miércoles, marzo 07, 2012

UN DIA EN EL HOSPITAL

    

    

JAMES JOYCE-ULISES    683

El colmillo del verraco lo
ha herido donde el amor está sangrando. Si la
arpía es vencida, persiste sin embargo en ella la
invisible arma de la mujer. Hay, lo siento en las
palabras, algún aguijón de la carne
impulsándolo a una pasión nueva, una sombra
más sombría de la primera, ensombreciendo
hasta su propia comprensión de sí mismo. Una suerte semejante lo aguarda y los dos furores se
mezclan en un solo torbellino.
Ellos escuchan. Y en los pórticos de sus
oídos yo vierto.
—El alma ha sido antes herida
mortalmente, un veneno vertido en el pórtico de
un oído entregado al sueño. Pero aquellos que
son muertos mientras duermen no pueden saber
el porqué de su muerte, a menos que el Creador
favorezca a sus almas con esa revelación en la
vida futura.
El espectro del rey Hamlet no podría
haber tenido conocimiento del envenenamiento
ni de la bestia de dos lomos si no hubiera sido
dotado de conocimiento por su creador. Por eso
es que su discurso (en magro inglés
desagradable) está siempre orientado hacia otra
parte, y retrocediendo. Arrebatador y
arrebatado, lo que quería y no quería va con él

 

  

VLADIMIR NABOKOV-  683

El duende del bosque
Yo trataba, pensativo, de encerrar entre mis trazos la silueta vacilante de la sombra
circular del tintero. En un cuarto lejano un reloj dio la hora, mientras que yo,
soñador como soy, me imaginé que alguien llamaba a mi puerta, suave al principio,
luego más y más fuerte. Llamó doce veces y se detuvo expectante.
—Sí, aquí estoy, pase...
El pomo de la puerta crujió tímidamente, la llama de la vela ya gastada se ladeó un
tanto, y él entró a saltos desde un rectángulo de sombra, jorobado, gris, cubierto
con el polen de la helada noche estrellada.
Conocía su rostro. ¡Lo conocía desde tanto tiempo atrás!
Su ojo derecho seguía en la sombra, pero el izquierdo me escrutaba
temerosamente, alargado, verde humo. ¡La pupila brillaba como si estuviera
oxidada... aquel mechón gris de musgo de su sien, la ceja de pálida plata apenas
visible, la cómica arruga junto a su boca sin bigote —todo ello intrigaba y molestaba
un punto a mi memoria!
Me levanté. Él dio un paso adelante.
Su abriguito raído estaba abotonado al revés, como los de las mujeres. En la mano
llevaba una gorra, no, era un fardo mal atado de color oscuro, y no había la más
mínima señal de una gorra...
Sí, claro que lo conocía, incluso le había tenido un cierto aprecio, pero
sencillamente no conseguía recordar dónde ni cuándo nos habíamos conocido. Y
debíamos habernos visto con frecuencia, de otra manera no tendría aquel firme
recuerdo de sus labios

de arándano, de aquellas orejas puntiagudas, de aquella
nuez tan divertida...
Con un murmullo de bienvenida estreché su fría mano, tan ligera, y luego la posé
en el dorso de un sillón raído. Él se encaramó como un cuervo en el tocón de un
árbol y empezó a hablar apresuradamente.
—Dan tanto miedo las calles. Por eso vine. Vine a visitarte. ¿Me reconoces? En otros
tiempos tú y yo solíamos retozar y jugar juntos durante días enteros. En nuestro viejo
país. ¿No me dirás que te has olvidado?
Su voz me cegó, literalmente. Me encontré turbado y aturdido: recordé la felicidad,
la felicidad reverberante, interminable, irreemplazable...
No, no puede ser. Estoy solo... es tan sólo un delirio antojadizo. Y sin embargo había
alguien sentado junto a mí, un ser de carne y hueso totalmente inverosímil, con
botines alemanes de largas vueltas, y su voz tintineaba, susurraba —dorada,

voluptuosamente verde, familiar—, mientras que las palabras que pronunciaba eran
tan sencillas, tan humanas...
—Ya, ya te acuerdas. Sí, soy un duende del bosque, un gnomo travieso. Y aquí
estoy, me han obligado a huir, como a todos los demás.
Suspiró profundamente, y volvieron a mi mente visiones de agitados nimbos y
también frondosas sierpes de arrogante follaje, y vivos destellos de corteza de
abedul como salpicaduras de espuma marina, contra el fondo de un dulce zumbido
perpetuo... Se inclinó hasta mí y me miró con dulzura a los ojos. «¿Recuerdas
nuestro bosque, los abetos tan negros, los abedules tan blancos? Lo han talado
entero. El dolor fue insoportable, vi cómo caían crepitando mis queridos abedules
¿y qué podía hacer yo? Me empujaron a los pantanos. Lloré y aullé, troné como un
avetoro, luego me fui corriendo a un bosque de pinos vecino

