viernes, noviembre 09, 2012

FRASES QUE ACARICIAN MIS OIDOS

 

 

BAJA A POR ELLOS

AUN NO SE HA ACABADO EL DIA

SI SALE OLIVO TE QUEDAS

LO VEREIS SOBRE UNA NUBE

NO QUIERAS PARA TI LO QUE NO QUIERAS PARA LOS DEMAS

ENVIAME UNA SEÑAL

DI: “Me refugio en el Sustentador de los hombres,
“el Soberano de los hombres,
“el Dios de los hombres,
“del mal del susurrador huidizo,
“que susurra en los corazones de los hombres1 --
“de [toda incitación al mal por parte de] las fuerzas invisibles y también de los hombres.”

TODOS LOS SERES TIENEN NATURALEZA BUDICA

 

    Buddha     Edifica-la-oportunidad


 

jueves, noviembre 08, 2012

EL KARMA DE LOS CICLISTAS

 

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Las baladas del ajo   MO YAN   553

Con los ojos cerrados, se pudo concentrar en el sonido
que emitía el cuerpo de Gao Ma
mientras atravesaba el campo de yute, tan
densamente tupido que incluso
detenía el viento, creando un suave sonido
de olas oceánicas.
El yute se movía agitado,
rompiéndose como el agua para dejar un
pasillo por el que poder atravesarlo
para después cerrarse ai instante.
Había momentos en los que Jinju se
sentía como si se encontrara
navegando en un pequeño bote —
algo que nunca había hecho en la vida
real— y cuando abrió los ojos tuvo
ante sí un panorama
extraordinariamente colorido. Así
que los cerró de nuevo y sintió el
sosiego que se apoyaba sobre la base
del agotamiento. La respiración
agitada de Gao Ma sonaba como los
soplidos de un temible toro mientras
corría a través del yute, como una
interminable extensión de grilletes suaves y flexibles contra los cuales
forjaban un camino fijo —al menos,así
es como ella se sentía—. En su
mente, un sol enorme del color del bronce
se hundía lentamente en un cielo
velado en la punta de un universo
caótico. Un racimo de palabras
desconocidas inundaba el aire —ella ni las entendía ni recordaba dónde las
había oído antes— y se desvanecía con la
misma rapidez con la que apareció,
dejando tras de sí la majestuosa
presencia del cielo y la tierra.

Roberto Bolaño
2666                          553

Mientras comían en una terraza al aire libre, el policía mexicano le contó
su vida. Mi extracción social es humilde, dijo, y los primeros
veinticinco años fueron una sucesión sin fin de obstáculos.
Harry Magaña no tenía muchas ganas de escucharlo a él sino a
Chucho, pero hizo como que lo escuchaba. Las palabras en español
podían resbalarle por la piel, cuando así se lo proponía, y
no dejarle la más mínima huella, algo que no sucedía, aunque
también lo había intentado, con las palabras inglesas. Vagamente
entendió que la vida de Ramírez, efectivamente, no había
sido fácil. Operaciones, cirujanos, una pobre madre acostumbrada
a las desgracias. La mala fama de la policía, a veces
cierta, a veces falsa, la cruz que todos debemos cargar.

 

DON QUIJOTE DE LA MANCHA   553

  Advertid que mañana en ese mesmo día habéis de ir al gobierno de la ínsula, y esta tarde os acomodarán del traje conveniente que
habéis de llevar, y de todas las cosas necesarias a vuestra partida.
—Vístanme —dijo Sancho— como quisieren; que de cualquier manera que
vaya vestido, seré Sancho Panza.
—Así es verdad —dijo el duque—; pero los trajes se han de acomodar con
el oficio, o la dignidad, que se profesa; que no sería bien que un jurisperito se
vistiese como soldado, ni un soldado como un sacerdote. Vos, Sancho, iréis vestido
parte de letrado y parte de capitán, porque en la ínsula que os doy tanto
son menester las armas como las letras y las letras como las armas.
—Letras —respondió Sancho—, pocas tengo, porque aún no sé el A, B, C;
pero bástame tener el Christus118811 en la memoria para ser buen gobernador. De
las armas manejaré las que me dieren, hasta caer, y Dios delante.
—Con tan buena memoria —dijo el duque—, no podrá Sancho errar en
nada

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Hermann Broch   La m u e r t e d e V i r g i l i o    553

Oh, eres vuelta a la patria, vuelta a la patria sin regreso.
—Hallarás la vuelta a la patria solamente en la meta, Virgilio, hacia la cual has de viajar aún —
interrumpió el esclavo y le alcanzó el bastón de viajero con bellos nudos y reforzado en cobre—; no
puedes quedarte y ninguna memoria te está permitida; ¡toma tu bastón, apriétalo en tu puño y
marcha!
Era una exhortación imperiosa y, si la hubiera obedecido, habría llegado con el bastón en las
manos al oscuro valle en cuya selva brota oculto el renuevo de oro; en verdad, era como una orden
imperiosa, que hubiera obligado a obediencia incondicional, si el bastón no hubiera quedado
maravillosamente en las leves manos de Plocia, inalcanzable para el esclavo, y también esto era
como el entusiasmo de un conocimiento por primera vez, sin memoria, era como un ser conocido
por primera vez por la mujer:
—¡Oh Plocia, tu destino es el mío, porque en éste me reconoces!
—Ilusión —dijo severamente el esclavo e hizo como el esfuerzo de una sombra por quitarle el
bastón—. Es una ilusión; el destino de la mujer es el pasado, el tuyo en cambio, Virgilio, es el
futuro, y nadie presa del pasado puede ayudarte

