarse con él las libera.

ANATOLE FRANCE EL FIGON DE LA REINA PATOJA pag.173

La vida de ese Eustaquio es un tejido de fábula ridícula. Lo propio

sucede con la de santa Catalina, la cual sólo ha existido en la imaginación

de algún picaro monje bizantino. No la quiero atacar, sin embargo, con

exceso, por ser la patrona de los escritores y la que sirve de divisa a la

librería del buen señor Blaizot, que es el lugar más delicioso del mundo.

—Llevaba también —repuso tranquilamente el hermanito— una

costilla de santa María Egipcíaca.

—¡Ah, ah!, en cuanto a ésa —gritó el abate mientras arrojaba al suelo

un hueso— la tengo por muy santa, a causa de que dio en vida un hermoso

ejemplo de humildad. Habéis de saber, señora

—agregó el abate tirando a mi madre de una manga— que santa María

Egipcíaca, yendo en peregrinación al sepulcro de Nuestro Señor, fue

detenida en su camino por un río muy profundo, y no teniendo dinero para

la barca, ofreció su cuerpo en pago a los barqueros. ¿Qué decís de esto, mi

buena señora?

Mi madre se informó primeramente de si la historia era cierta. Y cuando

le dieron seguridades de que se hallaba impresa en libros y pintada en los

vidrios de una ventana de la iglesia de la Jussienne, la tuvo por auténtica.

—Pienso —dijo— que es necesario ser tan santa como ella para hacer

otro tanto sin pecar. Yo no me arriesgaría.

—Por mi parte —dijo el abate—, de acuerdo con los doctores más

esclarecidos, apruebo la conducta de aquella santa. Es una lección para las

mujeres honradas que se obstinan con excesiva soberbia en su altanera

virtud. Existe algún sensualismo, si se piensa bien en ello, en conceder un

precio exagerado a la carne, y en defender, con no menos exagerado celo, lo

que debe despreciarse. Se ven, con frecuencia, matronas que creen tener en

sí mismas un tesoro que guardar, y que exageran visiblemente el interés

que conceden a su persona Dios y los ángeles. Se creen una especie de

Santo Sacramento natural. Santa María Egipcíaca juzgaba mejor. Aunque

hermosa y bien formada, estimó excesiva soberbia detenerse en su santa

peregrinación, por una cosa indiferente por sí, que sólo es un punto de

mortificación, y no un objeto precioso. Lo mortificó, señora, entrando con

su admirable humildad en el camino de la penitencia, donde realizó

esfuerzos maravillosos.

—Señor abate —dijo mi madre—, no os entiendo. Sois demasiado sabio

para mí.

—Esta gran santa —dijo el hermano Ángel— hállase pintada al natural

en la capilla de mi convento, y todo su cuerpo está cubierto, por la gracia

de Dios, de un vello largo y espeso. Se han sacado copias de ese cuadro, de

las cuales os traeré una bendecida, mi buena señora.

Mi madre, conmovida, le pasó la sopera por detrás del maestro. Y el

buen hermano, al amor de la lumbre, metió el hocico en el aromático

caldo.

—Ha llegado el momento —dijo mi padre— de descorchar una de esas

botellas que reservo para las grandes fiestas, tales como Navidad, los Reyes

y San Lorenzo. Nada más agradable en el mundo que saborear un buen

vino, cuando está uno tranquilo en su casa y al abrigo de inoportunos.

Apenas había pronunciado estas palabras, cuando la puerta se abrió, y

un hombre de elevada estatura y muy moreno penetró en el figón entre

una ráfaga de viento y de nieve.

—¡Una salamandra! ¡Una salamandra! —exclamó. Y sin cuidarse de

nadie, inclinóse hacia el hogar, escarbando los tizones con la contera de su

bastón, lo cual desagradó al hermano Ángel, obligándole a tragar con su

sopa ceniza y pavesas, que le hicieron toser y estornudar estrepitosamente.

Y el hombre negro seguía removiendo los tizones gritando: «Una

salamandra... ¡Veo una salamandra!», mientras el resplandor de los tizones

removidos agitaba su sombra en el techo en forma de ave de rapiña.

