jueves, agosto 20, 2009

Magicicade, una fiesta reproductiva sincronizada cada 17 años

EL 17

 
 

Enviado por alcotas a través de Google Reader:

 
 

vía ViSioN BeTa de noreply@blogger.com (MEC) el 11/08/09

El fenómeno podría suceder en numerosas ciudades del estado de Ohio, aunque es "inusualmente común" en extensas regiones de Estados Unidos. Tras diecisiete años silenciosos, empiezan a emerger de las entrañas de la tierra  un ejército de seres "mutantes" capaces de emitir un sonido ensordecedor durante varios días.

El evento del que hablamos no corresponde a la ciencia ficción. Se trata de un curioso comportamiento de una especie de la familia de las cigarras (Cicadidae) conocidas como Magicicada, endémica de extensas regiones de América del Norte. Tras diecisiete años viviendo bajo tierra y alimentándose de la savia de las raíces, las cigarras experimentan un fenómeno de sincronización único en el que responden al llamado reproductivo.

Para sorpresa de niños y adolescentes que jamás presenciaron el evento la fiesta reproductiva de las cigarras será toda una experiencia, especialmente sonora. Si resulta difícil soportar durante pocos minutos el vídeo, imaginemos lo que sería presenciarlo durante varios días:

Para responder al llamado, después de años de reclusión, es necesario una renovación de traje acorde a la ocasión: las cigarras trepan los árboles para experimentar su metamorfosis a un cuerpo de adulto, desplegando sus alas y genitalia para el apareamiento. El "festival de canto" ensordecedor se desata como una pesadilla para los habitantes del área.

Luego del apareamiento, los machos mueren mientras que las hembras tendrán un tiempo extra para poner sus huevos. Los insectos jóvenes, apenas verán la luz, para pasar bajo tierra 17 largos años, hasta nuevo aviso. Podemos consultar el calendario de las cigarras (magicicada) en wikipedia.

Si te ha gustado, menéalo

(La referencia sobre el fenómeno de las magicicada lo extraje de un documental de Discovery Channel sobre Mega Enjambres)


 
 

Cosas que puedes hacer desde aquí:

 
 

lunes, julio 20, 2009

18 DEL 7 DEL …………..DRAGON RAPIDE

 

Carlos Ruiz Zafon   El Principe de la niebla   pag.187

Las últimas semanas del verano trajeron nuevas noticias de aquella guerra, que
según todos decían, tenía los días contados. Maximilian Carver había inaugurado su
relojería en un pequeño local cerca de la plaza de la iglesia y, al poco tiempo, no
quedaba habitante del pueblo que no hubiese visitado el pequeño bazar de las
maravillas del padre de Max. La pequeña Irina se había recuperado cornpletamente y
no parecía recordar el accidente que había sufrido en las escaleras de la casa de la
playa. Ella y su madre acostumbraban a hacer largos paseos por la playa en busca de
conchas y pequeños fósiles con los que habían empezado una colección que aquel
otoño prometía ser la envidia de sus nuevas compañeras de clase.
Max, fiel al legado del viejo farero, acudía con su bicicleta cada atardecer hasta la
casa del faro y prendía la llama del haz de luz que habría de guiar
a los barcos hasta el nuevo amanecer. Max subía a la atalaya y desde allí
contemplaba el océano, tal y como hizo Víctor Kray durante casi toda su vida.
Durante una de esas tardes en el faro, Max descubrió que su hermana Alicia solía
volver a la playa donde se había alzado la cabana de Roland. Venía sola y se sentaba
junto a la orilla, extraviando su mirada en el mar y dejando pasar las horas en
silencio. Ya nunca hablaban como lo habían hecho durante los días que habían
compartido con Roland y Alicia nunca mencionaba lo sucedido aquella noche en la
bahía. Max había respetado su silencio desde el primer día. Al llegar los últimos días
de septiembre, que presagiaban el principio del otoño, el recuerdo del Príncipe de la
Niebla parecía haberse desvanecido definitivamente de su memoria como un sueño a
la luz del día.
A menudo, cuando Max observaba a su hermana Alicia abajo en la playa, evocaba
las palabras de Roland cuando su amigo le había confesado el temor de que aquél
fuera su último verano en el pueblo si era reclutado. Ahora, aunque los hermanos
apenas cruzaban una palabra al respecto, Max sabía que el recuerdo de Roland y de
aquel verano en que descubrieron juntos la magia permanecería con ellos y los uniría
para siempre.

Francisco Umbral   El cesar visionario  121 pags.      187-121=66

La novicia Camila le ha presentado a Francesillo un cabo de prisiones que les
secunda a distancia, discretamente. Al pasar por delante de un portón cerrado, lo que
fuera lagar del abuelo Cayo, Francesillo escucha un misterio de voces broncas,
gemidos, latigazos del aire y como un girar de silenciosas y chirriantes poleas. Se diría
que allí se fabrica la muerte.
-Aquí se tortura, ¿no?
La novicia Camila le pone una mirada de discreción corno recordándole la cercanía
del cabo.
-La muerte jamás ha estado tan desprestigiada como lo está hoy en España, Camila.
La novicia baja los ojos y no dice nada; entornando la conversación que el
muchacho hace tan peligrosa.
-Desde que Miilán Astray gritó «viva la muerte», la muerte ya no vale nada, ni la
vida.
Esta humanidad adunada, este aduar de miseria y miedo, de dolencia y rebeldía,
esta familia inmensa y desolada, familia de desconocidos cuyos vínculos ha ido
bordando despacio la muerte, gran cosedora, llenan las bodegas de un olor a
primavera y cementerio, a primavera podrida y dulce cementerio de vivos. Es quizá el

olor de la muerte heroica. Y por sobre todo ello Francesillo cree percibir, como el ángel
del vino, un perfume remoto de cosechas rojas y de oro, la sepultada catedral y los
alcoholes del abuelo. Hay ojos como cuchillos de cocina que le miran sin mirada. «Esto
es al revés de los discursos de Franco, tengo que escribirlo en una carta a mamá.

Gore Vidal   Creacion  pag 187

Cuando un fuego se apaga por falta de combustible, pues... se acaba, se extingue.