LA MUERTE DEL QUINTO SOL ROBERT SOMERLOTT   412    553-412=141

El capitán,mi señor,se había vuelto loco.Su locura iba y venia como el frio y la fiebre de la malaria-Aprendí a reconocerla por pequeños signos:el levantarse de un párpado,la posición de los labios,una tensión en los dedos.Otros parecían no darse cuenta de los cambios,o quizá creyeron que la locura en un dios era simplemente parte de su naturaleza esencial.Uno de los ataques le vino después del año nuevo cristiano,cuando los ejércitos estaban descansando en Xical,ciudad de la selva del Tercer Sol.!El Capitán dice que vayas al momento!.El templo estaba iluminado por una sola antorcha,y dos velas lanzaban una luz oscilante a una cruz de madera,tosca y hecha de prisa,colocada en el altar que,hasta hacia pocos días,había estado consagrado a Espejo Humeante.A pesar de haberlo lavado y raspado todo,la habitación olía aún a sangre seca de sacrificio,un olor fétido en la noche caliente y húmeda.Aunque él estaba de pie en la sombra,vi que la locura se había apoderado de él.Había una determinada inclinación de su cabeza ,una extraña rigidez de los hombros.Cerca del altar estaba el señor de Coztemexi,uno de los varios príncipes aztecas destituidos que habíamos llevado con nosotros  porque no nos atrevíamos a dejarlos atrás,por miedo que provocaran una rebelión.Sostenía una tela pintada,una acusación ilustrada que inculpaba a cuatro de sus compañeros príncipes de preparar el asesinato del Capitán y de los oficiales españoles.-Están hablando de traición,Malintzin-le dijo Cortés-.Su jefe es Águila Caída.

JUEGOS DE PELOTA

 

 

 

           

VLADIMIR NABOKOV
Cuentos completos                  778

—¡Qué calor hace con esta piel! No, coronel, no es más que piel de gato. Es verdad
que mi rival veneciana llevaba algo más suntuoso y caro. Pero es del mismo color,
¿ve? En una palabra, el parecido es completo.
—Si me atreviera la cubriría a usted toda entera con barniz y mandaría el cuadro de
Luciani al desván —respondió cortés el coronel, quien, a pesar de sus estrictos
principios, no era enemigo de coquetear con una dama tan atractiva como Maureen
que se prestaba a un galante duelo verbal.
—Me partiría de risa —replicó ella.
—Mucho me temo, señora McGore, que nosotros no estamos a la altura que usted
se merece, como ambiente de fondo constituimos una escena bastante pobre —dijo
Frank con una amplia sonrisa adolescente—. Somos un burdo anacronismo pagado
de sí mismo. Pero si su marido se prestara a llevar una armadura...

—Tonterías —dijo McGore—. Es tan fácil evocar la sensación de antigüedad como
lo es el conseguir la impresión de un color determinado, simplemente cerrando un
párpado. Alguna vez me concedo el lujo de imaginarme el mundo de hoy, con
nuestras máquinas y nuestras modas, tal y como se les aparecerá a nuestros
descendientes dentro de cuatrocientos o quinientos años. Y les aseguro a ustedes
que me siento tan anciano como un monje del Renacimiento.
—Tome más vino, mi querido Simpson —ofreció el coronel.

Las baladas del ajo MO YAN 778

Un sapo muerto que
llevaba ahí desde quién sabe cuándo
ahora no era más que una piel reseca
y aplastada, como si fuera una
calcomanía, [inju arrastró los pies y
tropezó en el lateral de la carretera

La vida y la muerte me
están desgastando      MO YAN   605    778-605=173

El desfile por la aldea de Ximen avanzaba desde el este del mercado.
Sun Long —Dragón Sun— transportaba un tambor sobre su espalda. Sun
Hu —Tigre Sun— lo golpeaba desde atrás. El gong lo tocaba Sun Bao,
Pantera Sun; y los címbalos los manejaba Sun Biao, Cachorro de Tigre
Sun. Los cuatro hermanos Sun procedían de una humilde familia de
campesinos y era lógico que los instrumentos de percusión estuvieran en
sus manos. Estaban precedidos por los demonios de buey y los espíritus de
serpiente de la aldea, así como por los seguidores del capitalismo. Hong
Taiyue había conseguido sal-. varse de las Cuatro Limpiezas, pero no de la
Revolución Cultural.

       

Miguel de Cervantes
DON QUIJOTE DE LA MANCHA   707    778-707=71

En resolución, aquella noche la pasaron entre unos árboles, y del uno de
ellos desgajó don Quijote un ramo seco que casi le podía servir de lanza, y puso
en él el hierro que quitó de la que se le había quebrado. Toda aquella noche
no durmió don Quijote, pensando en su señora Dulcinea, por acomodarse a lo
que había leído en sus libros cuando los caballeros pasaban sin dormir muchas
noches en las florestas y despoblados entretenidos con las memorias de sus
señoras.
No la pasó así Sancho Panza; que, como tenía el estomago lleno, y no de
agua de chicoria, de un sueño se la llevó toda, y no fueran parte para despertarle,
si su amo no lo llamara, los rayos del sol que le daban en el rostro, ni el
canto de las aves que muchas y muy regocijadamente la venida del nuevo día
saludaban. Al levantarse, dio un tiento a la bota y hallóla algo más flaca que la
noche antes, y afligiósele el corazón por parecerle que no llevaban camino de
remediar tan presto su falta. No quiso desayunarse don Quijote, porque, como
está dicho, dio en sustentarse de sabrosas memorias.