BORGES-683

  Si el mundo es el sueño de alguien,si hay alguien  que ahora está soñándonos
y que sueña la historia del universo, como es doctrina de la
escuela idealista, la aniquilación de las religiones y de las artes,
el incendio general de las bibliotecas, no importa mucho más
que la destrucción de los muebles de un sueño. La mente que
Una vez los soñó volverá a soñarlos; mientras la mente siga soñando,
nada se habrá perdido. La convicción de esta verdad,
que parece fantástica, hizo que Schopenhauer, en su libro Parerga
und Paralipomena, comparara la historia a un calidoscopio, en
el que cambian las figuras, no los pedacitos de vidrio, a una
eterna y confusa tragicomedia en la que cambian los papeles y
máscaras, pero no los actores. Esa misma intuición de que el
universo es una proyección de nuestra alma y de que la historia
universal está en cada hombre, hizo escribir a Emerson el poema
que se titula History.

lunes, marzo 05, 2012

PARALIZADOS

    

 

Aquí Carlos Jiménez Villarejo (ex fiscal anticorrupción) y Juanjo Millás denunciando bien clarito, con pelos y señales, nombres y datos, cómo el estado está al servicio de las mafias y el crimen organizado

Impresiona y acojona

       

 

'Stainless', o como detener el tiempo esperando el tren (por Adam Magyar)

Muy interesante, curioso y llamativo este proyecto fotográfico que equivale a detener el tiempo en movimiento. Aunque no es fácil definirlo sin echarle un vistazo a los primeros segundos. El fotógrafo Adam Magyar ha estado trabajando en él durante mucho tiempo en una serie de fotografías en movimiento, desde trenes subterráneos.

Emplea una técnica curiosa, son capturas de alta velocidad tomadas desde el propio tren cuando va llegando a la estación. Los pasajeros que esperan parecen congelados, aunque en la parte izquierda tenemos lo que ocurre unos doce segundos antes de lo que ocurre en la parte derecha del encuadre.

El montaje posterior, titánico por cierto, está montado en cámara lenta para poder apreciar con más detalle este curioso efecto logrado. Este vídeo contiene tres llegadas de metro a la popular estación de Alexanderplatz (Berlín), cada una de ellas son unos 12 segundos de tiempo real que aquí vemos dilatados en uno 8 minutos cada uno. Es realmente sorprendente verlo con calma, un trabajo realmente original.


Web del autor | www.magyaradam.com

 

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CAMBIO DE HORARIO

   

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ARTURO-STEPHEN R.LAWHEAD   360

 

Terrible fue la batalla, y terribles las lágrimas que la siguieron. Y largo, muy largo el luto.

El sol brillaba rojo y con fuerza y se alzaba como una herida abierta por el este cuando el último enemigo dejó caer las armas para siempre. Sólo quedaban siete hombres, que se miraron los unos a los otros con sangre en los ojos y en las manos.

Entonces Evnissyen el Depravado vio cómo colocaban el Caldero Resucitador sobre el fuego y empezaban a poner a los muertos en su interior. Temeroso de que todos sus esfuerzos se malograran, Evnissyen se colocó sin que nadie se diera cuenta entre los cadáveres, y fue introducido en el caldero junto con los demás.

Una vez en su interior, se estiró en toda su estatura apretando manos y pies contra los costados del caldero. Presionó con todas sus fuerzas hasta que el maravilloso caldero se partió en cuatro pedazos y quedó destruido. Al suceder esto, el corazón de aquel hombre perverso reventó también y murió de una forma innoble.

Los supervivientes, todos ingleses, se acercaron a Bran, que agonizaba junto a la hermosa Bronwen. Cayeron de rodillas y lloraron sobre su cuerpo.

—Rey y señor —se lamentaron—, el caldero se ha reventado y no podemos salvaros.

—Escuchadme, hermanos —dijo Bran—, y haced lo que os diré. Cuando haya muerto, cortad mi cabeza y llevadla de regreso con vosotros a Ynys Prydein. Una vez allí, enterradla sobre la Colina Blanca que se alza ante Mor Hadren, desde donde protegerá esa entrada marítima contra todo intruso.