GION MATHIAS CAVELTY AD ABSURDUM pags.129 173-129=44

Infierno de amor

¿Quieres leerlo?-me preguntó Pentesilea unos días más tarde-.Es mi primer poema.

Dámelo-dije,y recorrí la hoja de arriba abajo-.No está mal para ser el principio. El titulo es sólido y despierta el interés:"Infierno de amor".Los primeros versos también parecen buenos:"En un infierno estoy/Donde amor,tu furia me persigue/y ningún tormento de ardor y frescura…."Pero entonces:"En el reino de sonbras de las arenas del Tártaro…"Mmmm,no sé.Suena muy pomposo.Reino de sombras del Tártaro…¿Qué se supone que el lector debe imaginarse?"Tártaro "suena a carne cruda, y"arenas", a función de circo.


 

ROBERTO BOLAÑO 2666 pag.173

Y sí, en efecto, asistieron a la barbacoa de borrego, y sus

movimientos fueron medidos y discretos, como los de tres astronautas

recién llegados a un planeta donde todo era incierto.

En el patio donde se celebraba la barbacoa contemplaron múltiples

agujeros humeantes. Los profesores de la Universidad de

172

Santa Teresa demostraron inusitadas dotes para las labores del

campo. Dos de ellos hicieron una carrera a caballo. Otro cantó

un corrido de 1915. En un tentadero de reses bravas algunos

ensayaron la suerte del lazo, con desigual fortuna. Cuando apareció

el rector Negrete, que había permanecido encerrado en la

casa mayor con un tipo que parecía ser el capataz del rancho,

procedieron a desenterrar la barbacoa, y un olor a carne y a tierra

caliente se extendió por el patio bajo la forma de una delgada

cortina de humo que los envolvió a todos como la niebla

que precede a los asesinatos y que se esfumó de manera misteriosa,

mientras las mujeres llevaban los platos a la mesa, dejando

impregnadas las vestimentas y las pieles con su aroma.

Aquella noche, tal vez por efecto de la barbacoa y de la bebida

ingerida, los tres tuvieron pesadillas, que al despertar, aunque

se esforzaron, no pudieron recordar. Pelletier soñó con una

página, una página que miraba al derecho y al revés, de todas

las formas posibles, moviendo la página y a veces moviendo la

cabeza, cada vez más rápido, aunque sin encontrarle ningún

sentido.

SUSAN SONTAG EL AMANTE DEL VOLCAN pag.173


 

"Todo lo tuyo será lo principal;

Y cada orilla a la que dé vueltas, tuya."


 


 

Detrás, muy cerca, unas quinientas falúas, barcazas, yates y barcas de pescador balanceándose e interceptándose, llenas de gente que gritaba, saludaba. Cuando el grupo real y el Cavaliere y su esposa subieron a bordo, aclamaron al Rey y el héroe retiró el parche verde que llevaba sobre el ojo y lo guardó en su bolsillo.

Nuestro liberador, dijo el Rey. Libertador y protector, dijo la Reina. Ah, exclamó la esposa del Cavaliere al verle, ojeroso, tosiendo, pelo empolvado pero demasiado largo, su manga derecha vacía prendida al pecho de su uniforme, un rojo chirlo sobre su ojo ciego, donde le había golpeado un fragmento de metralla durante la Batalla del Nilo. ¡Ah! Y cayó sobre él.

Cayó en mi brazo, fue una escena muy cariñosa, le contó el héroe a su esposa en una larga carta en la que hablaba de la magnificencia de su recepción: la bahía abarrotada de barcos que le daban la bienvenida, los estandartes, las salvas de saludo, el cañón retumbando desde las murallas de Sant'Elmo sobre la ciudad y los vivas de multitudes engalanadas con terciopelo y galones de oro acercándose a él cuando bajó a tierra, agitándose detrás suyo por las calles. La luz solar hería su ojo cuando no llevaba el parche, y Nápoles tenía mucha luz solar. Pero llegó la bendita noche, con la espléndida exhibición de fuegos artificiales que acabaron con la bandera británica y sus iniciales alineadas en el cielo, y hogueras y bailes en las bulliciosas plazas en plena ebullición. Mi recibimiento por parte de las clases bajas fue verdaderamente entusiasta. En la mansión del Cavaliere tres mil lámparas se encendieron para un banquete al que asistió el deferente Almirante Caracciolo, que él disfrutó y soportó.