YASUNARI KAWABATA    EL CLAMOR DE LA MONTAÑA  778

!Cuantos años los de esos arboles…!Habría sido necesario mucho tiempo para que los troncos llegasen a tener la forma de músculos en tensión.Después de la muerte de la hermana de Yasuko,¿que manos habrían cuidado del bonsái de arce rojo en el pequeño  oratorio budista para que estuviera aún sin secarse.

OBRAS COMPLETAS – FRANZ KAFKA   778

Trago la comida sin demorarme en disquisiciones económicas.
Me basta en este aspecto la quintaesencia del saber, la pequeña
regla, con la cual las madres destetan a los pequeños y los dejan partir
hacia la vida: "Riega todo lo que puedas." ¿Es que esto no lo dice casi
todo? ¿Ha podido la investigación agregar a ello algo esencial, comenzando
desde los tiempos de nuestros más remotos antepasados? Pormenores,
nada más que pormenores. Y todos inseguros. En cambio,
esta regla permanecerá inconmovible mientras haya perros. Se refiere
a nuestro principal alimento. Desde luego, todavía hay medios accesorios,
pero en caso de necesidad y si los años no fueran demasiado malos,
podríamos vivir de este alimento principal, que encontramos en la
tierra; la tierra necesita de esa agua nuestra y sólo a este precio nos
suministra alimento, cuya producción, esto tampoco hay que olvidarlo,
puede desde luego acelerarse con determinados dichos, cantos y movimientos.

miércoles, noviembre 07, 2012

PUERTAS ABIERTAS

 

2012-05-27 11.14.24                       2012-05-27 11.16.50                        2012-05-27 11.16.31

Lolita
Vladimir Nabokov     142

A veinte pasos, Frank parecía una montaña de salud. A cinco, como ahora,
era un mosaico rubicundo de cicatrices; había sido despedido a través de una
pared; pero a pesar de sus muchas heridas, era capaz de manejar un camión
tremendo, de pescar, cazar, beber y retozar alegremente con las damas que
encontraba junto al camino. Ese día, ya porque fuera una gran festividad o
porque deseara entretener a un hombre enfermo, se quitó el guante que solía
usar en la mano izquierda (la que tenía apoyada en el marco de la puerta) y
reveló al fascinado doliente no sólo la falta completa del cuarto y quinto dedos,
sino también una muchacha desnuda, con pechos cinabrios y triángulo de tinta
china, pulcramente tatuada en el dorso de su mano mutilada; el índice y el dedo
medio eran tas piernas, mientras el puño llevaba su cabeza coronada de flores.Oh, delicioso... reclinada contra el marco, como un hada traviesa...
Le pedí que dijera a Mary Lore que me quedaría la tarde entera en la cama
y en algún momento del día siguiente me pondría en contacto con ella, si me
sentía bastante polinesio.
Advirtió la dirección de mi mirada e hizo que la cadera derecha de la
mujercita se meneara amorosamente.
—Formidable –asintió el grandote Frank.
Palmeó el marco de la puerta y se llevó silbando mi mensaje

GRAVES, ROBERT LA DIOSA BLANCA, 142

Jano nunca volverá a tener sacerdotes. Su puerta será
cerrada y permanecerá oculta en las grietas de Ariadna.
En otros términos, la antigua religión druídica basada en el culto del roble será
desalojada por el cristianismo, y la puerta -el dios Llyr- languidecerá olvidada en el
Castillo de Arianrhod, la Corona Borealis.
Esto nos ayuda a comprender la relación que existía en Roma entre Jano y la
Diosa Blanca Cardea, mencionada al final del capítulo IV como la diosa de los Goznes que fue a Roma desde Alba Longa. Ella era el gozne sobre el que giraba el año -el año latino antiguo, no el etrusco- y su importancia como tal consta en el adjetivo latino
cardinalis -se dice que algo tiene una «importancia cardinal»- que se aplicaba también a
los cuatro vientos principales; pues hasta la época clásica se consideraba que los vientos
se hallaban bajo la dirección única de la Gran Diosa. Como Cardea gobernaba el Gozne
Celestial detrás del Viento Norte, alrededor del cual, como explica Varrón en su De Re
Rustica, gira la piedra molar del Universo. Esta concepción aparece más claramente en
los Eddas escandinavos, donde las gigantas Fenja y Menja, que hacen girar la
monstruosa piedra molar Grotte en la fría noche polar, representan a la Diosa Blanca en
sus estados de ánimo complementarios de creación y destrucción

 

VLADIMIR NABOKOV
Cuentos completos 142

Mientras paseo por alguna calle silenciosa y oscura, me gusta oír cómo algún
hombre regresa a casa. El hombre no resulta visible en la oscuridad, y nunca sabes de antemano qué puerta se abrirá a la vida y condescenderá a dejarse penetrar por
el chirrido de una llave, para después girar, y detenerse luego, retenida por el
contrapeso, para acabar cerrándose de golpe; la llave chirriará de nuevo desde
dentro, y, en las profundidades al otro lado del cristal de la puerta, un débil
resplandor se rezagará durante un minuto maravilloso.
Pasa un coche sobre columnas de luz húmeda. Es negro, con una raya amarilla bajo
las ventanillas. Irrumpe ronco con su bocina en los oídos de la noche y su sombra
cruza bajo mis pies.

