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domingo, febrero 04, 2007
MULA MECANICA
martes, enero 23, 2007
205-
Vladimir Nabokov Pnin 185 pags. 205-185=20¿Podia ser esta vez,ser una pulmonia?Hacia un par de dias se habia quedado helado en una de esas sanas corrientes de aire norteamericanas que suelen ofrecer los anfitriones a sus invitados,una vez tomada la segunda copa,en las noches ventosas.Y de repente Pnin(¿se estaba muriendo? se encontró con que estaba deslizandose hacia su propia infancia.Esta sensación venia acompañada de esa precisión en los detalles retrospectivos que,según se dice,disfrutan los individuos que se estan ahogando,sobre todo los pertenecientes a la antigua Armada Rusa,un fenomeno de ahogo que un veterano psicoanalista,cuyo nombre no recuerdo,ha explicado diciendo que es la evocación subsconsciente del propio bautismo,la cual provoca un estallido de los recuerdos que median entre la primera inmersión y la última.Todo ocurrió en un abrir y cerrar de ojos,pero no hay modo de contarlo como no sea con una serie consecutiva de palabras.
Antonio Gala Las afueras de dios 163pags. 205-163=42
Así cavilaba, apoyada la frente en los cristales, cuando reparó en que había dejado de llover. Abrió el balcón y vio los árboles lavados, chorreando agua aún. El olor de la tierra empapada y del arrayán de las borduras subía como una humareda desde el jardín. En los charcos se reflejaba el cielo que comenzaba a abrirse y permitía entrever lo azul. Sin saber lo que hacía, como arrastrada, dejó el balcón abierto, salió del salón del recreo, corrió por el pasillo y bajó desalada la escalera. Cuando llegó fuera llevaba las sandalias en la mano. Las arrojó y se puso a chapotear con los pies desnudos en el barro. Disfrutaba como una niña chica que hace algo prohibido. No miraba ni a su derecha ni a su izquierda, concentrada en su gozo terrenal e inmediato de salpicarse los hábitos sostenidos a media pierna. Después de unos instantes, al caer en la cuenta de que estaba faltando a las reglas, alzó los ojos al balcón abierto. En él estaba el viejo huraño que jamás sonreía. Estaba, y sonriendo. Cuando notó que ella lo miraba, dejó de sonreír. Nazaret pensó que, por lo menos, algo bueno había salido de su falta. Se lavó los pies en la fuente que rebosaba, se calzó las sandalias, moderó su expresión de contento, ordenó sus tocas como Dios le dio a entender y subió para servir la cena.
M.Mujica Lainez El Unicornio pag.205
¡ Con qué fruición bebí sus palabras! Ni siquiera el rey Guy de Lusignan, cuando alzó lacopa plena de nieve del monte Hermón hasta sus labios partidos, habrá experimentado
tanta alegría. No tengo a nadie. Sin mí, Aiol no tenía a nadie. ¿Acaso no me estremecía
una sensación igual a la que lo aherrojaba? ¿Qué separaba a nuestros sentimientos?
Embriagada, saturada de humo la cabeza, oscilé, como si todavía revistiera la fragilidad
de la humana estructura.
S.Gamboa El sindrome de Ulises pags.162 205-162=43
Retazos de actos heroicos extraídos de las vidas de otros guerrilleros, eran todas falsas, vergonzosamente falsas, y lo único que hacía era sumarse a esa infinita lista de europeas seducidas con el cuento de la revolución latinoamericana, ríos de esperma andina y caribeña, del Cono Sur o Centroamérica, corriendo sobre las capitales de Europa. Millares de blancos muslos vikings enrojecidos con historias de indios buenos y gringos malos, toneladas de traseros teutones conquistados con citas de Eduardo Galeano, kilómetros de vulvas abiertas con camisetas del Che y canciones de Quilapayún...
. Levanté la cara, lo miré a los ojos por primera vez y le dije, no hay mucho qué hacer, ¿no es cierto? Él, con unos ojos en los que creí ver fuego o lava ardiente, respondió, no, no tiene nada qué hacer, absolutamente nada, pero fue una buena partida. Esto último lo agregó con una extraña voz, como si el aire y sus palabras emergieran desde el fondo de una gruta. Entonces tiré abajo mi rey y le estreché la mano, una mano de dedos fríos, como de peces congelados, y me alejé hacia el salón de baile.
lunes, enero 22, 2007
205-ANIMALES

ANATOLE FRANCE El figon de la Reina Patoja pag.205Han rechazado el libro de Enoch,por no poder comprenderlo,como el gallo de la fábula árabe desdeñó la perla que habia caido entre los granos.Porque habéis de saber que esos ángeles que Enoch nos describe,estableciendo un comercio amoroso con las mujeres,no son otra cosa que silfos y salamandras.