—Has contestado a tu propia pregunta sobre si un hombre santo ha renacido o no. Esa pregunta no tiene sentido. Como el fuego que se extingue por falta de combustible que quemar, se acaba, se extingue.

—Ah —dijo el joven—, comprendo.

—Quizá comiences a comprender.

El Buda miró en mi dirección. No puedo decir que en ningún momento me mirara.

—Muchas veces hemos tenido esta discusión —dijo—. Siempre empleo la imagen del fuego porque parece fácil de entender.

Hubo un largo silencio.

Bruscamente, Sariputra anuncio:

—Todo lo que está sometido a causas es un espejismo. —Se creó otro silencio. Para ese momento, yo había olvidado las preguntas que me proponía formular. Como ese fuego proverbial, mi mente se había apagado.

Andres Trapiello  La noche de los cuatro caminos   pags-130     187-130=57

No parece verosímil que en medio de las torturas tuviese Plaza pujos de
novelista de intriga y montara pistas falsas para la policía. En cualquier caso, sabemos que ni los
policías que siguieron la pista A detuvieron a Chamorro ni los que seguían la pista B dieron con
Manzanares. Quien no dio con ellos, desde luego, he sido yo.
El caso es que Chamoro, dedicado hasta ese momento a la recluta de guerrilleros, le encomendó
a Vitini la tarea de controlar los diferentes grupos de guerrilleros de Madrid, para lo cual le presentó
a Hilario.
Vitini les describió a Hilario a su manera: tenía unos treinta años, era más bien bajo, de
complexión corriente, vestido a todas horas con un traje de los llamados de mecánico, el clásico
mono azul. Fue realmente el encargado de ir presentándole a los diferentes responsables de los
grupos guerrilleros que había en ese momento en Madrid.

W.G. Sebald  Vértigo 119 paginas      187-119=68

Quizá esto le pareciera al Dr. K. la descripción de una lucha, en la que, como en aquella otra que tiene lugar en la Laurenziberg, el protagonista mantiene una relación autodestructiva con su enemigo hasta tal punto íntima que aquel que es acorralado por su acompañante se ve obligado a hacer profesión de fe a última hora: Estoy prometido, lo confieso. Y qué otro remedio le queda a quien ha sido acorralado hasta este punto más que intentar desprenderse de su silencioso compañero mediante un disparo de pistola que, por cierto, la película muda hace visible como una pequeña nube de humo. En el instante de algún modo dispensado del transcurso de tiempo en el que éste mismo se diluye, Balduino queda liberado de su locura. Toma aire, sintiendo a la vez cómo la bala le ha atravesado el propio pecho,

y muere, en la parte inferior de la imagen, de una muerte ostensible, con lo que toda la escena, que flamea como una luz que se apaga, pasa a ser el aria muda del héroe agonizante.

El Dr. K. escribió que en aboluto percibía como algo ridículo tales espasmos agónicos frecuentes en la ópera o ese vagar sin rumbo de la voz en la melodía, sino que le parecían expresión, por decirlo de alguna manera, de nuestra desgracia natural, pues a lo largo de toda nuestra vida, observa en otro punto, yacemos sobre el escenario y morimos.

Seifert Jaroslav  Toda la belleza del mundo   pag  187

Una nación  como la nuestra, en los momentos de peligro se une estrechamente a la memoria y la obra de su gente grande y famosa. Estas sombras

vivientes no se pueden separar de los muros de nuestra capital, donde la mayoría de ellos vivió y trabajó. Y en momentos así, toda la nación se aferra tam­bién a estos muros, que no enmudecen ni mueren jamás.

Me guardo de tocar una cuerda sentimental para que no suene a la melodía que hoy canta cualquier ensalzador de los tiempos antiguos. En los tiempos antiguos, eso es verdad, todos los caminos conducían a esta ciudad, mientras que la capital estaba atravesada por el único camino hacia la espe­ranza. ¡Cuánto temíamos por su destino —y por el destino de la nación— cuando aullaban las sirenas en los tejados! Esta especie de cariño tiene un nombre sencillo: es el amor.

Los sentimientos cubren suavemente el pasado lejano y cercano con un velo de leyendas y cuentos que, sin intentar dañar la verdad, aligeran los destinos y ayudan, en las épo­cas de desgracia, a pensar en tiempos mejores. ¡Acordaos cuando sobre el Castillo levantaron una bandera con la cruz gamada!

Susan Sontag  El amante del Volcan

Resulta raro que de las gentes consideradas vulgares se suponga invariablemente que se desconocen a sí mismas, con la implicación de que si sólo supieran qué aspecto tienen o cómo se comportan inmediatamente cambiarían: mejorarían su dicción, pasarían a ser reticentes y sutiles, se pondrían a dieta. Esta puede ser la forma más amable que adopte el esnobismo, pero no es menos obtusa por ser amable. Intenten persuadir a un adulto de buena fe, confiado en sí mismo, de origen plebeyo, de que renuncie a un rico surtido de manierismos considerados vulgares, inténtenlo... y verán el éxito que cosechan. (El Cavaliere lo ha intentado, y hace ya mucho tiempo que cesó de intentarlo, o que no le preocupa: él la quiere.) Por tanto, se asumía que ella era inconsciente del cambio sufrido por su cuerpo. Pero las costuras de sus trajes favoritos tenían que abrirse cada pocos meses, actividad que ahora ocupaba buena parte de las energías de su querida madre, ayudada por Fátima: ¿cómo podía ella no saberlo? Y si ahora se engalana en exceso, es precisamente para decir: no me miréis a mí, mirad mis vestidos de satén, mis anillos, mi cinturón con borlas, mi sombrero con plumas de avestruz: una estrategia de modestia no muy distinta a la del coleccionista, pero considerablemente menos efectiva. Sus detractores miraban sus galas y la miraban a ella.