 

     Captura

La condición humana: André Malraux    142

¿Qué ha ocurrido? –preguntó Suen.
Chen se lo explicó. Pei también se había aturdido cuando había visto que Chen no abandonaba
solo el almacén del anticuario. Se había dirigido hacia su puesto de lanzamiento, a algunos metros
de la esquina. En Shanghai hay la costumbre de conducir por la izquierda; de ordinario, el auto daba
la vuelta acortando, y Pei se había situado en la acera de la izquierda para arrojar su bomba desde
cerca. Ahora bien, el auto iba de prisa; no había coches en aquel momento en la avenida de las Dos
Repúblicas. El chófer había dado la vuelta por el camino más largo; se había aproximado, pues, a la
otra acera, y Pei se había encontrado separado de él por un pousse.
–Tanto peor para el pousse –dijo Chen–. Hay otros millares de coolies que no pueden vivir más
que de la muerte de Chiang Kaishek.
–Habría errado el golpe.
Suen no había arrojado sus granadas porque la abstención de sus camaradas le había hecho
suponer que el general no iba en el coche.
Avanzaban en silencio entre los muros, que el cielo amarillento y cargado de bruma tomaba
pálidos, en una soledad miserable, acribillada de detritus y de hilos telegráficos

JAMES JOYCE
ULISES              142

Detrás. Tal vez hay alguien.
Volvió la cara por encima del hombro,
retro regardant. Moviendo en el aire sus tres
altos mástiles, las velas recogidas sobre las
crucetas, arribaba, aguas arriba, moviéndose
silenciosamente, un navío silencioso

 

                        VLADIMIR NABOKOV
Cuentos completos  675    830-675=155

Una farola centelleaba delante; sobre el cristal se
derramaba una rama, y las hojas que caían sobre el extremo del cristal, saturadas de
luz, eran casi una pura transparencia. Se acercó. La sombra de la puerta de entrada,
con su trabajo de celosía distorsionado por completo, le alcanzaba desde la acera
enmarañándole los pies. Más allá de la verja y más allá también del oscuro camino
de grava, se erguía amenazante la fachada de la casa familiar, toda oscura salvo por
una sola luz en una ventana abierta. Dentro de aquella sima color ámbar, la doncella
se disponía a extender con un amplio movimiento de sus brazos una sábana blanca
como la nieve sobre una cama. Chorb la llamó con un grito seco y potente. Tenía
una mano todavía agarrada a la puerta y el tacto del hierro bañado de rocío contra
la palma de la mano le hirió con el más afilado de los recuerdos.
La doncella ya corría a su encuentro. Como le diría a Frau Keller más tarde, primero
lo que le chocó fue que Chorb se quedara de pie en silencio en la acera junto a la
puerta, aunque ella la abrió de inmediato. «No llevaba sombrero —contó— y la luz
de la farola le daba en la frente, una frente toda sudorosa, y el pelo todo pegado a
causa del sudor.

JAMES JOYCE
ULISES                    830

—¿Es ése? —preguntó Haines,
torciéndose en su asiento.
—Sí —dijo Mulligan—. Ése es Juan
Howard, su hermano, nuestro concejal.
Juan Howard Parnell movió un alfil
blanco tranquilamente y su garra gris subió de
nuevo a la frente, donde descansó.
Un instante después, bajo la pantalla, sus
ojos miraron vivamente, con brillo espectral, a
su enemigo, y cayeron otra vez sobre un sector
activo del tablero.
—Tomaré un mélange —dijo Haines a la
camarera.
—Dos mélanges —agregó Buck
Mulligan—. Y tráiganos unos escones y manteca y algunos pastelitos también

Cuando ella se hubo retirado exclamó
riendo:
—Lo llamamos P. D. I. porque tiene
pasteles del infierno. ¡Oh, pero usted se perdió a
Dedalus en su Hamlet!

 

YASUNARI KAWABATA  EL CLAMOR DE LA MONTAÑA   830

Como las niñas ya viven en casa,no hay nada que hacer.Me pregunto si vendrá la policía a casa.¿A qué?Alguien tiene que responder por Aihara.No,no.No vendrán.Precisamente para evitar eso,Aihara envió el documento de divorcio.Las puertas correderas se abrieron violentamente y apareció Fusako en camisón.Sin apenas haber leído bien los periódicos,lo rasgó en mil pedazos y lo tiró,pero,por más fuerza que puso,éstos no revolotearon….Fusako,dejándose caer de lado sobre el tatami,rechazaba de si el periódico hecho trizas.Kikuko cierra la puerta¿quieres?.Al otro lado de las puertas abiertas por Fusako,se veían las figuras de dos niñas durmiendo.

 

 

                 

 

JORGE LUIS BORGES
OBRAS COMPLETAS     158

Remotas en el tiempo y en el espacio, las historias que he
congregado son una sola; el protagonista es eterno, y el receloso
peón que pasa tres días ante una puerta que da a un último
patio es, aunque venido a menos, el mismo que, con dos arcos,
un lazo hecho de crin y un alfanje, estuvo a punto de arrasar y
borrar, bajo los cascos del caballo estepario, el reino más antiguo
del mundo. Hay un agrado en percibir, bajo los disfraces del
tiempo, las eternas especies del jinete y d é l a ciudad 1; ese agrado,
en el caso de estas historias, puede dejarnos un sabor melancólico,
ya que los argentinos (por obra del gaucho de Hernández o por
gravitación de nuestro pasado) nos identificamos con el jinete,
que es el que pierde al fin. Los centauros vencidos por los lapitas,
la muerte del pastor de ovejas Abel a manos de Caín, que
era labrador, la derrota de la caballería de Napoleón por la infantería
británica en Waterl'oo, son emblemas y sombras de ese
destino.