Vladimir Nabokov Deseperación pag.205
Acostumbraba ,con los dedos aún manchados de sopa,recoger los huesos dejados en los platos,haciendo un paquete con ellos,que acontinuación metia en uno de los bolsillos de su amplia chaqueta.Al proceder asi,aspiraba a que lod otros le tomaran por un excentrico,para los pobres perros,decia."Los animales son con frecuencia mejores que los seres humanos",añadia.
Enrique Vila Mtas Paris no se acaba nunca 205
Yo,por ejemplo,he visto el acoplamiento de los peces espada,asi que es algo que conozco.He visto un cardumen de más de cincuenta ballenas, y en una oportunidad arponeé una de casi dieciocho metros de larga,y la perdí.
Vladimir Nabokov La defensa pag.205
El frio era extraordinario.Cerraron la pista de hielo,que parecia tener siempre mala suerte.En los parques yacian los pajaritos con el pecho abultado y las patas al aire.El imponente mercurio,bajo la influencia del medio,bajaba cada vez más.Hasta los osos polares del zoologico encontraban que la dirección se habia excedido.
Allan Poe Obras selectas pag.205
Una mañana,con sangre fria,deslicé un lazo por su pescuezo y lo colgué de un árbol;lo colgué con lagrimas en mis ojos y con el más amargo de los remordimientos en el alma;lo colgué porque sabia que al hacerlo estaba cometiendo un pecado,un pecado mortal que comprometia mi alma inmortal.
Ted Klein Ceremonias macabras pag.205
Y se quedaron inmóviles sintiendo el alivio de encontrarse sobre un suelo que no se movía, y los dos hombres se pusieron a hablar hasta que empezó a llover.
Y en el bosque, una forma gigantesca que recordaba el lomo de un gran animal, cubierta por una espesa capa de follaje, se quedó inmóvil, alzándose hacia las estrellas.
A la mañana siguiente fueron recogiendo todo lo que había quedado destrozado, empapados por una insistente llovizna. Bert y Amelia Steegler caminaron por entre los estantes de su almacén barriendo los vidrios rotos. Un dolorido Adam Verdock recorrió los campos reuniendo a su ganado, que había logrado derribar a coces las ya debilitadas paredes de su aprisco. El viejo Bethuel Reid, armándose de valor, cogió un rastrillo y expulsó al bosque a todas las serpientes que habían infestado su granja.
Y el joven Raymond Trudel, mientras buscaba un cerdo escapado en la región pantanosa del bosque, se tropezó con la peor escena de toda aquella devastación y volvió corriendo a la granja de su familia, gritando aterrado que una colina monstruosa había surgido esa noche en el Cuello de McKinney.
domingo, enero 21, 2007
205-DOLOR
Imre Kertész Yo,otro 143 pags. 205-143=62Mi historia consiste en mis muertes;si quisiera contar mi vida,debería contar mis muertes.Aun así,algo huele mal-vuelvo a protestar-.Si contemplas Auschwitz desde un punto de vista tan teológico,sin duda crees que tu vida también tiene sentido.Tal vez pienses directamente que Dios te dejó con vida porque te eligió para que reconocieras el toque de atención inherente a Auschwitz.
Susan Sontag Ante el dolor de los demas 151pags. 205-151=54
Los sufrimientos que padece la población civil a manos del desbocado ejército victorioso.
Las miserias y desgracias de la guerra,representa las atrocidades que cometieron las tropas francesas contra los civiles durante la invasión y la ocupación de Lorena a comienzos del decenio de 1630.Callot comienza con una lámina sobre reclutamiento de soldados;muestra combates feroces,masacres,saqueos violaciones,las maquinas de tortura y ejecución(la garrucha,el árbol de la horca,el peloton de fusilamiento,la hoguera,la rueda),la venganza campesina contra los soldados;y termina con una distribución de recompensas.
Ad absurdum Gion Mathias Cavelty 129 pags. 205-129=76
La Tierra está en llamas,ardiendo por completo.Yo lo he salvado del infierno.Deberia agradecermelo.
-Quiere decir....
-!No hay vuelta atrás,amigo mio!
La noticia era tan terrible que me desvanecí.
Vladimir Nabokov El ojo 107pags. 205-107=98
No puedo continuar asi,no puedo aguantarlo más-musité,agarrándole con violencia la muñeca,que se puso rigida inmediatamente,y volviendo una obediente hoja del libro que tenia en el regazo.Tengo que decirle que en realidad llevo una máscara....,estoy siempre escondido detrás de una máscara.
Paul Auster La invención de la soledad 205
La pintura o el desmoronamiento del tiempo en imagines.