»En verdad os digo que, mientras nadie desentierre la cabeza, ningún enemigo os hará daño. Os deleitaréis en la tierra de vuestros padres, las aves de Rhiannon os cantarán, y ochenta años serán como un solo día. Si lo hacéis así, la cabeza será tan

buena compañera para vosotros como siempre lo fui yo, puesto que vuestra alegría y prosperidad quedarán aseguradas.

»Pero si alguien desentierra la cabeza, las plagas y la guerra regresarán a la Isla de los Poderosos. Y, una vez desenterrada, deberéis apresuraros a enterrarla de nuevo donde nadie pueda encontrarla jamás, para evitar que os sucedan aún cosas peores.

»Ahora, pues, me ha llegado el momento de morir. Haced enseguida lo que os he ordenado.

Llenos de pesar, los hombres hicieron lo que su señor les ordenaba. Zarparon de nuevo hasta su país y enterraron la cabeza donde Bran les había dicho. Y enterraron a Bronwen un poco más lejos, pero cerca del lugar donde descansaba la cabeza de su hermano, para que pudieran estar juntos.

Y, de inmediato, un enorme palacio surgió del suelo con paredes y suelos de piedra pulimentada que relucía como piedras preciosas bajo el sol. En su interior encontraron una gran sala y comida de todas las clases colocada sobre una crujiente mesa. Había también vino y aguamiel y cerveza para beber. Y tanto la comida como la bebida eran de lo más delicioso que habían probado en su vida. Tan pronto como empezaron su banquete, tres aves aparecieron sobre unas perchas doradas y las canciones más maravillosas que jamás hubieran escuchado se convirtieron en un vacío sonido comparadas con el canto de estas aves fantásticas.

Durante ochenta años vivieron de esta forma, mientras su riqueza y descendencia aumentaban, al igual que su felicidad. Estos ochenta años recibieron el nombre de la Asamblea de la Cabeza Maravillosa. Por este motivo, el entierro de la cabeza de Bran fue llamado uno de los Tres Felices Ocultamientos. Mientras la cabeza permaneció tranquila en su lugar, ninguna plaga ni enemigo se acercó a las playas de Inglaterra.

Así termina este relato del mabinogi.

Terminada la canción, Myrddin bajó el arpa en medio de un silencio total. Los reyes y guerreros reunidos comprendieron que estaban en presencia de un auténtico bardo y se quedaron mudos. Sus ojos brillaban como encantados, y a lo mejor lo estaban. Pues en verdad el relato los había cautivado, y había obrado su sutil hechizo en su interior.

Y también en mi interior. También yo sentí el relato como algo vivo; me di cuenta de que estaba vivo como lo están todos los relatos auténticos. ¡Mayor es el temor que inspiran por ese motivo! Ya que comprendí el auténtico significado de la canción, y supe qué era lo que el Emrys nos había cantado:

El agitado reinado de Arturo, y la mano del Enemigo en él.

BORGES-360

En el libro tercero de las Ene a das, leemos que la materia
es irreal: es una mera y hueca pasividad que recibe las formas
universales como las recibiría un espejo; éstas la agitan y la pueblan
sin alterarla. Su plenitud es precisamente la de un espejo,
que simula estar lleno y está vacío; es un fantasma que ni siquiera
desaparece, porque no tiene ni la capacidad de cesar.
Lo fundamental son las formas.

NABOKOV-360

a la noche siguiente, volvía a hacer mi camino a través de todos los controles
que la marina había establecido en las esquinas de las calles (se me pedía
documentación que me permitiera acceder hasta el umbral del alma de Katya,
salvoconductos inservibles más allá de ese punto); y de nuevo volvía a mirar a Katya,
quien, a la primera palabra de compasión que yo pronunciaba, se convertía en una
gran muñeca rígida que se limitaba a bajar sus pestañas rizadas y a contestarme en
un lenguaje propio de una muñeca de porcelana

JOYCE-ULISES  360

—No—dijo el señor Bloom—. Prepárelo,
por favor. Vendré más tarde y llevaré uno de
esos jabones. ¿Cuánto cuestan?
—Cuatro peniques, señor.
El señor Bloom se llevó un pan a la nariz.
Dulce cera alimonada.
—Voy a llevar éste —dijo—. Con eso son
tres chelines y un penique.
—Sí, señor. Lo puede pagar todo junto,
señor, cuando vuelva.
—Bueno —dijo el señor Bloom.
Salió del negocio sin apresurarse, el
bastón de diario bajo el sobaco, el frescoenvuelto
jabón en la mano izquierda.
Al sobaco le dijeron la voz y la mano de
Bantam Lyons:
—Hola, Bloom, ¿qué noticias hay? ¿Es de
hoy? Veámoslo un minuto.
Se afeitó otra vez el bigote, ¡por Júpiter!
Largo y frío sobrelabio. Para parecer más joven.
De veras que está fragante. Más joven que yo.