 

EL FIGÓN DE LA REINA PATOJA
de
Anatole France                           158

—Miraut, nuestro buen perro, ha dado vueltas al asador durante catorce
años. No tengo ningún reproche que dirigirle. Es un buen servidor que
nunca ha robado el más pequeño trozo de pava o de ganso. Se contenta
como premio de su trabajo con lamer el asador. Pero se hace viejo. Su pata
está ya tiesa, no ve gota, y ya no sirve para dar vueltas a la manivela.

Jacobo, es a ti, hijo mío, a quien corresponde ocupar su puesto. Con la
reflexión y alguna práctica, llegarás, sin duda, a hacerlo tan bien como él...
Miraut, escuchando estas palabras, meneaba la cola en señal de
aprobación. Mi padre prosiguió:
—Sentado, pues, sobre esa banqueta, darás vueltas al asador. Sin
embargo, a fin de fortalecer tu espíritu, repasarás La Cruz de Dios, y
cuando con el tiempo sepas leer todas las letras de molde, estudiarás algún
libro de gramática o de moral, o las hermosas máximas del Antiguo y del
Nuevo Testamento. Porque el conocimiento de Dios y la distinción entre el
bien y el mal son necesarios, aun dentro de un estado mecánico, de poca
importancia, sin duda, pero honrado, como es el mío, como fue el de mi
padre y como será el tuyo, si Dios quiere.
A partir de aquel día, sentado mañana y tarde en un rincón del hogar,
daba vueltas al asador con mi Cruz de Dios abierta sobre mis rodillas. Un
humilde capuchino que iba con sus alforjas mendigando a casa de mi padre
me ayudaba a deletrear. Y lo hacía con tanta mejor voluntad, cuanto que
mi padre, que estimaba el saber, le pagaba sus lecciones con un hermoso
trozo de pava y un gran vaso de vino, y viendo el fraile que yo ligaba
bastante bien las sílabas y las palabras, me llevó una Vida de santa
Margarita, en la cual me enseñó a leer correctamente.
Un día, habiendo colocado, como de costumbre, su alforja sobre el
mostrador, fue a sentarse cerca de mí, y calentando sus desnudos pies en el
rescoldo del hogar, me hizo decir por centésima vez:
Doncella sabia, neta y fina,
protectora de las mujeres paridas;
tened piedad de nos.

 

 

 

 

martes, noviembre 06, 2012

NI SE COMPRA NI SE VENDE

 

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JAMES JOYCE
ULISES           356

¿Qué hora será? Y cuarto. Tiempo de sobre todavía.
Mejor hacer preparar esa loción. ¿Dónde es?
¡Ah!, sí, la última vez. En lo de Sweny, Plaza
Lincoln. Los farmacéuticos rara vez se mudan.
Sus frascos verdes y dorados en forma de boya
son demasiado pesados para andar moviéndolos.
La de Hamilton Long fundada en el año del
diluvio. Cerca de allí el cementerio hugonote.
Visitarlo algún día.Caminó hacia el sur a lo largo de la
Westland Low. Pero la receta está en los otros
pantalones. ¡Oh!, y me olvidé ese llavín también.
Al demonio con este asunto del entierro. ¡Oh!,
bueno, pobre hombre, él no tiene la culpa.
¿Cuándo fue que la hice preparar la última vez?
Veamos: me acuerdo que cambié un soberano.
Debe de haber sido el primero o el dos del mes.
¡Oh!, puede buscarlo en el libro de recetas El farmacéutico volvió página tras
página. Se diría que tiene olor a pasas. Cráneo
encogido. Y viejo. Búsqueda de la piedra
filosofal. Los alquimistas. Las drogas hacen
envejecer después de exaltar la mente. Letargo
después. ¿Por qué? Reacción. Toda una vida en
una noche. Cambia gradualmente tu carácter.

 

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VLADIMIR NABOKOV
Cuentos completos 