Uno de los cuadros del apartamento tenía el titulo(Madelein a los 18 meses).
Durante un instante,sin darse cuenta,la mujer se detuvo frente al cuadro pintado casi ochenta años antes y A. comprobó,como en un increible salto en el tiempo,que la cara de la criatura del cuadro y la de la anciana que tenía delante eran exactamente iguales.En ese preciso momento sintio que habia atravesado la ilusión del tiempo humano y lo habia experimentado en su propia dimensión,apenas la duración de un pestañeo.
Pere Gimferrer Noche en el Ritz 165pags. 205-165=40
Hay poetas que cantan la conciliación entre el alma y la esencia del mundo.Otros,encuentran que lo que les corresponde es cantar la añoranza de esta armonia.Dicen,con palabras del infierno,la nostalgia del paraiso.
Jose Saramago Las intermitencias de la muerte 137pags. 205-137=68
, Lo más seguro es que no haya nadie en los carpinteros a estas horas, Permítame que lo dude, señor presidente, las mismas razones que nos han reunido aquí habrán hecho que ellos se reúnan. Acertaba de lleno el proponente. De la corporación de los carpinteros respondieron que habían alertado a los respectivos asociados nada más oír la lectura de la carta de la muerte, llamando la atención para la conveniencia de restablecer en el plazo más corto posible la fabricación de cajería fúnebre, y que, de acuerdo con las informaciones que estaban recibiendo continuamente, no sólo muchas empresas habían convocado a sus trabajadores, sino que también se encontraban ya en plena elaboración la mayor parte de ellas. Va contra el horario de trabajo, dijo el portavoz de la corporación, pero, considerando que se trata de una situación de emergencia nacional, nuestros abogados tienen la seguridad de que el gobierno no tendrá otro remedio que cerrar los ojos y que además nos lo agradecerá, lo que no podremos garantizar, en esta primera fase, es que los ataúdes que ofrezcamos tengan la misma calidad de acabado a que teníamos acostumbrados a nuestros clientes, los pulimentos, los barnices y los crucifijos exteriores tendrán que quedarse para la fase siguiente, cuando la presión de los entierros comience a disminuir, de todos modos somos conscientes de la responsabilidad de ser una pieza fundamental en este proceso. Se oyeron nuevos y todavía más calurosos aplausos en la reunión de los representantes de las funerarias, ahora sí, ahora había un motivo para felicitarse mutuamente, ningún cuerpo quedaría sin entierro, ninguna factura sin cobrar. Y los sepultureros, preguntó el de la propuesta, Los sepultureros harán lo que se les mande, respondió irritado el presidente. No era así exactamente. Por otra llamada telefónica se supo que los sepultureros exigían un aumento sustancial del salario y el pago por triplicado de las horas extraordinarias. Eso es cosa de los ayuntamientos, que se las arreglen como puedan, dijo el presidente. Y si llegamos al cementerio y no hay nadie para abrir sepulturas, preguntó el secretario. La discusión prosiguió encendida. A las veintitrés horas y cincuenta minutos el presidente tuvo un infarto de miocardio. Murió con la última campanada de la medianoche.
Tami Hoag Pecados nocturnos 205
Maldijo la política del Departamento. Había venido aquí para hacer un trabajo, simple y sencillo. Pero no había simple y sencillo en la situación en la que habían sido involucrados... ella, Mitch, Hannah, Paul, todos en Deer Lake, todos los que no pertenecían a la comunidad y habían venido a ayudar. Un acto de maldad había cambiado todas sus vidas. El secuestro de Josh había puesto en movimiento una cadena de acciones y reacciones. Sus vidas habían sido sacadas de quicio y ahora dependían del próximo movimiento de un loco.
Se preguntó si el loco lo sabría, fuera quien fuera. Mientras miraba hacia afuera por el parabrisas pensó si él estaría pensando en su próximo movimiento y en cómo afectaría a los jugadores involuntarios de su juego enfermizo.
Poder. De eso se trataba todo esto. El poder de jugar a ser Dios. El poder de someter a la gente hasta que pidiera misericordia. La necesidad de demostrar que era más listo que todos los demás.
–Es fácil ganar el juego cuando uno es el único que conoce las reglas –murmuró Megan–. Danos una pista, maldito loco. Sólo una pista. Luego veremos qué es cada cosa.
Pronto. Tenía que suceder pronto. Sentía que el tiempo se le escapaba de las manos. El ultimátum de DePalma pendía sobre su cabeza como un yunque... haz que suceda algo bueno.
Amin Maalouf Los jardines de luz 157pags. 205-157=48
Luego, se levantó, pero permaneció aún un largo rato con los brazos caídos, incapaz de poner un pie delante del otro, como si esperara de su voz interior una última confirmación.