Salman Rushdie  Los versos Satanicos

Ya no parecía necesitar la comida ni el
descanso; sólo sentía el afán de moverse constantemente por aquella metrópoli torturada cuya
textura estaba transformándose por completo; las casas de los barrios ricos se construían ahora
de miedo solidificado; los edificios del Gobierno, de vanagloria y desprecio, y las viviendas de
los pobres, de confusión y sueños materiales. Cuando miras con ojos de ángel, ves esencias en

lugar de superficies, ves la corrupción del alma que levanta ampollas y pústulas en la piel de los
transeúntes, ves la generosidad de algunas personas posada en sus hombros en forma de ave.
Mientras vagaba por la ciudad transformada, vio diablillos con alas de murciélago sentados en
las esquinas de edificios hechos de mentiras, y vislumbró duendes que reptaban como gusanos
por entre las baldosas rotas de los urinarios públicos. Al igual que el fraile alemán Richalmus
en el siglo trece, sólo con cerrar los ojos veía nubes de demonios minúsculos que envolvían a
cada hombre y mujer del mundo, bailando como motas de polvo al sol, ahora Gibreel, con los
ojos abiertos al claro de luna y a la luz del sol, detectaba en todas partes la presencia de su
adversario, de su —para devolver a la vieja palabra su significado original— shaitan

Deschner   Historia criminal del Cristianismo

Atenágoras nos cuenta que «los cristianos ni siquiera soportan ser

espectadores de una ejecución capital ordenada por sentencia», puesto
que, según su criterio, «apenas hay diferencia entre asistir a una ejecu-
ción y perpetrarla uno mismo, razón por la cual prohibimos ese género
de espectáculos». «Así pues, nosotros, que ni siquiera osamos mirar
para no contaminarnos de la infamia y la deuda de sangre, ¿como sería-
mos capaces de matar a nadie?»

Eso, como queda dicho, rige en cualquier caso. Más aún cuando se
trata de matanzas en masa, de hecatombes. De aquí que la Iglesia primi-
tiva condenase la guerra «sin paliativos» (Cadoux); «amar al prójimo y
matarle son nociones incompatibles». «Todos los autores notables, tan-
to del Oriente como del Occidente, rechazan la participación de cristia-
nos en las acciones bélicas» (Bainton). Todavía era desconocida la ab-
surda distinción que introdujo el clero posconstantiniano después de ha-
ber degenerado en Iglesia oficial y estatal, cuando condena las muertes
al por menor, digamos, pero elogia las matanzas en el campo de batalla.
Los caminos están infestados de salteadores, los piratas hacen estragos
en los mares, escribe el futuro mártir Cipriano («sin duda el obispo afri-
cano más notable del siglo ni, quizá sin exceptuar a Agustín», según
Marschall), en todas partes de la tierra se derrama la sangre humana,
pero «cuando es la de un solo hombre le llaman crimen; cuando son mu-
chos y se hace públicamente, dicen que es un acto de valor. La magnitud
del estrago asegura la impunidad del criminal.. .».

Precisamente, la magnitud del estrago que excusa al criminal ha venido
siendo desde siempre la moral de la Iglesia.

sábado, julio 18, 2009

LIBROS RARAMENTE ENCUADERNADOS

20080625145505-poder-de-los-libros-6

LIBROS ENCUADERNADOS
EN PIEL HUMANA
HOLBROOK J A C K S ON
Traducción de NvRiA VILLAGRASA VALDIVIESO
MUCHOS amantes del arte ligatorio son tan perversos que sólo les complace
lo que normalmente es inaccesible para los demás. Si está de
moda la piel de becerro o la de marroquín, todos quieren la de foca o la de
tiburón; prefieren las pieles de pitones y cobras frente a la popularidad de las
de cordero o cerdo; y la belleza marfil de la vitela pierde su simplicidad
rnediante extraños tintes. Algunos intentan poseer al menos un libro encuadernado
en piel humana, que exaltan desmedidamente por encima del resto.
Este gusto no es apto para estómagos delicados, pero proporciona un placer
extraño —y, para algunos, impuro— a aquellos a los que satisfacen las
•deas atípicas y las experiencias curiosas y exóticas. Recientes estudios de
psicología sitúan este gusto entre las aberraciones de la mente, y algunos,
como Bloch, lo consideran fetichismo sexual. Por ejemplo, el pecho femenino
es «un fetiche psicológico natural para el sexo masculino», pero aparte
de esta atracción normal «existe una singular variedad de fetichistas del
pecho que emplean el pecho separado del cuerpo para la encuademación de
libros»'; y cita a Witkowski: «Existen algunos bibliomaniacos y erotómanos
•íue poseen libros encuadernados en piel de mujer que toman de la zona del
pecho de modo que el pezón forma una hinchazón característica en la
cubierta»^. Hay quien duda de la existencia de estas encuademaciones y les

resta importancia a estas leyendas, igual que a las anécdotas de pescadores,
las historias de marineros o los cuentos de las ancianas. Confieso que estas
historias no parecen creíbles, pero varios observadores de confianza han
documentado bien la existencia de libros encuadernados en piel humana.
Pero antes de exponer mis datos, permitan que me ocupe de la leyenda:
oscurezcamos la verdad.
En todas las épocas de intensa agitación, como guerras, revoluciones,
hambrunas y epidemias, los rumores desempeñan un papel fundamental en
la distribución de noticias, como bien sabemos los que vivimos los peligros
y ansiedades de la Primera Guerra Mundial. En aquellos días fireron muchos
los que creyeron que durante el trágico otoño de 1914 se transportaron
grandes ejércitos de rusos desde el puerto de Arcángel en Rusia hasta el
norte de Escocia, y desde allí por tren hasta el sur de Inglaterra para embarcarse
hacia Francia, con el fin de ayudar a nuestras apuradas tropas, que por
entonces caían ante los alemanes en lo que parecía una retirada irrecuperable.
Posteriormente se documentó que cuando nuestras tropas se encontraban
en Mons recibieron la protección especial de huestes de ángeles que
fiíeron vistas por muchos de nuestros soldados; y más tarde aún —lo que se
aproxima más a nuestro tema— apareció en los periódicos la noticia de que,
debido a la escasez de grasas y aceites, los alemanes habían organizado una
gran fábrica en la que transformaban los cuerpos de los alemanes y enemigos
muertos en esos materiales esenciales para la vida. Estas leyendas suelen circular
en tiempos de tribulación y están tan cuidadosamente tejidas en la tela
de todos los documentos que resulta imposible dilucidar dónde empieza la
Historia y termina la leyenda. Algunas autoridades en la materia sostendrán
que hay poca diferencia entre una y otra.
El hecho de que la piel humana se haya curtido en épocas modernas y
remotas está bien documentado en la actualidad. Esta piel resulta dócil para
el proceso de curtido igual que el cuero de cualquier otro animal, pero presenta
claras diferencias de calidad entre una piel y otra, siendo algunas
burdas y ásperas al tacto y otras suaves y lustrosas; y algunos de mis atentos
lectores se sorprenderán al saber que los cueros difieren en grosor entre 4,2 y
3,5 milímetros'. El curtido aumenta el grosor y transforma una piel dura en
un cuero suave y de grano fino. Aparentemente, expone Davenport^, parece
de becerro, pero resulta difícil desprender el pelo completamente. Otra auto-