Le dolía el brazo derecho, el miembro fantasma que empezaba muy cerca de su hombro derecho; le atormentaban ataques de tos, tenía fiebre. Se había contenido, odiaba quejarse. Siempre había sido menudo y delgado, pero era fuerte. Sabía cómo soportar lo insoportable. Sentirse enfermo era como una ola. Uno tenía que aguantar y pasaría. Incluso la agonía de la amputación, sin un trago de ron y la agonía suplementaria, debida a la ineptitud del cirujano, cuando el muñón supuró durante tres meses, incluso aquello fue una ola.

Como las olas que balancean el barco del dolor; la pequeña barca que apartó a remo al héroe de la batalla que él nunca tuvo ocasión de librar. La barca de un héroe diestro que desenfundó su espada para capitanear un asalto anfibio, durante la noche, contra un fuerte español; la barca que recibió su cuerpo sin sentido al caer hacia atrás, su codo derecho destrozado por la metralla, y que sus frenéticos hombres hicieron virar y adentraron en la bahía, confiando en alcanzar el buque insignia antes de que él muriera por la pérdida de sangre. Había recuperado la conciencia, arañando el torniquete cercano a su hombro, cuando pasaban a bordo de uno de sus cúteres, al que habían alcanzado bajo el agua y se estaba hundiendo, y él insistió en pararse y recoger a los supervivientes... Más olas, otra hora antes de llegar al ensombrecido Theseus, meciéndose anclado en las sombras. Furioso con los que le habrían ayudado. ¡Dejadme solo! ¡Aún tengo piernas y un brazo!, enrolló una cuerda por su brazo izquierdo y él mismo se subió a bordo, pidió que viniera el cirujano y le cortara el brazo, muy arriba, donde estaba el torniquete, y al cabo de media hora ya estaba en pie, dando órdenes a su comandante en jefe con una voz severa, tranquila.

Ahora era un héroe zurdo.

lunes, abril 07, 2008

TRASVASE-EBRO



Blanca Lahuerta y Mariano Forns - Mariano Forns  Que se llama transfusión
Blanca Lahuerta y ...
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Con esto del minitrasvase,esta jota va de cine.

domingo, abril 06, 2008

POR CUAL EMPEZAR

EL VINO



Hay una feliz expresión, «Círculo de Calidad», para referirse al vino elaborado en condiciones de perfección, es decir, cuando se han cuidado las técnicas de las cuatro áreas de ineludible control que se refieren, en primer lugar, al terreno de implantación de cepas (su constitución estructural, orografía, climatología) y las características del cultivo (abonado, laboreo, poda), y después a la transformación de la uva (su recogida, transporte, prensado, tratamientos durante la conversión en mosto) y los procesos de la vinificación hasta situar el producto final, el mejor vino, en las redes de distribución y consumo.

Esta tecnología ha superado un largo camino de ensayos, aciertos y fracasos, desde tiempos inmemoriales. Casi cuatro mil años antes, los mitógrafos nos presentan un escanciador olímpico, Ganímedes, sirviendo en el vaso de oro —cubilete, gobelet, anáglifo— de Zeus, dios de dioses, primer catador y juez terrible, un cierto precioso líquido, sensual y embriagador, cultivado por su hijo Dioniso y su enloquecida cohorte dionisiaca.