«Sí, Mani, hijo de Babel, estás solo, despojado de todo, rechazado por los tuyos, y partes a la conquista del universo. En eso se reconocen los verdaderos comienzos.»
Orhan Pamuk El libro negro pag.205
. Primero los chicos se rieron con las palabras antiguas, los dichos pomposos y las expresiones persas hasta que se aburrieron y lo arrojaron a un rincón, pero luego comenzaron a hojear con curiosidad aquel largo libro por si tenía alguna escena de torturas, un cuerpo desnudo o la fotografía de un submarino hasta que acabaron por comenzar a leerlo de veras. En algún momento del principio había tal escena de amor entre los protagonistas que al muchacho le habría gustado ocupar el lugar del héroe. El amor estaba tan hermosamente descrito que quiso poder estar tan enamorado como el protagonista del libro. Y así, cuando se dio cuenta de que él comenzaba a demostrar los mismos síntomas del amor que soñaba que el libro describiría más tarde (impaciencia al comer, inventar excusas para acudir junto a la amada, no beber un vaso de agua a pesar de estar sediento), el muchacho comprendió que estaba enamorado de la muchacha en ese momento mágico en que ambos miraban las páginas del libro sosteniéndolo cada uno por un extremo.
Bien, ¿y cuál era la historia que contaba aquel libro que leían sosteniéndolo cada uno por un extremo? Era la historia, ocurrida hacía muchísimo tiempo, de una muchacha y un muchacho que habían nacido en la misma tribu. Los muchachos, que vivían junto a un desierto, se llamaban Hüsn (Belleza) y Ask (Amor) y habían nacido la misma noche, habían recibido lecciones del mismo profesor, habían paseado alrededor del mismo estanque y se habían enamorado el uno del otro. Cuando, años después, el muchacho pidió la mano de la Muchacha, los ancianos de la tribu le pusieron como condición para concedérsela que fuera al País de los Corazones y que trajera de allí una fórmula alquímica. ¡Cuántos problemas encontró el muchacho después de ponerse en camino! Cayó en un pozo y fue hecho prisionero por la bruja pintada; los miles de imágenes y caras que vio en otro pozo lo embriagaron; se enamoró de la hija del emperador de la China porque se parecía a su amada; salió trepando de pozos y fue encarcelado en fortalezas, persiguió y fue perseguido, luchó con el invierno, recorrió largos caminos, fue tras pistas y señales, se sumergió en el secreto de las letras y escuchó y contó cuentos. Por fin Sühan (Palabra), que siempre le había seguido disfrazado y le había salvado en todas sus tribulaciones, le dijo: «Tú eres tu amada y tu amada es tú. ¿Todavía no lo has entendido?». Y entonces el muchacho recordó cómo se había enamorado de la muchacha leyendo juntos el mismo libro cuando estudiaban con el mismo profesor.
Aquel libro que habían leído juntos contaba la historia de un sultán llamado Hürrem Sah y un apuesto muchacho llamado Cavid del que se había enamorado y tú ya habrás supuesto mucho antes que el sorprendido pobre sultán que en esta historia los amantes se habían enamorado leyendo otra historia de amor, una tercera historia. En esa historia de amor los amantes también se enamoraban leyendo un libro que narraba una historia de amor y los amantes de ese libro también se prendaban el uno del otro leyendo otra historia de amor.
Andres trapiello Una caña que piensa pag.205
Me ha dicho, a su vuelta de Roma: "Me gustaría que no lo tuvieses que escribir". Se refiere al libro este que ando escribiendo sobre los escritores en la guerra civil. A mí también me gustaría no tener que escribirlo, pero ¿qué voy a hacer? No tengo otro sitio donde ganarlo, como dicen los jornaleros.
Después me dio un consejo muy sabio, de oro: "Lo mejor sería que te lavaras las manos. Es todavía demasiado pronto".
M. me aconseja lo mismo. P., el otro día, igual: "Ve con cuidado, te pueden acribillar...".
Si puedo, haré una faena de alivio. Yo no soy valiente. Para contar que Alberti es más o menos como Pemán, y que los Machado habrían cambiado los papeles si las circunstancias se hubieran cambiado, habrá tiempo. Seguramente. Pero si no se va a ser libre, ¿para qué está uno escribiendo? La teoría general es más o menos ésta: no hubo dos, sino tres Españas. Una minoritaria, fascista, otra, minoritaria también, comunista, y una mayoritaria, que habría transigido. Entre las dos pequeñas Españas intransigentes, acabaron con la transigente. Como teoría, me han dicho, es muy bonita, pero no auguran nada bueno por parte de los restos de esas dos Españas, aún muy poderosos. Etcétera.