ridad en la materia sostiene que se parece más a la de oveja con una textura
firme y cerrada, suave al tacto y susceptible de un lustre fino. Otro afirma
que es porosa como la de un cerdo. Puedo apoyar esta opinión a partir de mi
propia observación de un trozo de cuero humano curtido en Londres hace
unos treinta años y que actualmente se encuentra en posesión del señor
Zaehnsdorf. Esta muestra recuerda a una suave piel de cerdo. Tiene casi
3,2 milímetros de grosor, pero Edwin Zaehnsdorf sostiene que el grano se
asemeja más a la piel de marroquín que a la de cerdo. Para obtener un cuero
utilizable, la piel humana «debe saturarse varios días en una solución ftierte
de alumbre, vitriolo romano y sal común, secarse a la sombra y curtirse
siguiendo el procedimiento habitual»'.
La primera referencia que he encontrado sobre el curtido de piel
humana es una leyenda de Marsias, quien imprudentemente retó a Apolo en
un concurso musical y, al perder, pagó la pena acordada de sufrir que le
desollaran vivo. Algunos dicen que su piel se guardó en forma de vejiga o
pelota, o como otros creen, de botella: «Me pueden despellejar vivo», dijo
Ctesipo, «pero sólo si mi piel no acaba, como la de Marsias, en una botella
de cuero, sino en un trozo de virtud» . Una diligente leyenda de la época de
la Revolución Francesa cuenta cómo se enviaban los cadáveres de los aristócratas
a una curtiduría de Meudon, donde sus pieles se convertían en cuero
y se utilizaban para encuadernar libros, además de para otros fines. Uno de
los relatos más memorables trata de unos pantalones que se hicieron para un
francés cuya criada había sido ejecutada por robo. Este ingenioso moralista
nunca se cansó de denunciar a la chica y, después de cada diatriba, se golpeaba
el trasero con gran satisfacción murmurando: «Pero aquí está la muy
picara, ¡aquí está!».
En 1684 Sir Robert Viner, el leal concejal de Londres, donó a la biblioteca
Bodley «una piel humana curtida, junto con un esqueleto humano y el
cuerpo disecado de un negro»^. William Harvey se presentó en el Colegio de
Médicos con una piel humana curtida y también hay muestras en la Universidad
de Basilea y en el Museo Fisiológico del Liceo de Versalles. En la
Exposición del Centenario de América se exhibió una baraja de cartas de piel
humana. Villon, en su obra sobre la industria de la piel, recoge que en el
siglo XVIII se usaban pieles de indigentes para fabricar zapatos de niños en
Tewkesbury, Massachusetts; pero que se abandonó esta costumbre por una

ley que penaba con cinco años de prisión el comercio de piel humana. Pero
la historia de la piel más romántica corresponde al general Jan Ziska de
Bohemia, que «quiso que se hiciera un tambor con su piel cuando muriera,
porque creía que el mero sonido de éste haría huir a sus enemigos»^, tal y
como conseguía su fama mientras vivía.
Así pues, una vez comprobado que las pieles humanas se han curtido y
que pueden ser utilizadas, no resulta difícil ampliar su uso a otros fines
y, teniendo en cuenta, como dicen los abogados, la estrecha relación que se
da entre libros y hombres, el comportamiento humano, etcétera, me parece
lógica —aunque macabra— la aplicación de este tipo de cuero en los libros.
El desarrollo de esta práctica se vio impulsado en Francia por circunstancias
económicas, así como de temperamento. El arte de encuadernar «desapareció
durante la tempestad revolucionaria», dijo uno', «y los libros se encuadernaban
en piel humana»; y otra autoridad'" apunta que «un resultado de
los horrores de la Revolución Francesa fue este macabro humor de encuadernar
libros con la piel de seres humanos»; y todo el mundo recuerda el
comentario de Carlyle que se cita en Dr. Claudius: «Los nobles franceses se
reían de las teorías de Rousseau, pero sus pieles sirvieron para encuadernar la
segunda edición de su libro»". Podría enumerar muchas más citas de este
tipo, pero son suficientes, ya que no pueden contrastarse con pruebas y
muchas autoridades de fiar —entre las que se incluye Sansón, el verdugo del
Estado, en su Diario—, lo han desmentido. Por lo tanto, si la historia perdura,
debemos llegar a la conclusión de que la mayoría de la gente prefiere la
leyenda a la Historia: creen lo que prefieren creer.
De libros encuadernados en piel humana podemos encontrar muchos
ejemplos en colecciones tanto públicas como privadas. En el Museo Carnavalet
de París, Cyril Davenport'^ vio un ejemplar de la Constitución de 1793
encuadernado en la piel de un revolucionario; Dibdin menciona un ejemplar
de la biblioteca del famoso coleccionista Dr. Askew, pero se olvida de
nombrar el libro; otro historiador afirma que en Marlborough House hay un
libro encuadernado en la piel de Mary Putnam, una bruja de Yorkshire''.
Percy Fitzgerald tiene varios ejemplos: el del acta del juicio y ejecución de