El líquido divino era entonces la consecuencia de un proceso de elaboración necesariamente rústico cuyo origen se escribe a partir de una «cepa de vid» denominada ámpelo, con argumento etimológico que nos transcribe Ovidio. La «cepa de vid» toma el nombre de aquel Ámpelo, hijo de sátiro y ninfa, y amado por Dioniso. El agradecimiento del dios por los placeres recibidos se manifiesta en el regalo de una trepadora vinífera que se encaramaba a un olmo de la que colgaban preciados racimos. Envenenado obsequio que le supuso la muerte, cuando, al trepar el mancebo para recoger los frutos, se desprendió junto a ellos fatalmente. El dios lo convertiría en constelación, para preservar por toda la eternidad su dulce nombre.

La ampelidácea cursa un curioso proceso —misterioso, trágico y sublime— a lo largo de las mitologías griega y romana (no menos escabroso del que se sigue en otros escritos sagrados, como la Biblia). Así, Eneo también presta a su mujer Altea para el vicio de Dioniso, y esta engendra a Deyanira. El premio fue el regalo de la primera viña griega y las enseñanzas de su cultivo. Estrujando el fruto y mezclando ese mosto con agua del río Aqueloo, en Etolia, obtendría el primer vino: Eneo, pues, según Apolodoro, merced a la transacción, se convierte en el enólogo primordial.

Otra leyenda cuenta de distinta forma el origen de las cepas: Una de las perras de Oresteo, rey de Etolia, hijo de Deucalión, dio a luz un trozo de madera y el rey decepcionado lo enterró. Pero del tronco brotó una magnífica cepa, que producía grandes racimos. Para conmemorarlo, Oresteo dio a su hijo el nombre de Fitio, que significa brotar. Fitio sería luego el padre del rey Eneo. Esta variante viene a decirnos que los enólogos no nacen por generación espontánea...

Veamos otro caso: Una profecía subvierte el destino de Calcante, quien plantó una viña en el bosque sagrado de Apolo en la Eólide. Un profeta aborigen predice que nunca bebería vino del cultivo. La viña crece, da fruto, que finalmente se elabora y, en el momento del vino nuevo, Calcante invita a los vecinos, así como al profeta, a un flagrante desafío. Escanciado el vaso, cuando se dispone a beber su contenido, el santón insiste en que no llegará a beberlo. Calcante, descreído, tiene un acceso de risa que lo ahoga, ahora efectivamente, sin haber podido llevar el líquido a sus labios.

Hay más: Erígone, hija del ateniense Icario, que había dado hospitalidad a Dioniso cuando éste bajó a la tierra a traer a los hombres la vid y el vino, lo enamoró engendrando al héroe Estáfilo, nombre que se traduce como «racimo». El dios obsequiaría a Icario con un odre de vino y le ordenaría invitar al vecindario. Embriagados unos pastores, y creyendo que habían bebido veneno, le dan muerte a palos y abandonan su cadáver. El perro Mera revela con sus ladridos a Erígone el lugar del cuerpo insepulto. Al descubrirlo, esta se ahorca y Dioniso se venga mandando una plaga innombrable. Las doncellas de Atenas, en sucesión, y enloquecidas, se van ahorcando. El oráculo revela la venganza del dios. Entonces los atenienses castigan a los criminales e instituyen en honor de Erígone una fiesta durante la que algunas mujeres se colgaban de árboles. Pero Mera también es el nombre de la madre de Locro, hija de Atlante y esposa del rey Tegeates, uno de los hijos de Licaón, epónimo de la ciudad de Tegea. Ciertos mitógrafos pretenden que esta Mera haya sido en realidad el perro de Orión.

Orión es un gigante cazador, hijo de Posidón y Euríale. Se le consideraba nacido de Gea, la Tierra, como uno de los gigantes. Por su genealogía tenía el poder de andar sobre las aguas. Bello y de prodigiosa fuerza, en Quíos, siendo huésped de Enopión, a quien ayudó a aniquilar las fieras que infestaban la isla, se enamoró de Mérope, su hija, pero Enopión no consintió en el matrimonio. Orión, embriagado, trata de violar a Mérope. Es así que el padre lo cegó, mientras dormía. Después de algún tiempo, Hefesto le ofrece al niño Cedalión quien, subido a sus hombros, le guiaba siempre de cara a Levante. Fue así como Orión recuperó la vista.