CAMISA BLANCA

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VLADIMIR NABOKOV-LA DEFENSA   158

Hay una oscuridad temporal de los sentidos, que gradualmente va desapareciendo. Por lo que podemos juzgar, su recuperación completa está en marcha.

Las palabras del psiquiatra produjeron una pequeña sensación en la casa.

—¿Quiere eso decir que se acabó el ajedrez? —observó la madre con satisfacción—. ¿Qué va a quedar de él entonces?, ¿sólo su locura?

—No, no —dijo el padre—. No es un problema de locura. El hombre será cuerdo. El diablo no es tan malo como lo pintan. He dicho «pintan», ¿me oyes, preciosa?

Pero la hija no sonrió, sino que emitió un suspiro. La verdad es que se sentía muy cansada. Había pasado la mayor parte del día en la clínica, y había algo increíblemente extenuante en la exagerada blancura de todo lo que la rodeaba, y en los blancos y silenciosos movimientos de las enfermeras. Aún extremadamente pálido, con una barba incipiente y una camisa limpia, Luzhin yacía inmóvil.

EDGAR ALLAN POE-

EL JUGADOR DE AJEDREZ DE MAELZEL         158

¡Una gran audacia! ¡Qué pena! ¡Una era de maravillosos inventos! ¡Prodigios de
valor! A propósito, ¿oyó hablar del capitán Mann?
- ¡Qué el capitán Mann se vaya al d...! – exclamé -. Continúe, por favor, con la historia.
- ¿Ejem! Bueno, es la la méme cho-o-se, como decimos en Francia. Smith, ¿eh?
¿Dice usted el brigadier general John A. B. C.? [Aquí el señor Sinivate juzgó apropiado
apoyar un dedo contra su nariz.] ¿No insinuará usted, sinceramente, que desconoce
por completo ese episodio de Smith? ¿Se refiere usted a Smith, John A. B. C.? Válgame
Dios, si es el hombre que...
- Señor Sinivate - le imploré -, ¿se trata del hombre de la máscara?
- ¡No-o-o! - respondió, poniendo cara de entendido -. Tampoco es el hombre de la
luna.

RUIZ ZAFON-PRISIONERO DEL CIELO  158

La novia vestía de blanco y, aunque no lucía grandes alhajas ni adornos, no ha habido en la historia una mujer que fuese más hermosa a los ojos de su prometido que la Bernarda aquel día primerizo de febrero reluciente de sol en la plaza de la iglesia de Santa Ana. Don Gustavo Barceló, que si no había comprado todas las flores de Barcelona para inundar la entrada al templo no había comprado ninguna, lloró como una magdalena, y el cura amigo del novio nos sorprendió a todos con un sermón lúcido que le arrancó lágrimas hasta a Bea, que no era presa fácil.

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Manuel Mujica Lainez
EL VIAJE DE LOS SIETE
DEMONIOS                            158

Acudieron al día siguiente, muy de mañana, al palacio, donde los criados

habían compuesto, en el Salón de Baile, un escenario cuya simple decoración
simulaba tres fachadas.
Traía cada uno sus vestiduras y sus elementos tradicionales: Arlequín, el
sayo de bobo, el de losanges multicolores, con el garrote por arma segura; Scapino,
la casaca blanca, a la que realzaban cintas verdes, sin olvidar el guitarrón; el Doctor,
la ropa talar negra, el soleto y el birrete de su oficio; el napolitano Polichinela, el
sombrero cónico y las dos jorobas; el Capitán de las bravatas huecas, la espada
nunca temible; y los enamorados, que hablaban, a diferencia del resto, en un
toscano exquisito, los trajes a la moda. Todos, menos los apasionados jóvenes,
llevaban máscaras ridículas