Corder, que había asesinado a María Martín en el Red Barn, encuadernado
en la piel del asesino, curtida con ese propósito por un cirujano de Bury St.
Edmunds. También cuenta la historia de los sonetos de un poeta ruso encuadernados
en la piel de su propia pierna, que había sido amputada tras un
accidente de caza, «para su presentación ante la dama de su corazón»; y
finalmente comenta cómo un librero de St. Michael's HíU, Bristol, le enseñó
a un coleccionista varios volúmenes que la Biblioteca de Derecho de Bristol
le había enviado para arreglar. «Todos estaban encuadernados en piel
humana, especialmente curtida para la ocasión, procedente de inculpados
locales, desollados tras la ejecución»"'*. En los diarios de los hermanos Goncourt
se hace referencia a «un virtuoso inglés que encuadernaba sus libros
con piel humana»'^
Pero no sólo a nuestros compatriotas les gusta. El astrónomo ñ^ancés
Camille Flammarion felicitó en una ocasión a una bella condesa por el
encanto de la piel de sus hermosos hombros. Cuando ella falleció, dispuso
que curtieran la piel de sus hombros y espalda y se la enviaran a Flammarion
en recuerdo de la admiración que sintió por su dueña. El astrónomo empleó
una parte para encuadernar uno de sus libros más famosos, Cielo y tierra.
Otro relato afirma que hace unos años un funcionario de la Escuela de
Medicina de París hizo curtir la piel de Campi, un asesino ejecutado, y la usó
para encuadernar los documentos de su autopsia' . André Leroy protegió
unos pequeños trozos de la piel del poeta Delille con los que hizo unas
incrustaciones en la suntuosa encuademación de un ejemplar de las Geórgicas.
Otros autores franceses, como Alfred de Musset, han manifestado su
preferencia por este tipo de cuero, y no dudo de que en muchos países pueda
rastrearse el gusto por las encuademaciones en piel humana; pero como no
estoy escribiendo un tratado sobre este tema, terminaré con el último ejemplo
que he podido hallar. En 1891 un doctor encargó a Zaehnsdorf encuadernar
un ejemplar de Dance ofDeath de Holbein en la piel de una mujer. La piel
que he mencionado se curtió en Sv^^eeting, en la avenida Shaftesbury, y los
artífices que encuadernaron y doraron las letras en el volumen siguen vivos'^.
El pelo humano se usó apropiadamente para la cabezada del libro, en lugar
de la seda. No se sabe dónde se encuentra actualmente ese volumen, pero se
cree que en América.

viernes, julio 17, 2009

EL SORTEO DE UNA VIVIENDA-469

El I.V.V.SA (Instituto vivienda Valencia),pone a la venta unas viviendas de protección oficial,de creación propia,mediante un sorteo ante notario.Tengo el numero  469 y espero tener suerte,casi como si acertase la Bonoloto.Nunca he tenido una vivienda de mi propiedad(siempre de alquiler),y realmente me hace falta.

MIGUEL ANGEL ASTURIAS   EL PAPA VERDE 191 PAGS.   191*3=573-469=104

Los favorecidos eran los llamados, pero no se animaban a abandonar el resguardo que para ellos significaba la Comandancia. ¿Quién los ampararía de la turba alebrestada, si ya allí, con ser el jefe militar hom­bre peligroso por sus reacciones violentas, sin

respetar nada ya los tenían cercados, acuñados a la pared?.

HARUKI MURAKAMI  KAFKA EN LA ORILLA    pag.469

Hemos venido cruzando un puente.Un puente muy grande y bonito.Nakata nunca había visto un puente tan grande.-En construir el puente-explicó Oshima-se invirtieron grandes cantidades de tiempo y dinero.Según el periódico,el organismo semigubernamental encargado de la construcción del puente y de la autopista arrojó unas perdidas anuales por valor de cien mil  millones de yenes.Y la mayor parte se cubrió con nuestros impuestos.Cuando una cosa se trate de lo que se trate,sobrepasa una cantidad,deja de parecer real.En resumen es muchísimo dinero.Esten aquí a las dos.Y la directora de la biblioteca les mostrará el edificio.

ISABEL ALLENDE   LA CASA DE LOS ESPIRITUS pags.261   261*2=522-469=53

Clara pasó la infancia y entró en la juventud dentro de las paredes de su casa, en un
mundo de historias asombrosas, de silencios tranquilos, donde el tiempo no se
marcaba con relojes ni calendarios y donde los objetos tenían vida propia, los
aparecidos se sentaban en la mesa y hablaban con los humanos, el pasado y el futuro
eran parte de la misma cosa y la realidad del presente era un caleidoscopio de espejos
desordenados donde todo podía ocurrir. Es una delicia, para mi, leer los cuadernos de
esa época, donde se describe un mundo mágico que se acabó. Clara habitaba un
universo inventado para ella, protegida de las inclemencias de la vida, donde se
confundían la verdad prosaica de las cosas materiales con la verdad tumultosa de los
sueños, donde no siempre funcionaban las leyes de la física o la lógica. Clara vivió ese
período ocupada en sus fantasías, acompañada por los espíritus del aire, del agua y de
la tierra, tan feliz, que no sintió la necesidad de hablar en nueve años.

MIGUEL ANGEL ASTURIAS EL SEÑOR PRESIDENTE pags.173   173+3=519-469=50

¡Pobre! ¡Pobre! —murmuraba sin cesar.

Al pie de una ventana encontró la carta escrita por el general para su hermano Juan. Le recomendaba que mirara por Camila... Pero no la leyó toda Niña Fedina, parte porque la atormentaban los gritos de la Chabelona, que parecían salir de los espejos rotos, de los cristales hechos trizas, de las sillas maltrechas, de las cómodas forzadas, de los retratos caídos, y parte porque precisaba poner pies en polvorosa. Se enjugó el sudor de la cara con el pañuelo que, doblado en cuatro, apretaba nerviosamente en la mano repujada de sortijas baratas, y guardándose el papel en el cotón, se encaminó a la calle a toda prisa.

Demasiado tarde. Un oficial de gesto duro la apresó en la puerta. La casa estaba rodeada de soldados. Del patio subía el grito de la sirvienta atormentada por las moscas.