De esas cosas hablamos durante toda la comida. Entre las pinturas que R. G. había traído de Roma, estaba una Magdalena, un cuadro precioso del año 1959, es decir, de los primeros tiempos en Italia. Representa a una mujer joven, de pechos opulentos.
Orhan Pamuk Me llamo rojo pag.205
En un álbum vimos un paisaje que parecía alejarse mas y más de unas altas montañas que desaparecían entre nubes rizadas. Pensé en cómo pintar era observar este mundo pero mostrarlo como si fuera otro. El Maestro Osman me contó cómo aquella pintura china podría haber llegado desde China a Estambul pasando de Bujara a Herat, de Herat a Tabriz y de Tabriz al palacio de Nuestro Sultán entrando y saliendo de todo tipo de libros, después de que desencuadernaran su libro y a ella la encuadernaran luego con otras pinturas.
Vimos escenas de guerra y muerte, cada una más terrible y mejor pintada que la otra: Rüstem con el Sha Mâzenderân; Rüstem atacando el ejército de Efrasiyab; Rüstem, el héroe misterioso e irreconocible en su armadura completa... En otro álbum vimos cadáveres destrozados, dagas manchadas de roja sangre, soldados desdichados en cuyos ojos se reflejaba la luz de la muerte y héroes que se troceaban mutuamente como cebollas mientras ejércitos legendarios, cuya procedencia no supimos averiguar, combatían sin piedad. El Maestro Osman observó, quién sabe por qué milésima vez, a Hüsrev espiando a Sirin mientras ella se bañaba en el lago a la luz de la luna, a los enamorados Leyla y Mecnun desmayándose al verse de nuevo tras una larga separación y la escena del cascabeleante gozo, entre árboles, flores y pájaros, de Salâman y Absal después de que huyeran del mundo y se fueran a vivir solos a una isla feliz, y, como el verdadero gran maestro que era, no pudo evitar llamarme la atención sobre el detalle extraño que aparecía en algún rincón de incluso la peor pintura, ya fuera debido a falta de firmeza del ilustrador o la conversación que emprendían por sí mismos los colores: ¿Qué desdichado y malintencionado ilustrador había colocado en aquella rama aquella infausta lechuza mientras Hüsrev y Sirin escuchaban las dulces historias que contaban las doncellas cuando nunca debería haber estado ¿Quién había colocado aquel bello muchacho vestido de mujer entre las mujeres egipcias que se cortaban los dedos mientras pelaban toronjas distraídas por la apostura de José? ¿Habría adivinado el ilustrador que había pintado cómo Isfendíyar se quedaba ciego de un flechazo que tiempo después también el se quedaría ciego?
Vimos a los ángeles que rodeaban a nuestro Santo Profeta en su ascensión a los Cielos, al anciano de piel oscura, seis brazos y larga barba que representa al planeta Saturno, cómo el niño Rüstem dormía pacíficamente en su cuna con incrustaciones de nácar mientras su madre y sus niñeras lo observaban. Vimos la dolorosa muerte de Darío en brazos de Alejandro, el encierro de Behram Gür en la habitación roja con su princesa rusa, el cruce del fuego de Siyavus montado en un caballo negro que no tenía ninguna firma secreta en los ollares, el triste entierro de Hüsrev, asesinado por su propio hijo. Mientras hojeaba a toda velocidad los volúmenes y los iba dejando aparte, el Maestro Osman reconocía a veces a un ilustrador y me lo indicaba, descubría alguna firma oculta tímidamente en lo más recóndito de unas ruinas, entre las flores, o en un rincón del pozo oscuro donde se escondía un genio, y comparando firmas y colofones podía descubrir quién había tomado qué de quién. Hojeaba largamente ciertos tomos por si encontrábamos algunas páginas de ilustraciones. A veces se producían largos silencios y sólo se oía el crujido apenas perceptible de las páginas. A veces el Maestro Osman lanzaba un grito como «;Oh!» y yo guardaba silencio sin comprender qué le había sorprendido. A veces me recordaba que la composición de la página o el equilibrio de los árboles o los caballeros de ciertas pinturas ya los habíamos visto en otras escenas de historias completamente distintas en otros volúmenes y buscaba dichas ilustraciones para mostrármelas. Comparaba una ilustración de un libro del Quinteto de Nizami hecho en tiempos del sha Riza, el hijo de Tamerlán, o sea, hace casi doscientos años, con otra de un libro hecho, según él, en Tabriz hacía setenta u ochenta años, me preguntaba el motivo oculto por el que dos ilustradores podían haber pintado lo mismo sin haber visto nunca la obra del otro y él mismo me daba la respuesta:
—Pintar es recordar.