La aguja del almirantazgo                 356

Me reñía porque no me gustaba una estrofa sonora en la que, después de identificar su pasión al arco
de un violín, el autor compara a su amada con una guitarra.
A propósito de guitarras, señora, usted escribe que «por las noches los jóvenes se
reunían y Olga se sentaba a la mesa y cantaba con su rica voz de contralto». Muy
bien, una muerte más, una víctima más de su prosa suntuosa. Y sin embargo, ¡cómo
adoraba los ecos de aquella tziganshchina tan de moda que le llevaba a Katya a cantar y a mí a componer versos! Bien sé yo que no era el arte auténtico de los gitanos, aquel que entusiasmaba a Pushkin, y más tarde a Apollon Grigoriev, sino
una musa que apenas respiraba ya, cansada y sentenciada a muerte; todo contribuía
a su ruina: el gramófono, la guerra y una serie de canciones diversas sediciosamente
calificadas de zíngaras. Razón tuvo Blok, en uno de sus habituales raptos
providenciales, en escribir todas y cada una de las palabras que le venían a la mente
en su recuerdo de la lírica zíngara, como si estuviera apresurándose para ganarle
tiempo a la muerte antes de que fuera demasiado tarde.
¿Tendré que decirle lo que aquellos broncos murmullos y quejas significaban para
nosotros? ¿Tendré que revelarle la imagen de un mundo distante y extraño donde:
Las ramas péndulas del sauce duermen
Rozando casi el estanque,
donde, en lo profundo de los matorrales de lilas,
El ruiseñor solloza su pasión,y donde todos los sentidos están dominados por el recuerdo del amor perdido, ese
malvado rey del romanticismo seudogitano? A Katya y a mí también nos hubiera
gustado perdernos en los recuerdos, pero, como todavía no teníamos nada que
recordar, fingíamos perdernos en la lejanía del tiempo para retroceder después
hasta nuestra inmediata felicidad. Transformábamos todo lo que veíamos en
monumentos a nuestro todavía inexistente pasado intentando mirar un sendero del
jardín, la luna, los sauces llorones, con los mismos ojos con los que ahora —
conscientes ya de nuestras pérdidas irreparables— podíamos contemplar aquella
vieja balsa anegada de agua en el estanque, aquella luna sobre el establo de las
vacas Supongo que incluso, gracias a una inspiración más bien vaga, nos estábamos
preparando con antelación para ciertas cosas, ejercitando nuestra memoria,
imaginando un pasado distante y practicando la nostalgia, de forma que luego,
cuando el pasado existiera realmente para nosotros, supiéramos cómo enfrentarnos
a él sin perecer bajo su carga.

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La vida y la muerte me
están desgastando      MO YAN    356

Huzhu corrieron hacia donde se encontraba Diao Xiaosan, que apenas se mantenía con vida después de una
operación chapucera, mientras permanecía tumbado detrás del albaricoquero, retorciéndose y
sangrando hasta la muerte. Hubo un tiempo en el que la simple mención de ese árbol romántico te
habría hecho soltar espuma por la boca hasta desmayarte. Pero ahora podíamos ponerte en la
tierra que se extiende justo por debajo de él y tú, como un veterano curtido en mil batallas,
suspirarías emocionado ante la visita de un antiguo campo de batalla. Cuando estamos ante el
gran curandero de la vida que es el tiempo, no importa lo intenso que sea el tormento, ya que tarde o temprano todas las heridas se terminan por curar. Maldita sea, yo por entonces no era más que un condenado cerdo, así que no cabe lugar para esa actitud sombría.
En cualquier caso, como iba diciendo, Baofeng y Huzhu llegaron para acudir en ayuda de
Diao Xiaosan. Me aparté a un lado, llorando como si se tratara de un viejo y querido amigo. Al
principio, como yo, pensaban que había muerto, pero luego descubrieron que su corazón todavía
latía, aunque de manera apenas imperceptible. Baofeng intervino inmediatamente, sacó una
jeringuilla de su equipo médico y aplicó a Diao Xiaosan tres inyecciones consecutivas: una
estimulante, otra coaguladora de la sangre y otra de glucosa, todas ellas diseñadas para su
aplicación en los seres humanos. Pero quiero que me prestes atención sobre cómo tu hermana
cosió la herida que tenía el verraco. Como carecía de aguja e hilo quirúrgicos, se volvió a Huzhu,
que sacó inteligentemente un alfiler de su blusa. Ya sabes que las mujeres casadas siempre llevan
alfileres en su ropa o en el pelo. Pero ¿qué podían utilizar como hilo? Mientras su rostro se
ruborizaba, Huzhu dijo:
—¿Qué te parece un cabello mío? ¿Crees que serviría?
—¿Tu cabello? —preguntó Baofeng, ligeramente incrédula.
—Sí, mi cabello tiene capilares en su interior.
—Cuñada —dijo Baofeng sin ocultar su emoción—, tu cabello deber reservarse para gente
como el Muchacho de Oro o la Muchacha de Jade, no para un cerdo.
—Escucha, hermana —dijo Huzhu con creciente agitación—, mi cabello no es más digno
que el de un buey o el de un caballo. Si no fuera por mi peculiaridad, me lo habría cortado hace
tiempo. Y, aunque no se puede cortar, al menos se puede arrancar.
—¿Estás segura, cuñada? Baofeng tenía sus dudas, pero Huzhu no vaciló un instante y arrancó dos hebras del cabello
más misterioso y valioso que haya en el mundo, de aproximadamente metro y medio de longitud,
de color dorado oscuro —en aquella época, un cabello de ese color se consideraba especialmente
deslucido, mientras que ahora se considera un signo de belleza y elegancia— y más grueso que el
cabello normal, hasta el punto de que a simple vista parecía tener un peso considerable. Huzhu
enhebró uno de los pelos y entregó la aguja a Baofeng, que limpió la herida con yodo, agarró la
aguja con un par de pinzas y cosió la herida con el milagroso cabello de Huzhu

 

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lunes, noviembre 05, 2012

TESORO

 

       

GRAVES, ROBERT LA DIOSA BLANCA   112

En Grecia e Italia,  la diosa Venus se
convirtió en Santa Venera, la diosa Artemisa en Santa Arternidos, los dioses Mercurio y
Dioniso en Santos Mercourios y Dionisio, y el dios Sol Helios en San Elías. En Irlanda,
cuando San Columcille fundó su iglesia en Derry («Madera de Roble») se mostró «tan
renuente a derribar ciertos árboles sagrados que volvió su oratorio hacia el norte en vez
de hacia el este»; hacia el norte, es decir haciá Caer Arianrhod. Y cuando estaba en
Escocia declaró que «aunque temía la Muerte y el Infierno, el ruido de un hacha en el
bosquecillo de Derry le asustaba todavía más». Pero el período de la tolerancia no duró
mucho tiempo; cuando los príncipes irlandeses perdieron el privilegio de designar los
obispos entre los miembros de su clan, y los iconoclastas fueron políticamente lo
bastante fuertes para iniciar su tarea virtuosa, las hachas se levantaron y cayeron sobre
todas las colinas sagradas