JOHN BOYNE  EL NIÑO CON EL PIJAMA A RAYAS  pags.206   206*3=618-469=149

—Si haces eso te arrepentirás —replicó Gretel, y
Bruno comprendió que lo decía en serio—. Cuéntame,
¿qué hacéis tu amigo imaginario y tú?
Bruno pensó un momento. Le apetecía hablar
un poco de Shmuel y le pareció que aquélla podía ser
una buena manera de hacerlo sin tener que revelar la
verdad.
—Hablamos de muchas cosas —contestó—. Yo
le cuento cómo era nuestra casa de Berlín, y las otras
casas y las calles y los puestos de fruta y verdura y las
cafeterías, y que no podías ir al centro los sábados por
la tarde porque la gente te empujaba; y de Karl y Daniel
y Martin, que eran mis tres mejores amigos para
toda la vida.

martes, julio 14, 2009

Conversacion entre J.Joyce y Cervantes

 

Ulises    pagina-1

IMPONENTE, el rollizo Buck Mulligan
apareció en lo alto de la escalera, con una bacía
desbordante de espuma, sobre la cual traía,
cruzados, un espejo y una navaja. La suave
brisa de la mañana hacía flotar con gracia la
bata amarilla desprendida. Levantó el tazón y
entonó:
—"Introibo ad altare Dei".
Se detuvo, miró de soslayo la oscura
escalera de caracol y llamó groseramente:
—Acércate, Kinch. Acércate, jesuita
miedoso.
Se adelantó con solemnidad y subió a la
plataforma de tiro. Dio media vuelta y bendijo
tres veces, gravemente, la torre, el campo
circundante y las montañas que despertaban

 

El quijote   pagina-1

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha
mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua,
rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón
las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún
palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda.
El resto de ella concluían sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas,
con sus pantuflos de lo mismo, y los días de entre semana se honraba con su
vellorí de lo más fino.
Tenía en su casa una ama que pasaba de los cuarenta, y una sobrina que
no llegaba a los veinte, y un mozo de campo y plaza, que así ensillaba el rocín
como tomaba la podadera. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta
años. Era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran
madrugador y amigo de la caza. Quieren decir que tenía el sobrenombre de
Quijada, o Quesada, que en esto hay alguna diferencia en los autores que de
este caso escriben, aunque por conjeturas verosímiles se deja entender que se
llamaba Quejana. Pero esto importa poco a nuestro cuento; basta que en la
narración de él no se salga un punto de la verdad.

Ulises  pagina126

Se detuvo, olfateó,
anduvo a su alrededor, a hurtadillas, un
hermano, husmeando más cerca dio otra vuelta
alrededor, olfateando rápidamente como
conocedor todo el pellejo revolcado del perro
muerto. Cráneo de perro, olfateo de perro, ojos
sobre el suelo, se mueve hacia un gran objetivo.
¡Ah, pobre cuerpo de perro! Aquí yace el cuerpo
del pobre cuerpo de perro.
—¡Pingajos! Fuera de ahí, mestizo

El grito lo llevó de vuelta, remoloneando,
hacia su amo, y un brusco puntapié descalzo lo
arrojó ileso, encogido en el vuelo, a través de un
banco de arena. Se escabulló de vuelta
describiendo una curva. No me ve. Se deslizó a
lo largo del borde del muelle, holgazaneando,
olió una roca, y por debajo de una pata trasera,
levantada, orinó contra ella. Siguió trotando y,
levantando de nuevo una pata trasera, orinó
rápido y corto sobre una roca no olida. Los
placeres simples del pobre. Sus patas traseras
dispersaron entonces arena: luego sus patas
delanteras chapotearon y cavaron. Algo escondió
allí: su abuela. Hociqueó en la arena, chapoteó y
cayó, y se detuvo a escuchar el viento, hizo volar
de nuevo la arena con sus uñas furiosas,
deteniéndose de pronto, un leopardo, una
pantera, sorprendido en adulterio buitreando el
muerto.

Quijote pagina 126

Vengamos a lo de perder el juicio,
que es cierto que le perdió por las señales que halló en la fontana, y por
las nuevas que le dio el pastor de que Angélica había dormido más de dos siestas
con Medoro, un morillo de cabellos enrizados y paje de Agramante. Y si él
entendió que esto era verdad y que su dama le había cometido desaguisado,
no hizo mucho en volverse loco. Pero yo, ¿cómo puedo imitalle en las locuras,
si no le imito en la ocasión dellas?, porque mi Dulcinea del Toboso osaré yo
jurar que no ha visto en todos los días de su vida moro alguno, ansí como él
es, en su mismo traje, y que se está hoy como la madre que la parió; y haríale
agravio manifiesto si, imaginando otra cosa della, me volviese loco de aquel
género de locura de Roldán el furioso. Por otra parte, veo que Amadís de
Gaula, sin perder el juicio y sin hacer locuras, alcanzó tanta fama de enamorado
como el que más, porque lo que hizo, según su historia, no fue más de que,
por verse desdeñado de su señora Oriana, que le había mandado que no pareciese
ante su presencia hasta que fuese su voluntad, de que se retiró a la Peña
Pobre en compañía de un ermitaño, y allí se hartó de llorar y de encomendarse
a Dios, hasta que el cielo le acorrió en medio de su mayor cuita y necesidad.
Y si esto es verdad, como lo es, ¿para qué quiero yo tomar trabajo agora de
desnudarme del todo, ni dar pesadumbre a estos árboles, que no me han
hecho mal alguno, ni tengo para qué enturbiar el agua clara destos arroyos, los
cuales me han de dar de beber cuando tenga gana? Viva la memoria de
Amadís, y sea imitado de don Quijote de la Mancha en todo lo que pudiere;
del cual se dirá lo que del otro se dijo, que si no acabó grandes cosas, murió
por acometellas; y si yo no soy desechado ni desdeñado de Dulcinea del
Toboso, bástame, como ya he dicho, estar ausente della.

ULISES pagina 303

Estamos rezando ahora por el reposo de
su alma. Esperando que estés bueno y no en el
infierno. Lindo cambio de aire. De la sartén de
la vida al fuego del purgatorio

¿Piensa alguna vez en su propio agujero
que lo está esperando? Dicen que uno piensa
cuando se estremece estando al sol. Alguien
caminando encima. Llamado del traspunte.
Cerca de uno. La mía por el lado de Fingles el
lote que compré. Mamá, pobre mamá, y el
pequeño Rudy.
Los sepultureros tomaron sus palas e
hicieron volar pesados terrones de greda hacia
el ataúd. El señor Bloom dio vuelta la cara. ¿Y si
hubiera estado vivo todo el tiempo? ¡Brrr!
¡Caramba! ¡Eso sería espantoso! No, no; está
muerto, naturalmente. Naturalmente que
murió. Murió el lunes. Tendría que haber una
ley para perforar el corazón y asegurarse o un
reloj eléctrico o un teléfono sobre

el ataúd y
alguna especie de rspiradero de lona. Bandera
de peligro. Tres días. Casi demasiado para
conservarlos en verano. Más bien librarse de
ellos tan pronto como se está seguro de que no
hay.