Si repasamos la genealogía olímpica puede observarse que el gigante aparece como descendiente de dioses de primera generación, concretamente Cronos y Rea. Sin embargo Enopión (el Bebedor de Vino) —que había introducido en Quíos el consumo del vino tinto, cuya técnica de elaboración trajo o de Creta o de Lemnos o de Naxos—, siendo hijo de Ariadna y Dioniso, es obviamente descendiente de dioses de generaciones posteriores, pues ya Dioniso es hijo de Sémele, esta de Cadmo y Harmonía y estos a su vez nietos de Posidón. En el ínterin se ha construido el mundo, los dioses habitan el Olimpo, se ha producido el diluvio mítico y Deucalión y Pirra han generado la nueva raza de hombres: El secreto del «fuego» divino, por cierto, que Prometeo revela al mundo, ¿acaso no eran tecnologías que más tarde Dioniso enseñara a los vinicultores?

miércoles, abril 02, 2008

EL SILBATO DE LA MUERTE DE LOS MAYAS



EFE

Un equipo de investigadores mexicanos ha logrado reproducir el sonido del silbato de la muerte, un instrumento en forma de calavera que se utilizaba en las ceremonias mortuorias de las antiguas culturas mesoamericanas, informó hoy el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Los científicos descubrieron, además, que si se tocan dos silbatos de la muerte de forma simultánea se genera en quien los escucha estados alterados de la conciencia, psicodélicos y alucinógenos.

La investigación se realizó a partir de un silbato encontrado en el Cerro del Judío, ubicado en las cercanías de la capital del país, que conserva intacto su sistema sonoro.

Éste consiste en un orificio por el que el aire inyectado pasa a una cámara de caos y de ésta a una nueva cámara sin salida, lo que hace que el aire regrese y choque con el que entra, generando así el sonido.

La buena preservación del objeto se debió a que está fabricado en barro, mientras que otros silbatos similares se elaboraron a partir de materiales perecederos, como cáscaras de frutos, semillas, huesos o carrizo.

Multiples usos

Estos instrumentos se utilizaron desde el año 400 antes de Cristo hasta el 1.300 d.C. en ceremonias mortuorias de las culturas mexicanas y mayas, aunque por el momento las investigaciones no han ahondado en su función.

"Los silbatos mesoamericanos son más complejos de lo que se piensa, existían en una gran diversidad y tenían muchos otros usos", destacó el ingeniero director de la investigación, Roberto Velázquez, quien ha dedicado 10 años al estudio de aparatos sonoros.

Entre los posibles empleos de este silbato, cuyo alcance oscila entre 300 y 500 metros, el científico apuntó el militar o de comunicaciones.

martes, abril 01, 2008

YASMIN LEVY-SEFARAD




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domingo, marzo 30, 2008

MI BARAJA ATOMICA

 

Con esto de la Barca de Caronte,las Farc y las armas de destrucción masiva,consulto mi baraja  y me sale el 124.Veamos.

ANDRÉ MALRAUX       LA CONDICIÓN HUMANA      pag.124

Porque no me gusta que las mujeres a quienes amo sean besadas por los demás.Conocía a los terroristas.Formaban parte de un grupo:insectos matadores,vivían de su unión en una estrecha colectividad trágica.Kyo caminaba en dirección del puerto."Su barca será detenida a la salida...."

VLADIMIR NABOKOV    LOLITA                             pag.124

¿Cuando te enamoraste de mama?.Algún día,Lo,comprenderas muchas emociones  y situaciones;por ejemplo,la armonía,la belleza de la relación espiritual.¡Bah!-dijo la cínica ninfula.Pausa un poco tonta en el dialogo,colmado por el paisaje.Mira,Lo,todas esas vacas en la colina.Creo que vomitare si vuelvo a ver una vaca.