Francisco Umbral El Cesar visionario 121pags. 205-121=84
Los libros, en deshecha pirámide sobre las losas del patio, arden en la noche con
lumbrarada alta, vertical y renovada. A cada nuevo mordisco del fuego, un
deslumbramiento de chispas, casi diurno, cae sobre las páginas abiertas de un libro
grande y tendido, como disponiéndolo para la lectura. Los soldados salen y entran con
nuevas brazadas de libros, como si fueran ladrillos o piedras. Giménez Caballero se
mueve nervioso y exaltado, lleno de la eficacia de lo siniestro, que puede multiplicar
las facultades de un hombre. Giménez Caballero ha hecho un previo expurgo de la
biblioteca de don Cayo, salvando solamente el Año Cristiano, doce tomos, uno por
mes, edición del XVIII.
En torno de la hoguera hay algunos oficiales, soldados y falangistas más curiosos
que colaboradores, alguna monja vieja, como la madre Crescencia. Las pocas novicias
que asisten a la lóbrega y luminosa fiesta, se mantienen muy a distancia, con una
distancia que quizá sea reticencia, piensa Francesillo. En la noche de aire parado y
nubes de verano, sin luna o con luna de luz distinta, hay como una noche de San Juan
tardía y sin felicidad. Y esta noche de San Juan, inquisitorial e improvisada, se
multiplica en las varias hogueras, diez o doce, quizás quince o veinte, más tarde, que
las ventanas altas del convento ven arder en todo este barrio antiguo, ilustrado y
noble. Porque Giménez Caballero no hace inquisición a los judíos de la chapinería o el
cardumen, sino a las viejas familias liberales, krausistas, ilustradas (esas que no
invitan a D'Ors a sus cenas).
-Los rojos queman iglesias y éstos queman libros.
-No sé qué es peor.
De modo que hay un momento en que lo que arde en la alta noche no es sino la
vieja piromancia española, devorándose a sí misma en la purificación inversa y
fanática del fuego. Todo un barrio de la ciudad en llamas, el más hermético,
confidencial y remetido en sí mismo. Hogueras en los patios, en la calle, en el cielo
bajo de agosto, que hace una aurora boreal de nubes con el resplandor de las llamas.
Francesillo y la novicia Camila, cogidos de la mano, asisten al espectáculo en el
convento. Falangistas y soldados siguen acarreando libros a las órdenes de EGC. De
vez en cuando un libro se viene abajo, abierto e iluminado sobre las losas, y la novicia
Camila tuerce un poco la cabeza, como para leer, y este gesto infantil emociona a
Francesillo y siente que unas lágrimas candentes, antiguas y familiares, le suben a los
ojos. Las monjas hablan entre sí:
-Resulta que teníamos el demonio en casa y no lo sabíamos.
-La inocencia nos ha salvado.
-Y la Virgen María.
(Hay una tendencia católica a considerar a la Virgen analfabeta.)
-Y qué raro que aquel señor tan piadoso guardase este infierno en casa.
-Eso, la madre Crescencia.
La madre Crescencia calla. La madre Crescencia sabe cómo entró el Requeté en esta
casa y otras, donándolas a los frailes y monjas que venían tras ellos por los caminos
de la guerra. La madre Crescencia, que nada dice, lo que ve arder esta noche es el
alma de don Cayo, el hombre que metiera el demonio en su casa. De modo que saca el
rosario y reza.
-¿Reza usted por el alma de don Cayo, madre? -pregunta la novicia Camila, llena de
maldades niñas.
-Tú qué sabes por quién rezo, Camila. Aprende tú a rezar, que te veo poco rosario.
viernes, enero 19, 2007
BARAJA
James Joyce Ulises pag.337
esos descastados. No han dado en el clavo en su vida. ¡La cabeza erguida! ¡Mantén el pabellón bien alto! Un águila gules volante en campo de argén exployada. ¡Rey de armas del Ulster! ¡Aleop! (hace la llamada del sabueso, dándole a la lengua) ¡Bullbull! ¡Bullibulli! ¡Ey, chico!
(Las frondas y espacios del papel de la pared enfilan rápidamente campo a través. Una zorra corpulenta, sacada de su cobijo, la cola en punta, tras haber enterrado a su abuela, corre veloz hacia el campo abierto, ojos–brillantes, rastreando el hoyo del tejón, bajo las hojas. La jauría de perros de caza le sigue, la nariz al suelo, husmeando la presa, sabuesiaulfando, bullibullendo por probar la sangre. Cazadoresy cazadoras de
EL GENTÍO
¡Programa de las carreras de caballos. ¡Programa de las carreras!
¡Diez a uno el resto!