La condición humana:  André Malraux    112

Un cuarto de hora más sobre el río, para ver ascender la ciudad en la noche. Por fin Han-Kow.
Unos pousses esperaban en el muelle; pero la ansiedad de Kyo era demasiado grande para que
pudiese permanecer inmóvil. Prefirió caminar: la concesión británica, que Inglaterra había
abandonado en enero, y los grandes bancos mundiales cerrados pero no ocupados... «Extraña
sensación la de la angustia: sentimos en el ritmo del corazón que se respira mal, como si
respirásemos con el corazón...» Cada vez se hacía más fuerte que la lucidez. En la esquina de una
calle, en el claro de un gran jardín, lleno de árboles en flor, grises en la bruma de la noche,
aparecieron las chimeneas de las manufacturas del Oeste. Sin humo. De todas cuantas veía, sólo las
del arsenal se hallaban en actividad. ¿Era posible que Han-Kow, la ciudad de la cual los comunistas
del mundo entero esperaban la salvación de China, estuviese en huelga?

EL CRIMEN DE UN ACADÉMICO
ANATOLE FRANCE                     112

—¡Qué gusto! —nos dijo—. Me alegra ver correr el agua del río. ¡Hace pensar en tantas cosas!
Al quitarse la señorita Préfére el sombrero, dejó ver sobre la frente sus bucles rubios; mi criada retiró con brusquedad aquel sombrero y dijo que no era decoroso esparcir los pingajos sobre los muebles. Después se acercó a Juanita, y al preguntarla si quería quitarse la manteleta y el sombrero, la llamó afectuosamente su señorita. La niña se los entregó a Teresa, y un busto encantador y un talle perfecto destacaron gallardamente sus contornos sobre el cuadro luminoso del balcón. Entonces yo hubiera querido que la contemplase alguien más que una criada vieja, una maestra de escuela rizada como un borrego y un infeliz archivero paleógrafo.
—¿Mira usted el Sena? —la dije—. Brilla mucho al sol.
—Sí —respondió—. Parece una llama que se desliza. Pero vea usted a lo lejos cuánta frescura extiende, cómo refleja los sauces de sus orillas, que le dan sombra. Aquel rinconcito me atrae

Lolita
Vladimir Nabokov             112

La mujer suspiró, frunció el ceño y después juntó las grandes manos
regordetas con aire de «vayamos al grano» y volvió a fijar en mí las cuentas de
sus ojos.
—Dolly Haze –dijo– es una niña encantadora, pero el comienzo de su
maduración sexual parece perturbarla.
Asentí ligeramente. ¿Qué otra cosa podía hacer?
—Aún vacila –dijo la señorita Pratt explicándose con sus manos con
manchas provocadas por el hígado– entre la zona anal y genital de desarrollo.
Esencialmente, es una encantadora cri...
—Perdón –interrumpí–. ¿Qué zonas?

Sura 3. Al Imran (La Casa de Imrán)    112

(75) Y ENTRE los seguidores de revelaciones anteriores hay algunos que, si les confías un tesoro,
te lo devuelven [fielmente] y otros que si les confías una pequeña moneda de oro, no te la
devuelven si no es atosigándoles.

DON QUIJOTE DE LA MANCHA  Miguel de Cervantes     112

—Sea por lo que fuere —dijo don Quijote—, que más fío de tu amor y de
tu cortesía; y así, has de saber que esta noche me ha sucedido una de las más
extrañas aventuras que yo sabré encarecer; y, por contártela en breve, sabrás
que poco ha que a mí vino la hija del señor deste castillo, que es la más apuesta
y fermosa doncella que en gran parte de la tierra se puede hallar. ¿Qué te
podría decir del adorno de su persona? ¿Qué de su gallardo entendimiento?
¿Qué de otras cosas ocultas, que, por guardar la fe que debo a mi señora
Dulcinea del Toboso, dejaré pasar intactas y en silencio? Sólo te quiero decir
que, envidioso el cielo de tanto bien como la ventura me había puesto en las
manos, o quizá (y esto es lo más cierto), que, como tengo dicho, es encantado
este castillo, al tiempo que yo estaba con ella en dulcísimos y amorosísimos
coloquios, sin que yo la viese ni supiese por donde venía, vino una mano pegada
a algún brazo de algún descomunal gigante y asentóme una puñada en las
quijadas, tal, que las tengo todas bañadas en sangre, y después me molió de
tal suerte que estoy peor que ayer cuando los gallegos, que, por demasías de
Rocinante, nos hicieron el agravio que sabes. Por donde conjeturo que el tesoro
de la fermosura desta doncella le debe de guardar algún encantado moro,
y no debe de ser para mí.