MIGUEL ANGEL ASTURIAS   EL PAPA VERDE  pag.124

Déjelo en mis manos —zanjó el gerente de la Divi­sión del Pacífico— y lo que sí aseguro al señor vicepre­sidente, le aseguramos con el señor juez, es que los herederos que se llaman Ayuc Gaitán y Cojubul marchan a los Estados Unidos y allá se quedan por mucho tiempo...

—Y de esos Lucero —añadió el juez— marche el señor vicepresidente tranquilo, que yo me encargo: no yo, las leyes; ley sobre herencia, impuestos acumulativos, ausen­tismo —porque si no se ausentan los ausentamos— y contribuciones que siempre hay tiempo de procurar que vote el Congreso. Si un rico quiere ser rico debe portarse como rico, y en ese caso el Estado lo ampara, le dan las autoridades los medios legales para aumentar su ca­pital, pero éstos que sobre ser ricos quieren ser reden­tores...

—El caso de Mead... —dijo Maker Thompson.

—El caso de Mead —repitió el juez—, que si no lo re­coge ese piadoso «viento fuerte» acaba crucificado...

—¿Crucificado por ustedes? —indagó el gerente.

—Por nosotros o por cualquiera, crucificado, fusilado, ahorcado.

—No, amigo... —intervino el vicepresidente—, Stoner ser ciudadano norteamericano... Cristo no ser ciudadano norteamericano, por eso haberlo crucificado...

—¡Manos a la masa!... —exclamó Maker Thomp­son—... ¡Y hay que maniobrar con máximo cuidado por­que no es harina, sino oro, y el oro se llega a convertir en alto tan delgado, tan infinitamente delgado, que acaba por ser un viento rubio, viento que de aquí va caluroso, pero que en la Casa Blanca y en el Congreso, al llegar a las riberas del Potomac, sopla muy fresco!

ANATOLE FRANCE  LA REBELION DE LOS ANGELES   pag.124

—¡Vendido! ¿A quién? —preguntó el señor Sariette, anonadado.

—¿A usted qué le importa? Bástele saber que no solamente no vera más el dichoso libro, sino que ni siquiera le hablará nunca de él. Se lo lleva un yanqui.

—¡Un yanqui!… Mi Lucrecio, con el escudo de Felipe de Vendome y anotado por Voltaire… ¡se lo lleva un yanqui!

El viejo Guinardon reía estrepitosamente, y dijo:

—Amigo Sariette, me recuerda usted al amante de Manón Lescaut cuando le anuncian que su querida va deportada al Mississippí: "¡Mi adorable Manón al Mississippí!…”

—¡Imposible! —replicó el señor Sariette, muy pálido—; ese libro no se lo llevará un yanqui; ha de volver a la biblioteca Esparviana, de donde salió. Tenga usted la bondad de entregármelo.

Por segunda vez el anticuario desvió la conversación, que ya entraba en camino escabroso.

—Amigo Sariette, usted no me habla de mi Greco; ni siquiera lo mira, y ¡es magnífico!

Graves, Robert El Vellocino de Oro
Verterán libaciones para vuestras formas de serpiente,
Para que podáis beber.
los ojos de Atalanta, Meleagro e Hilas, los argonautas que regresaban al barco parecían dioses en
ez de hombres; alrededor de cada frente brillaba un tenue nimbo de luz. Pero cuando subieron por
escalera al barco y se volvieron a poner sus ropas, la gloria se desvaneció; volvían a ser hombres,
unque hombres cambiados.
- 124

kENNEDY tOOLE  LA CONJURA DE LOS NECIOS  pag.124

El patrullero Mancuso miró el reloj. Llevaba ya ocho horas en la estación de autobuses. Era tiempo ya de entregar el disfraz en la comisaría y regresar a casa. No había detenido a nadie en todo el día y, además, parecía haber cogido un catarro. Allí hacía mucho frío y había mucha humedad. Estornudó e intentó abrir la puerta; pero no se abría. Sacudió la manilla, forcejeó en la cerradura, que parecía trabada. Tras más o menos un minuto de esfuerzos y empujones, gritó: «¡Socorro!»