¡Hagan sus apuestas aquí! ¡Hagan sus apuestas!
¡Diez a uno menos uno! ¡Diez a uno menos uno!
¡Prueben suerte en la ruleta de los caballitos!
¡Diez a uno menos uno!
¡Voy hasta las
¡Doy diez a uno!
¡Diez a uno menos uno!
(Un caballo del montón, sin jinete, cual aparición pasa como un rayo el poste de llegada, la melena lunaespumante, los globos de los ojos estrellas. Los demás le siguen, un puñado de cabalgaduras corcoveantes. Caballos esqueléticos, Cetro, Máximo Segundo, Zinfande~ Shotover del duque de Westminster Repulse, Ceylon del duque de Beaufort, prix de Paris. Enanos los cabalgan, con armaduras herrumbrosas, botando, botando en sus, en sus monturas. El último en un cernidillo de lluvia sobre un penco amariZclaro sin resuello, Gallo del Norte, elfavorito, gorra melada, chaqueta verde, mangas naran)as, Garrett Deasy encima, empuña las rienda, un palo de hockey listo. El penco de patas blancoempolainadas con esparavanes trota por el camino rocoso.)
LAS LOGIAS DE ORANGE
(burlonas) Bájese y empuje, hombre. ¡Última vuelta! ¡Llegará a casa por la noche!
GARRETT DEASY
(Bien erguido, la arañada cara emplastada con sellos de correo, blande el palo de hockey, los Ojos azules centelleando en el prisma de la lucerna mientras su cabalgadura pasa a galope de doma); Per vias rectas!
(Una brida de cubos le rodea cual leopardoy a su penco que se encabrita con un torrente de caldo de cordero con monedas danzarinas de zanahorias, cebada, cebollas, nabos, patatas.)
LAS LOGIAS VERDES
¡Día metido en agua, Sir John! ¡Día metido en agua, su señoría!
Hennig Mankell Antes de que hiele 337-336=1
Las ideas se precipitaban en su mente como si de una lluvia de agujas candentes se tratase. El dolor era casi insoportable. Con el fin de conservar la calma, intentaba por todos los medios pensar con claridad. ¿Qué era lo que más lo atormentaba? En realidad, no necesitaba buscar la respuesta, pues la conocía. Era el miedo. El miedo a que Jim liberase a sus perros y los enviase en su busca, como si él fuese una presa temerosa que se hubiese dado a la fuga, lo cual, por otro lado, era cierto. Los perros de Jim eran lo que más le aterraba. Toda aquella larga noche del 18 al 19 de noviembre, cuando ya no le quedaban fuerzas para seguir corriendo, y fue a esconderse entre los restos medio podridos de un árbol abatido por el vendaval, la pasó creyendo oír cómo se aproximaban los perros.
«Jim nunca permite que nadie se escape», se dijo. «El hombre al que yo opté por seguir un día, porque parecía lleno de un amor divino e infinito, ha resultado ser muy distinto. De un modo del todo imperceptible, ha cambiado su apariencia por la de su sombra, o por la de ese diablo sobre el que predicaba y del que solía prevenimos, ese demonio egocéntrico que nos impide servir a Dios con veneración y obediencia. Así, lo que yo creía que era amor se ha transformado ahora en odio. Debería haberlo comprendido mucho antes. El propio Jim lo dejó muy claro, una y otra vez. Él nos reveló la verdad, pero no toda la verdad de una vez, sino poco a poco, sinuosamente. Y, sin embargo, ni yo ni los demás queríamos escuchar lo que oíamos, lo que se ocultaba bajo sus palabras. Es decir, que yo soy el único culpable, puesto que me negué a comprender. Cuando nos convocaba a sus prédicas o nos enviaba sus mensajes, no sólo nos hablaba de prepararnos espiritualmente antes de que llegase el Día del juicio... También nos advertía que debíamos estar dispuestos a morir en cualquier instante.»
Interrumpió sus reflexiones y, en la oscuridad, prestó atención a los ruidos. ¿No era el ladrido de los perros lo que se oía a lo lejos? No, los perros sólo existían en su interior, eran fruto de su propio miedo. En su cerebro desquiciado por el terror, regresó a lo sucedido en Jonestown. Tenía que comprenderlo. Jim había sido su guía, su pastor. Ellos lo habían seguido durante el éxodo desde California, cuando ya no podían hacer frente a la persecución a que las instituciones y los medios de comunicación los sometían constantemente. En Guyana podrían hacer realidad su sueño de una vida en libertad, en unión con Dios, con la comunidad y con la naturaleza. Y, de hecho, al principio, todo fue saliendo como Jim había predicho. Se decían que, en verdad, habían hallado su paraíso. Sin embargo, algo les atemorizaba. ¿Y si no podían ver realizado su sueño en Guyana? ¿No estarían expuestos allí a las mismas amenazas que en California? Cabía la posibilidad de que se viesen obligados a dejar no sólo un país, sino la vida misma para que, en comunión con Dios, gozasen de la existencia que se habían prometido los unos a los otros. «He visto a través de mis propios pensamientos», dijo Jim un día. «He visto más lejos de lo que nunca vi. El Día del juicio está próximo. Si no queremos ser arrastrados por la horrenda corriente devastadora, tal vez debamos morir. Tan sólo si morimos podremos sobrevivir.»