sábado, marzo 03, 2012

PERRO BLANCO DE NUBE

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JOYCE-ULISES 249

EL GRAN GALLAHER
-Usted puede hacerlo, repitió Myles Crawford, apretando el puño para enfatizar. Espere un momento. Paralizaremos
Europa como Ignatius Gallaher solía decir cuando andaba a la caza de un empleo, echando una
mano en los billares en el Clarence. Gallaher, ése sí que era un periodista. Ésa era una pluma. ¿Sabe cómo
consiguió su tanto? Se lo diré. Fue el mejor trabajo de periodismo que se ha visto jamás. Fue en el ocheintaiuno,
el seis de mayo, en tiempos de los invencibles, el asesinato en el parque Phoenix, antes de que usted
naciera, supongo. Se lo enseñaré.
Se abrió camino a empujones hasta las carpetas.
-Mire aquí, dijo volviéndose. El New York World telegrafió para conseguir una exclusiva. ¿Recuerdan
aquellos tiempos?
El profesor MacHugh asintió.
-New York World, dijo el director, emocionadamente echándose hacia atrás el canotié. Donde tuvo lugar.
Tim Kelly, o Kavanagh mejor dicho. Joe Brady y los demás. Donde el Pellejocabra llevó el coche. Toda la
ruta ¿ven?
-El Pellejocabra, dijo Mr. O'Madden Burke. Fitzhams. Ese que tiene el albergue del cochero aquel, dicen,
allá por el puente Butt. Holohan me lo dijo. ¿Conocen a Holohan?
-Cojo y me llevo una ¿no? dijo Myles Crawford.
-Y el pobre Gumley también anda por ahí, según me dijo, vigilando piedras para la corporación municipal.
Guarda de noche.
Stephen se volvió sorprendido.
-¿Gumley? dijo. ¡No me diga! Amigo de mi padre ¿no es así?
-Olvídese de Gumley, exclamó Myles Crawford airadamente. Deje que Gumley vigile las piedras, que no
se escapen. Mire aquí. ¿Qué hizo Ignatius Gallaher? Se lo diré. Inspiración del genio. Telegrafió de inmediato.
¿Tienen Freeman Semanal 17 de marzo? Bien. ¿Lo cogen?
Buscó hacia atrás en las carpetas y plantó el dedo en un punto.
-Tomemos la página cuatro, anuncio de café Bransome, digamos. ¿Lo cogen? Bien.
El teléfono ronroneó.

-Yo lo cogeré, dijo el profesor, yéndose.
-B es la cancela del parque. Estupendo.
El dedo daba saltos y tocaba un punto tras otro, vibrando.
-T es la residencia virreinal. C es donde se cometió el asesinato. K es la puerta de Knockmaroon

BORGES 249

Aquiles, símbolo de rapidez, tiene que alcanzar la tortuga,
símbolo de morosidad. Aquiles corre diez veces más ligero
que la tortuga y le da diez metros de ventaja. Aquiles corre esos
diez metros, la tortuga corre uno; Aquiles corre ese metro, la
tortuga corre un decímetro; Aquiles corre ese decímetro, la tortuga
corre un centímetro; Aquiles corre ese centímetro, la tortuga
un milímetro; Aquiles el milímetro, la tortuga un décimo de milímetro,
y así infinitamente, de modo que Aquiles puede correr
para siempre sin alcanzarla. Así la paradoja inmortal.
Paso a las llamadas refutaciones. Las de mayores años —la de
Aristóteles y la de Hobbes— están implícitas en la formulada por
Stuart Mili. El problema, para él, no es más que uno de tantos
ejemplos de la falacia de confusión. Cree, con esta distinción,
abrogarlo:
En la conclusión del Sofisma, para siempre quiere decir cualquier imaginable lapso de tiempo; en las premisas, cualquier
número de subdivisiones de tiempo. Significa que podemos dividir
diez unidades por diez, y el cociente otra vez por diez, cuantas
veces queramos, y que no encuentran fin las subdivisiones del
recorrido^ ni por consiguiente las del tiempo en que se realiza.
Pero un ilimitado número de subdivisiones puede efectuarse con
lo que es limitado. El argumento no prueba otra infinitud de
duración que la contenible en cinco minutos. Mientras los cinco
minutos no hayan pasado, lo que falta puede ser dividido por
diez, y otra vez por diez, cuantas veces se nos antoje^ lo cual es
compatible con el hecho de que la duración total sea cinco
minutos. Prueba, en resumen, que atravesar ese espacio finito requiere
un tiempo infinitamente divisible, pero no infinito. (Mili,Sistema de lógica, libro quinto, capítulo siete.)

No anteveo el parecer del lector, pero estoy sintiendo que la
proyectada refutación de Stuart Mili no es otra cosa que una
exposición de la paradoja. Basta fijar la velocidad de Aquiles
a. un segundo por metro, para establecer el tiempo que necesita.