                                        

JURAMENTO

 

        

GRAVES, ROBERT LA DIOSA BLANCA   112

En Grecia e Italia,  la diosa Venus se
convirtió en Santa Venera, la diosa Artemisa en Santa Arternidos, los dioses Mercurio y
Dioniso en Santos Mercourios y Dionisio, y el dios Sol Helios en San Elías. En Irlanda,
cuando San Columcille fundó su iglesia en Derry («Madera de Roble») se mostró «tan
renuente a derribar ciertos árboles sagrados que volvió su oratorio hacia el norte en vez
de hacia el este»; hacia el norte, es decir haciá Caer Arianrhod. Y cuando estaba en
Escocia declaró que «aunque temía la Muerte y el Infierno, el ruido de un hacha en el
bosquecillo de Derry le asustaba todavía más». Pero el período de la tolerancia no duró
mucho tiempo; cuando los príncipes irlandeses perdieron el privilegio de designar los
obispos entre los miembros de su clan, y los iconoclastas fueron políticamente lo
bastante fuertes para iniciar su tarea virtuosa, las hachas se levantaron y cayeron sobre
todas las colinas sagradas

La condición humana:  André Malraux    112

Un cuarto de hora más sobre el río, para ver ascender la ciudad en la noche. Por fin Han-Kow.
Unos pousses esperaban en el muelle; pero la ansiedad de Kyo era demasiado grande para que
pudiese permanecer inmóvil. Prefirió caminar: la concesión británica, que Inglaterra había
abandonado en enero, y los grandes bancos mundiales cerrados pero no ocupados... «Extraña
sensación la de la angustia: sentimos en el ritmo del corazón que se respira mal, como si
respirásemos con el corazón...» Cada vez se hacía más fuerte que la lucidez. En la esquina de una
calle, en el claro de un gran jardín, lleno de árboles en flor, grises en la bruma de la noche,
aparecieron las chimeneas de las manufacturas del Oeste. Sin humo. De todas cuantas veía, sólo las
del arsenal se hallaban en actividad. ¿Era posible que Han-Kow, la ciudad de la cual los comunistas
del mundo entero esperaban la salvación de China, estuviese en huelga?

EL CRIMEN DE UN ACADÉMICO
ANATOLE FRANCE                     112

—¡Qué gusto! —nos dijo—. Me alegra ver correr el agua del río. ¡Hace pensar en tantas cosas!
Al quitarse la señorita Préfére el sombrero, dejó ver sobre la frente sus bucles rubios; mi criada retiró con brusquedad aquel sombrero y dijo que no era decoroso esparcir los pingajos sobre los muebles. Después se acercó a Juanita, y al preguntarla si quería quitarse la manteleta y el sombrero, la llamó afectuosamente su señorita. La niña se los entregó a Teresa, y un busto encantador y un talle perfecto destacaron gallardamente sus contornos sobre el cuadro luminoso del balcón. Entonces yo hubiera querido que la contemplase alguien más que una criada vieja, una maestra de escuela rizada como un borrego y un infeliz archivero paleógrafo.
—¿Mira usted el Sena? —la dije—. Brilla mucho al sol.
—Sí —respondió—. Parece una llama que se desliza. Pero vea usted a lo lejos cuánta frescura extiende, cómo refleja los sauces de sus orillas, que le dan sombra. Aquel rinconcito me atrae

Lolita
Vladimir Nabokov             112

La mujer suspiró, frunció el ceño y después juntó las grandes manos
regordetas con aire de «vayamos al grano» y volvió a fijar en mí las cuentas de
sus ojos.
—Dolly Haze –dijo– es una niña encantadora, pero el comienzo de su
maduración sexual parece perturbarla.
Asentí ligeramente. ¿Qué otra cosa podía hacer?
—Aún vacila –dijo la señorita Pratt explicándose con sus manos con
manchas provocadas por el hígado– entre la zona anal y genital de desarrollo.
Esencialmente, es una encantadora cri...
—Perdón –interrumpí–. ¿Qué zonas?

Sura 3. Al Imran (La Casa de Imrán)    112

(75) Y ENTRE los seguidores de revelaciones anteriores hay algunos que, si les confías un tesoro,
te lo devuelven [fielmente] y otros que si les confías una pequeña moneda de oro, no te la
devuelven si no es atosigándoles.

DON QUIJOTE DE LA MANCHA  Miguel de Cervantes     112

—Sea por lo que fuere —dijo don Quijote—, que más fío de tu amor y de
tu cortesía; y así, has de saber que esta noche me ha sucedido una de las más
extrañas aventuras que yo sabré encarecer; y, por contártela en breve, sabrás
que poco ha que a mí vino la hija del señor deste castillo, que es la más apuesta
y fermosa doncella que en gran parte de la tierra se puede hallar. ¿Qué te
podría decir del adorno de su persona? ¿Qué de su gallardo entendimiento?
¿Qué de otras cosas ocultas, que, por guardar la fe que debo a mi señora
Dulcinea del Toboso, dejaré pasar intactas y en silencio? Sólo te quiero decir
que, envidioso el cielo de tanto bien como la ventura me había puesto en las
manos, o quizá (y esto es lo más cierto), que, como tengo dicho, es encantado
este castillo, al tiempo que yo estaba con ella en dulcísimos y amorosísimos
coloquios, sin que yo la viese ni supiese por donde venía, vino una mano pegada
a algún brazo de algún descomunal gigante y asentóme una puñada en las
quijadas, tal, que las tengo todas bañadas en sangre, y después me molió de
tal suerte que estoy peor que ayer cuando los gallegos, que, por demasías de
Rocinante, nos hicieron el agravio que sabes. Por donde conjeturo que el tesoro
de la fermosura desta doncella le debe de guardar algún encantado moro,
y no debe de ser para mí.