VLADIMIR NABOKOV  CUENTOS COMPLETOS   pag.124

Todo esto no son más que fruslerías, padre. He leído un libro sobre la guerra de Afganistán donde me he enterado de tus correrías y de la razón de que te condecoraran. Fue una estupidez, una ligereza, un acto suicida, pero después de todo, fue una hazaña. Eso es lo que cuenta. Mientras que tus disquisiciones no son más que tonterías. Buenos días.

Y el coronel se quedó allí de pie, solo, en mitad del camino, helado de ira.

RUSDIE SALMAN   VERSOS SATANICOS   pag.124

Él irradia movimiento, de día y de noche. Khalid, su hijo, entra en su retiro con un vaso
de agua que sostiene con la mano derecha sobre la palma de la izquierda. El Imán bebe agua
constantemente, un vaso cada cinco minutos, para mantenerse limpio; el agua en sí también es
purificada, antes de que él la beba, en una máquina filtradora americana. Todos los jóvenes de
su entorno conocen bien su famosa Monografía sobre el Agua, cuya pureza, cree el Imán, se
transmite al que la bebe, así como su claridad y simplicidad, el ascético placer de su sabor. «La
Emperatriz bebe vino», señala. Los borgoñas, los claretes y los vinos del Rin mezclan su tóxica
corrupción dentro de su cuerpo, a un tiempo bello y degenerado. Este pecado es suficiente para
condenarla por los siglos de los siglos sin esperanza de redención. El cuadro que tiene en su
habitación muestra a la emperatriz Ayesha sosteniendo con las dos manos un cráneo humano
lleno de un fluido rojo oscuro. La Emperatriz bebe sangre, pero el Imán es hombre de agua.
«No en vano los pueblos de nuestras tórridas tierras la reverencian —proclama la
Monografía—. El agua, protectora de la vida. Ningún individuo civilizado puede negársela a un
semejante. La abuela, por artrítica que esté, se levantará inmediatamente para ir al grifo si un
niño se le acerca para pedirle pani, nani. Guardaos de los que blasfeman contra ella. El que la
contamina, diluye su propia alma.»
El Imán con frecuencia ha desatado su furor contra la memoria del difunto Aga Khan, a
raíz de que le mostraran el texto de una entrevista en la que aparecía el jefe de los ismailitas
bebiendo champán. Oh, caballero, este champán es sólo aparente. En el instante en que toca
mis labios se convierte en agua. Diablo, ruge el Imán. Apóstata, blasfemo, farsante. Cuando
llegue el futuro, estos individuos serán juzgados, dice a sus hombres. El agua triunfará y la
sangre correrá como el vino. Tal es la milagrosa naturaleza del futuro de los exiliados: lo que se
dice en la impotencia de un apartamento sobrecalentado se convierte en el destino de naciones.
¿Quién es el que no ha tenido este sueño, de ser rey por un día? Pero el Imán sueña con algo
más que un día; siente que de las yemas de sus dedos parten los hilos de araña con los que ha
de controlar el movimiento de la Historia.
No; de la Historia, no.
El suyo es un sueño más extraño.

EL CORAN  SURA XVI  LA ABEJA

113. Dios os propone por objeto de comparación una ciudad que gozaba de seguridad y de tranquilidad. Dios le había dado ali­mento en abundancia; pero se mostró ingrata a los beneficios de Dios y la ha castigado con el hambre y el terror como premio a las obras de sus habitantes.

114. Un apóstol se levantó en media de ellos y ellos lo trataron de impostor; el castigo de Dios les sorprendió, porque eran injustos.

115. Alimentaos de los alimentos que Dios os concede, de los alimentos lícitos y buenos, y sed agradecidos a los beneficios de Dios, si es él a quien adoráis.