DON QUIJOTE pagina 303

DEL CACHIDIABLO, ACADÉMICO
DE LA ARGAMASILLA, EN LA SEPULTURA
DE DON QUIJOTE
Epitafio
Aquí yace el caballero
bien molido y mal andante,
a quien llevó Rocinante
por uno y otro sendero.
Sancho Panza, el majadero,
yace también junto a él,
escudero el más fiel
que vio el trato de escudero

DEL TIQUITOC, ACADÉMICO
DE LA ARGAMASILLA, EN LA SEPULTURA
DE DULCINEA DEL TOBOSO
Epitafio
Reposa aquí Dulcinea,
y aunque de carnes rolliza,
la volvió en polvo y ceniza
la muerte espantable y fea.
Fue de castiza ralea
y tuvo asomos de dama;
del gran Quijote fue llama,
y fue gloria de su aldea.
Estos fueron los versos que se pudieron leer; los demás, por estar carcomida
la letra, se entregaron a un académico para que por conjeturas los decla

rase. Tiénese noticia que lo ha hecho, a costa de muchas vigilias y mucho trabajo,
y que tiene intención de sacallos a luz con esperanza de la tercera salida
de don Quijote.
Forse altro canterà con miglior plectro.

ULISES    pagina 171

Un humo
acre subía en irritado surtidor de un lado de la
sartén y lo dio vuelta. Solamente un poco
quemado. Lo hizo saltar de la sartén a un plato
y dejo gotear encima la escasa salsa
ennegrecida.
Ahora una taza de té. Se sentó, cortó y
enmantecó una rebanada de pan. Recortó la
carne quemada y la tiró a la gata. Luego se puso
en la boca un bocado, masticando con
discernimiento la sabrosa carne tierna. A punto.
Un trago de té. Luego cortó pedacitos de pan,
empapó uno en la salsa y lo llevó a la boca.

DON QUIJOTE pagina 171

Sacó de su repuesto Sancho un pedazo de pan y otro de queso, y, dándoselo
al mozo, le dijo:
—Toma, hermano Andrés; que a todos nos alcanza parte de vuestra desgracia.
—Pues ¿qué parte os alcanza a vos? —preguntó Andrés.
—Esta parte de queso y pan que os doy —respondió Sancho—; que Dios
sabe si me ha de hacer falta o no, porque os hago saber, amigo, que los escuderos
de los caballeros andantes estamos sujetos a mucha hambre y a mala
ventura, y aun a otras cosas que se sienten mejor que se dicen.
Andrés asió de su pan y queso, y, viendo que nadie le daba otra cosa, abajó
su cabeza y tomó el camino en las manos, como suele decirse. Bien es verdad
que, al partirse, dijo a don Quijote:
—¡Por amor de Dios, señor caballero andante, que, si otra vez me encontrare,
aunque vea que me hacen pedazos, no me socorra ni ayude, sino déje

me con mi desgracia, que no será tanta que no sea mayor la que me vendrá de
su ayuda de vuestra merced, a quien Dios maldiga y a todos cuantos caballeros
andantes han nacido en el mundo!
Íbase a levantar don Quijote para castigalle, mas él se puso a correr de
modo que ninguno se atrevió a seguille. Quedó corridísimo don Quijote del
cuento de Andrés, y fue menester que los demás tuviesen mucha cuenta con
no reírse por no acaballe de correr del todo.

martes, junio 30, 2009

CUAL ES LA PREGUNTA----519

Estiró un brazo y la tocó; el bronce estaba muy
frío, así que apartó rápidamente los dedos. Respiró
hondo e inició su excursión. En lo único que Bruno
intentaba no pensar era que tanto Madre como Padre
le habían advertido en innumerables ocasiones
que estaba prohibido pasear en aquella dirección, que
estaba prohibido acercarse a la alambrada del campo,
y sobre todo que en Aunchis estaba prohibido
explorar.
Sin Excepciones.
John Boyen-El niño con el pijama de rayas(206 pags.) 206*3=618-519=99

image

Huiriche Bol-Billar a las nueve y media (142) 142*4=568-519=49

Una
noche se hizo amigo de uno de los barman de la discoteca y
cuando éste salió de trabajar Harry Magaña lo estaba esperando
afuera, sentado en su coche. Al día siguiente el barman no
pudo ir a trabajar, dizque porque había tenido un accidente.
Cuando al cabo de cuatro días volvió al Dominós con la cara
llena de morados y cicatrices fue el asombro de todos, le faltaban
tres dientes, y si se levantaba la camisa para que lo vieran uno
podía apreciar un sinfín de cardenales de los colores más vivos
tanto en la espalda como en el pecho. Los testículos no los enseñó,
pero en el izquierdo aún le quedaba la marca de un cigarrillo.
Por supuesto, le preguntaron qué clase de accidente había tenido
y su respuesta fue que la noche de autos había bebido hasta
tarde, en compañía de Harry Magaña, precisamente, y que al
separarse del gringo y dirigirse rumbo a su domicilio en la calle
Tres Vírgenes un grupo de unos cinco gandayas lo había asaltado
y propinado tan descomunal madriza. El fin de semana siguiente
a Harry Magaña no se le vio por el Dominós ni por El
Pelícano, sino que visitó un local de putas llamado Asuntos Internos,
en la avenida Madero Norte, en donde se estuvo un
rato bebiendo jaiboles y luego se aposentó en una mesa de billar
en donde estuvo jugando

Roberto Bolaño-2666 pag.519

Una explosión de luz me cegó al salir a la calle: era el mediodía.