10+1+1/10  +1/100  +1/1000  +1/10000….
El límite de la suma de esta infinita progresión geométrica es
doce (más exactamente, once y un quinto; más exactamente, once
con tres veinticincoavos), pero no es alcanzado nunca. Es decir,
el trayecto del héroe será infinito y éste correrá para siempre,
pero su derrotero se extenuará antes de doce metros, y su eternidad
no verá la terminación de doce segundos. Esa disolución
metódica, esa ilimitada caída en precipicios cada vez más minúsculos,
nó es realmente hostil al problema: es imaginárselo
bien. No olvidemos, tampoco de atestiguar que los corredores
decrecen, no sólo por la disminución visual de la perspectiva,
sino por la disminución admirable a que los obliga la ocupación
de sitios microscópicos.

Realicemos también que esos precipicios
eslabonados corrompen el espacio y con mayor vértigo él tiempo
vivo, en su doble; desesperada persecución de la inmovilidad y
del éxtasis.

 

ROBERT GRAVES-DIOSA BLANCA   206*2=412-249=163     

  Se exige,  la pena de muerte por la tala ilegal de dos de los árboles jefes, el
avellano y el manzano:
Tres cosas que no respiran páguense con sólo cosas que respiran:
un manzano, un avellano y un soto sagrado42.
puede explicar esto el poema del siglo VII publicado al final del Crib Gablach, donde se
da la lista de los siete árboles jefes, pero con el aliso, el sauce y el abedul en vez del
fresno, el tejo y el pino, y la multa por su tala ilegal es una vaca, o tres por todo el soto.
Pero supongo que el poema es posterior a las Tríadas, si bien anterior a la Brehon Law,
y que la sentencia de muerte por la tala del avellano y el manzano ha sido sustituida por
la multa de una vaca, como en el caso de otros árboles. Según glosadores medievales,
Neimhead, que significa «nobleza», o sacrosantidad, se aplicaba a reyes o jefes, poetas
y sotos; en su sentido secundario de «dignidad o mérito» a los músicos, herreros,
carpinteros, vacas y dignatarios eclesiásticos.

En Roma, en el siglo II a. de C., se podía talar un soto sagrado por un precio
todavía más barato: el sacrificio de un solo cerdo. Catón el censor, en su De Re
Rustica, cita la plegaria de aplacamiento que el campesino deseoso de madera debía
dedicar al dios interesado

Michel Houellebecq
El mapa y el territorio   249

El pueblo permanecía estático en su perfección rural de destino
turístico, permanecería así por los siglos de los siglos, con el
discreto añadido de algunos elementos de confort vital como las
conexiones de Internet y los aparcamientos; pero sólo podría
permanecer así si había allí una especie inteligente para
mantenerlo, para protegerlo de la agresión de los elementos, de
la voracidad destructora de las plantas. El pueblo seguía igual
de desierto, apacible y como estructuralmente desierto; Jed se
dijo que ésa sería la apariencia del mundo después de la
explosión de una bomba de neutrones intergaláctica. Los
extraterrestres podrían entrar en las calles tranquilas y
restauradas de la aldea y regocijarse con su belleza comedida. Si
eran extraterrestres dotados de una sensibilidad estética, incluso
rudimentaria, comprenderían enseguida la necesidad de un
mantenimiento y efectuarían las restauraciones necesarias; era
una hipótesis a la vez tranquilizadora y verosímil. Jasselin
aparcó suavemente el Mercedes delante de la casa. Jed se apeó y,
atenazado por el frío, recordó de repente su primera visita, al
perro que daba brincos y saltos para recibirle, se imaginó la
cabeza del animal decapitada, la de su amo también cercenada,
tuvo conciencia del horror del crimen y durante unos instantes
lamentó haber ido, pero se repuso, deseaba ser útil, toda su vida
había deseado ser útil

AJUSTANDO LA HORA DE LA VISITA

 

 

 

                      

 

                                          

BORGES-920

LOS ENIGMAS
Yo que soy el que ahora está cantando
Seré mañana el misterioso, el muerto, •
El morador de un mágico y desierto
Orbe sin antes ni después ni cuándo.
Así afirma la mística. Me creo
Indigno del Infierno o de la Gloria,
Pero nada predigo. Nuestra historia
Cambia como las formas de Proteo;
¿Qué errante laberinto, qué blancura
Ciega de resplandor será mi suerte^
Cuando me entregue el fin.de esta aventura:
La curiosa experiencia de la muerte?
Quiero beber su cristalino Olvido,
Ser para siempre; pero no haber sido.