116. Os ha prohibido alimentaros de la carne de los animales muertos, de sangre y de carne de cerdo, así como de todo alimento sobre el cual se haya invocado un nombre distinto del de Dios; pero si alguien se ve obligado a ello y si no lo hace como transgresor refle­xivo y como rebelde, Dios es indulgente y misericordioso; él se lo per­donará

AUSTER,PAUL  Mr.VERTIGO    pag.124

¿Cómo resistirse a un tipo así? Yo había hecho todo lo que podía para endurecer mi corazón ante él, pero me trató de un modo tan amistoso que no pude remediar sucumbir a sus atenciones. Seguía siendo el gran Dean, después de todo, mi espíritu afín, mi alter ego caído en desgracia, y cuando se abrió a mi de esa manera, caí directamente en la trampa de mi viejo hechizo.

No diría que se convirtió en un cliente habitual del club, pero pasó por allí con suficiente frecuencia durante las próximas seis semanas como para que iniciásemos algo más que una relación pasajera. Vino solo unas cuantas veces para cenar temprano (echándoles a todos los platos chorros de salsa de carne Lea & Perrins) y yo me sentaba a charlar con él mientras devoraba su comida. Evitábamos el tema del béisbol y hablábamos principalmente de caballos, y desde que le di un par de excelentes sugerencias sobre dónde apostar su dinero empezó a escuchar mis consejos. Debería haberle hablado francamente entonces, haberle dicho lo que pensaba sobre su regreso, pero incluso después de que chapuceara sus primeras entradas de la temporada, poniéndose en ridículo cada vez que salía al campo, no le dije una palabra. Para entonces le había cogido mucho afecto, y como el pobre hombre se esforzaba tanto en hacerlo bien, no fui capaz de decirle la verdad

AUSTER,PAUL  TRILOGIA DE NUEVA YORK     pag.124

Una vez, cuando teníamos unos quince años, me convenció para que pasara el fin de semana con él en Nueva York, deambulando por las ca­lles, durmiendo en un banco en la vieja estación de Penn, ha­blando con los vagabundos, viendo cuánto tiempo podíamos aguantar sin comer. Recuerdo que nos emborrachamos a las siete de la mañana del domingo en Central Park y vomitamos en el césped. Para Fanshawe aquello era esencial -un paso más para comprobar cuánto valías-, pero para mí era única­mente sórdido, una miserable caída en algo que yo no era. Sin embargo, continué acompañándole, un testigo perplejo, parti­cipando en la búsqueda sin ser plenamente parte de ella, un Sancho adolescente a horcajadas de mi burro, viendo cómo mi amigo batallaba consigo mismo

MARTIN GAITE,CARMEN  CAPERUCITA EN MANHATTAN    pag.124

—¡Qué raro ese coche!, ¿verdad? —dijo la niña.
—Es donde suelen ir metidos los millonarios. Se ven bastantes por Manhattan. Se llaman limusines, y llevan teléfono, bar, televisión, en fin, hija, de todo. Vamonos de aquí, anda, si no te importa, que luego me sacan en alguna foto y se creen que vengo a estos sitios para presumir.
La niña la miró.
—¿Tú has sido artista? Mi abuela ha sido artista.
—Yo no —dijo miss Lunatic—. Pero sí he sido musa de un artista.
—No sé bien lo que es musa —dijo la niña—. ¿No son unas que llevan alas?
Miss Lunatic se sonrió y oprimió con cariño la manita que se entregaba confiada a la suya.
—Puede que algunas tengamos alas, sí. Pero mi caso, de todas maneras, es especial, y desde luego largo de contar.
Vamos a cruzar en esa dirección, anda, que esta gente
se ha creído que la calle es suya.
A la luz de las farolas, el aire se racheaba de minúsculos
copos de nieve. La niña levantó los ojos hacia el cielo, hacia los remates de los altísimos edificios coronados
por jardines frondosos, balaustradas y estatuas, surcados
de anuncios luminosos que se sucedían sin cesar: letras y dibujos persiguiéndose de forma vertiginosa, enredándose
unos con otros, desapareciendo o alternándose en un derroche de fantasía. La niña se soltó de la mano de miss Lunatic y dio un brinco con los brazos tendidos hacia el cielo.
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—¡Oh, soy libre! —exclamaba—. ¡Libre, libre, libre!
Y las lágrimas volvieron a correr por sus mejillas sonrojadas
de frío.