Más confuso que abatido, de forma automática eché a andar hacia Belle Avene. Tenía la mente en blanco, y lo único que recuerdo haber pensado, equivocándome, es que aquél sí era el final del viaje, y también, sin equivocarme o equivocándome menos, que era verdad que Rodney había encontrado la salida del túnel, sólo que era una salida distinta de la que yo había imaginado. Al llegar frente a la casa de Rodney estaba empapado en sudor y ya había decidido que lo mejor era volver inmediatamente a Urbana, entre otras cosas porque mi presencia allí sólo podía importunar a la familia de Rodney. Entré en el Chrysler, lo arranqué, y a punto estaba de girar en Belle Avenue para tomar el camino de vuelta a Urbana cuando me dije que no podía marcharme de aquella manera, con todos los interrogantes abiertos ante mí como una cerca de alambre de espino y sin siquiera haber visto a la mujer y al hijo de Rodney. Aún no había terminado de pensar lo anterior cuando los vi.

Acababan de doblar la esquina y caminaban bajo la sombra verde de los arces, cogidos de la mano por el sendero de cemento que discurría entre la calzada y los jardines delanteros de las casas, y mientras avanzaban hacia mí, huérfanos y sin prisa por la calle vacía, de repente v¡ a Gabriel y a Paula caminando por otras calles vacías, y luego a Gabriel soltando la mano de su madre y echando a correr con su paso oscilante, riendo y ansioso de echarme los brazos al cuello. Sentí que los ojos estaban a punto de llenárseme de lágrimas. Conteniéndolas, paré el motor, aspiré hondo, salí otra vez a la calle y los esperé apoyado en el coche, fumando; el cigarrillo me temblaba un poco en la mano. No tardaron en pararse frente a mí. Mirándome con una mezcla de ansiedad y recelo, la mujer me preguntó si era periodista, pero no me dejó contestar.

–Si es periodista ya puede darse la vuelta y volver por donde ha venido –me conminó, pálida y tensa–. No tengo nada que hablar con usted y...

–No soy periodista –la interrumpí.

Se quedó mirándome. Le expliqué que era amigo de Rodney, le dije mi nombre. La mujer parpadeó y me pidió que se lo repitiera; se lo repetí.

Entonces, sin dejar de mirarme, soltó la mano del niño, lo tomó del hombro, lo apretó contra su cadera y, después de apartar la vista por un segundo, como si algo la hubiera distraído, sentí que todo su cuerpo se distendía. Antes de que hablara comprendí que sabía quién era yo, que Rodney le había hablado de mí. Dijo:

–Llegas tarde.

–Ya lo sé –dije, y quise añadir algo, pero no supe qué añadir.

–Me llamo Jenny –dijo al cabo de un momento, y sin bajar la vista hacia su hijo añadió–: Él es Dan.

Le alargué la mano al niño, y tras un instante de vacilación me la estrechó: un suave manojo de huesitos envuelto en carne sonrosada; al soltársela él también me miró: escuálido y muy serio, sólo sus grandes ojos marrones recordaban los grandes ojos marrones de su padre. Tenía el pelo claro y vestía unos pantalones de pana fina y una camiseta azul.

–¿Cuántos años tienes? –le pregunté.

–Seis –contestó.

Javier Cercas- La velocidad de la luz.(98) 98*6=588-519=79

Concentrando los rayos, los espejos curvos pueden

captar una imagen del todo. «Dios mismo, que no puede ser visto ni por el cuerpo ni por el alma —escribe Porfirio —se deja contemplar en un espejo.» Junto con la irradiación centrífuga que proyecta mi imagen a lo largo de todas las dimensiones del espacio, quisiera que estas páginas expresaran también el movimiento opuesto con que de los espejos me llegan las imágenes que la visión directa no puede abarcar. De espejo en espejo —eso es lo que a veces sueño—la totalidad de las cosas, el universo entero, la sabiduría divina podrían concentrar sus rayos luminosos en un único espejo. O quizá el conocimiento del todo esté sepultado en el alma y un sistema de espejos que multiplicase mi imagen al infinito y restituyese su esencia en una única imagen, me revelaría el alma del todo que se esconde en la mía.

Esta y no otra sería la potencia de los espejos mágicos de los que tanto se habla en los tratados de ciencias ocultas y en los anatemas de los inquisidores: obligar al dios de las tinieblas a manifestarse y a conjugar su imagen con la que el espejo refleja. Debía ampliar mi colección a un nuevo sector: los anticuarios y las casas de subastas de todo el mundo han sido avisados de que tengan a mi disposición los rarísimos ejemplares de espejos del Renacimiento que por su forma o por tradición escrita puedan ser clasificados como mágicos.

Era una partida difícil, en la cual todo error podía pagarse muy caro. El primer movimiento errado fue convencer a mis rivales de que se asociaran conmigo para fundar una compañía de seguros contra los secuestros. Seguro de mi red de informaciones entre el hampa, creía tener controlada cualquier eventualidad. No tardé en enterarme de que mis socios mantenían con las bandas de secuestradores relaciones más estrechas que las mías. El rescate que se pediría por el próximo secuestro sería el capital íntegro de la compañía de seguros: éste se repartiría luego entre la organización de los fuera de la ley y los accionistas de la compañía, cómplices suyos, todo esto naturalmente en perjuicio del secuestrado. Sobre quién sería esta víctima no cabían dudas: era yo.

Italo Calvino-Si una noche de invierno un viajero(119) 119*5=595-519=76

Me habia venido,sin advertirlo,con aquel Dupont del emblema del carnero grabado que el hombre me enseño.Aquel encendedor de plata se me adaptaba a la mano como un guante,como si lo tuviera alli de nacimiento.Tras pensarlo decidí quedármelo.Acto seguido,y a cambio de él, dejé caer mi Bic desechable en el compartimiento interior de la puerta-Me lo dio el jefe hace unos años-dijo de pronto el chofer.¿Que le dio?El numero de teléfono de Dios.Lance un suspiro imperceptible.¿Me había vuelto loco?¿O eran ellos los locos?¿Le gustaría tenerlo?-Si es posible….respondí-Bien pues se lo daré.Es el número de Tokio 945….Muchas gracias-le dije-.Pero¿de que se puede hablar con Dios?Basta con que le diga lo que piensa,lo que le preocupa.Gracias le telefoneare un día de estos.!Estupendo!exclamo el chofer.

Haruki Murakami-La caza del carnero salvaje(329) 329*2=658-519=139

lunes, junio 29, 2009

EL GRITO