VLADIMIR NABOKOV  920

Luego su atención se quedó prendida en un objeto
desgraciado que se mostraba en una tienda de recuerdos: una horrorosa imitación

en mármol del monte San Jorge que mostraba en su base un túnel negro, que
resultaba ser la boca de un tintero, y que tenía un compartimento para las plumas
en forma de raíles de ferrocarril. Con la boca abierta, temblando, fuera de sí como si
acabara de lograr un triunfo sardónico, manoseó aquel engorroso objeto
polvoriento y totalmente irresponsable, pagó sin pestañear, y todavía con la boca
abierta salió con aquel monstruo en las manos. Como un autócrata que se rodea de
jorobados y enanos, él se aferraba a cualquier objeto repugnante; esta adoración le
podía durar unos cuantos o también muchos días, incluso más si se trataba de un
objeto animado.

JOYCE-920

¿Qué ventajas ofrecía el afeitarse por la noche?
Una barba más suave: una brocha más suave si intencionadamente se la dejaba de afeitado en afeitado con
la espuma pegada: una piel más suave si inesperadamente se tropezara con hembras conocidas en lugares
remotos a horas inusitadas: reflexiones sosegadas sobre el transcurso del día: sensación de más limpieza al
despertar tras un sueño más reconfortante puesto que los ruidos matutinos, premoniciones y perturbaciones,
el retumbo de una cántara de leche, la doble llamada del cartero, el periódico leído, releído al enjabonarse,
al reenjabonarse la misma parte, un susto, una punzada, con el pensamiento en algo que buscara aunque a
nada llevara podrían provocar un ritmo más rápido de afeitado y un corte en el que un esparadrapo con precisión
cortado y humectado y aplicado se adheriría: que era lo que había que hacer.
¿Por qué la ausencia de luz le perturbaba menos que la presencia de ruidos?
Por la seguridad del sentido del tacto en su mano firme toda masculina femenina pasiva activa.
¿Qué cualidad poseía (la mano) pero con qué contrarrestante influencia?
La cualidad quirúrgica operativa pero era reacio al derramamiento de sangre humana incluso cuando el fin
justificaba los medios, prefiriendo, en su orden natural, la helioterapia, psicofisicoterapéutica, la cirugía
osteopática.

 

viernes, marzo 02, 2012

EL PODER DEL HAMBRE

  

                            

                                                                                     

JAMES JOYCE-ULISES  220

Un pájaro se posó mansamente en la rama de un chopo. Como si estuviera disecado. Como el regalo de
boda que nos dio el edil Hooper. ¡Juu! Ni se ha inmutado. Sabe que no hay tirachinas por aquí. Un animal
muerto es aún más triste. La tontuela de Milly que enterró al pajarito muerto en la caja de cerillas de la cocina,
una cadena de margaritas y trocitos de loza rota en la sepultura.
El Sagrado Corazón es ése: mostrándolo. El corazón en la mano. Debería estar de lado y rojo debería estar
pintado como un corazón de verdad. Irlanda le fue dedicada o como sea. Parece de todo menos a gusto.
¿Por qué esta pena? Vendrían entonces los pájaros a picar como el chico del canasto de finta pero él dijo
que no porque debían de haber tenido miedo del chico. Apolo fue ése.
¡Cuántos! Todos estos aquí en un tiempo anduvieron por Dublín. Fieles difuntos. Como tú estás ahora así
estuvimos una vez nosotros.
Además ¿cómo podrías recordar a todo el mundo? Ojos, andares, voz. Bueno, la voz, sí: gramófono. Pones
un gramófono en cada sepultura o lo tienes en la casa. Después de la comida de los domingos. Pon al
pobre bisabuelo. ¡Craajraarc! Holaholahola estoymuycontento craarc muycontentoverosdenuevo holahola
estoym cnpzsz. Te recuerda la voz como la fotografia te recuerda la cara. Si no no podrías recordar la cara
después de quince años, digamos. ¿Por ejemplo quién? Por ejemplo un tipo que murió cuando yo estaba en
lo de Wisdom Hely.
¡Rtststr! Un traqueteo de guijarros. Espera. ¡Alto!
Miró hacia abajo intensamente a una cripta de piedra. Algún animal. Espera. Ahí va.
Una obesa rata gris paseaba insegura a lo largo de la cripta, moviendo los guijarros. Se las sabe todas la
muy vieja: bisabuela: conoce el percal. El gris vivo se apretujó por debajo del plinto, culebreó para dentro
por debajo. Buen escondite para un tesoro.
¿Quién vive ahí? Yacen los restos de Robert Emery. A Robert Emmet lo enterraron aquí a la luz de las
antorchas ¿no? De correrías.
El rabo acaba de desaparecer.
Uno de esos bichos tendría poco trabajo con uno. Dejaría los huesos mondos fuera quien fuese. Carne
comente para ellos. Un cadáver es carne que se ha echado a perder. Bueno ¿y qué es el queso? Cadáver de
la leche

VLADIMIR NABOKOV  220

Anton Petrovich se metió en el pasillo, siguió la flecha hasta los servicios de
caballeros, seres humanos, la humanidad, pasó delante del retrete, delante de la
cocina, dio un respingo al tropezarse con un gato que se le enredó en los pies,
apresuró el paso, llegó al final del pasillo, abrió una puerta y una lluvia de sol le
salpicó el rostro. Se encontró en un patio verde, donde se paseaban unas gallinas y
en el que un chico con un traje de baño viejo descansaba sobre un tronco de árbol.
Anton Petrovich pasó corriendo delante de él, dejó atrás unos matorrales, bajó un
par de peldaños de madera y otros matorrales, y de repente se resbaló porque el
suelo estaba inclinado. Las ramas le azotaban la cara, por lo que tuvo que abrirse
paso torpemente, sin dejar de resbalarse y de descender por aquel camino; la
pendiente, cubierta de saúcos, era cada vez más empinada. Finalmente su
precipitado descenso se hizo incontrolable. Empezó a deslizarse sobre sus piernas
abiertas, todas tensas, tratando de protegerse de las ramas ligeras. Y entonces, a
toda velocidad, se encontró abrazado a un árbol inesperado y empezó a moverse de
lado. Los matorrales se hicieron menos densos. Delante había una valla muy
elevada. Vio que había un hueco y cruzó entre las redes encontrándose al fin en una

arboleda de pinos, entre cuyos troncos  junto a una choza colgaba, moteada con la
sombra de los árboles, una colada de ropa recién lavada. Con la misma decisión
atravesó la arboleda y al momento se dio cuenta de que una vez más se encontraba
deslizándose pendiente abajo. Delante de él el agua relucía entre los árboles

BORGES 220

Resolver sin escándalo el problema del mal, mediante
la hipotética inserción de una serie gradual de divinidades entre
el no menos hipotético Dios y la realidad. En el sistema examinado,
esas derivaciones de Dios decrecen y se abaten a medida que
se van alejando, hasta fondear en los abominables poderes que
borrajearon con adverso material a los hombres. En el de Valentino
—que no dio por principio de todo, el mar y el silencio—,
una diosa caída' (Achamoth) tiene con una sombra dos hijos, que
son el fundador del mundo y el diablo. A Simón el Mago le
achacan una exasperación de esa historia: el haber rescatado a
Elena de Troya, antes hija primera de Dios y luego condenada
por los ángeles a trasmigraciones dolorosas, de un lupanar de
marineros en Tiro.1 Los treinta y tres años humanos de Jesucristo
y su anochecer en la cruz no eran suficiente expiación para los
duros gnósticos.
Falta considerar el otro sentido de esas invenciones oscuras.
La vertiginosa torre de cielos de la herejía basilidiana, la proliferación
de sus ángeles, la sombra planetaria de los demiurgos
trastornando la tierra, la maquinación de los círculos inferiores
contra el pleroma, la densa población, siquiera inconcebible o nominal,
de esa vasta mitología, miran también a la disminución
de este mundo. No nuestro mal, sino nuestra central insignificancia,
es predicada en ellas. Como en los caudalosos ponientes
de la llanura, el cielo es apasionado y monumental y la tierra
es pobre. Ésa es la justificadora intención de la cosmogonía- melodramática
de Valentino, que devana un infinito argumento de
dos hermanos sobrenaturales que se reconocen, de una mujer
caída, de una burlada intriga poderosa de los ángeles malos y de
un casamiento final. En ese melodrama o folletín, la creación
de este mundo es un mero aparte. Admirable idea: el mundo
imaginado como un proceso esencialmente fútil, como un reflejo
lateral y perdido de viejos episodios celestes. La creación como
hecho casual.

El proyecto fue heroico; el sentimiento religioso ortodoxo y
la teología repudian esa posibilidad con escándalo. La creación
primera, para ellos, es acto libre y necesario de Dios. El universo,
según deja entender San Agustín, no comenzó„en el tiempo, sino
simultáneamente con el-juicio que niega toda prioridad del
Creador. Strauss da por ilusoria la hipótesis de un momento inicial,
pues éste contaminaría de temporalidad no sólo a los instantes
ulteriores, sino también a la eternidad "precedente".