Jose Saramago Intermitencias de
A las veinte horas y cincuenta y cinco minutos el director general entró en el estudio, le entregó al presentador la carpeta con el comunicado del gobierno y se sentó en el lugar que le estaba destinado. Atraídas por lo insólito de la situación, la noticia, como era de esperar, había circulado, había en el estudio muchas más personas de lo que era habitual. El realizador ordenó silencio. A las veintiuna horas exactas surgió, acompañada por su inconfundible sintonía, la fulgurante cabecera del telediario, una variada y velocísima secuencia de imágenes con las que se pretendía convencer al telespectador de que aquella televisión, a su servicio veinticuatro horas al día, estaba, como antiguamente se decía de la divinidad, en todas partes y a todas partes mandaba noticias. En el mismo instante en que el presentador acabó de leer el comunicado del gobierno, la cámara número dos puso al director general en la pantalla
W.G.Sebald Los Anillos de Saturno 97pags.(97*3=291) 337-291=46.
. En definitiva, las negociaciones fracasaron probablemente a causa de la absoluta incomprensión, que ningún intérprete hubiera sido capaz de franquear, con la que se enfrentaron los emisarios que vivían en mundos conceptuales radicalmente distintos. Si desde el lado británico y francés se veía la paz que había de obtenerse como la primera etapa en la colonización de un imperio fatigado, ileso, con mucho, de los adelantos espirituales y materiales de la civilización, los emisarios del emperador, por su parte, se esforzaban por hacer patente a los extranjeros, aparentemente en modo alguno familiarizados con las costumbres chinas, la obligación en que se hallaban los embajadores de los estados satélite tributarios frente al hijo del cielo. Finalmente, no quedaba más que remontar el Pai-ho con cañoneros y avanzar al mismo tiempo por tierra hacia Pekín. El emperador Hsien-feng, de una salud extremadamente débil y aquejado de hidropesía a pesar de su corta edad, eludió la inminente confrontación poniéndose en camino el 22 de septiembre hacia su refugio en Jehol, al otro lado de la gran muralla, en medio de un bullicio desordenado de eunucos de la corte, mulos, carretas de equipaje, palanquines y sillas de mano. La noticia transmitida a los comandantes del poder enemigo decía que su majestad el emperador estaba sujeto, según la ley, a entregarse al ejercicio de la caza en otoño. Por su parte, en un estado de indecisión sobre la futura forma de proceder, parece que, a comienzos del mes de octubre, las tropas aliadas se encontraron casualmente con el jardín encantado de Yuan Ming Yuan, situado en las cercanías de Pekín y provisto de un sinnúmero de palacios, pabellones, galerías, fantásticos cenadores, templos y torres, en cuyas pendientes de montañas artificiales, entre declives y pequeños bosques, pastaban ciervos con cornamentas fabulosas y donde toda la incomprensible magnificencia de la naturaleza y de las maravillas que la mano humana había incorporado en ella se reflejaba en las aguas oscuras, que no movía ni el más leve soplo de aire. La terrible destrucción que, burlando la disciplina militar y en general todo raciocinio, se llevó a cabo en el legendario jardín durante los días siguientes es únicamente comprensible en parte como una consecuencia de la rabia por la decisión que se aplazaba una y otra vez.
GORE VIDAL CREACION PAG.337
—Estoy resignado —dijo—. Soy como el jarrón del duque Tan en el templo de los antepasados. ¿Lo has visto? —Cuando respondí negativamente, me dijo que el duque mismo había colocado allí ese jarrón en el momento de la fundación de Lu—. Cuando está vacío, se mantiene erguido y es muy hermoso. Pero cuando se lo llena, se inclina hacia un lado y vuelca todo su contenido en el suelo, lo cual no es hermoso. Pues bien: yo soy ese jarrón vacío. No puedo llenarme de gloria y poder, pero me mantengo erguido.
Finalmente, a la sombra de los antiguos altares de la lluvia, Confucio me dio el abrazo —ritual, ¿cómo podía ser de otro modo?— de un padre cuando despide a un hijo al que no ha de volver a ver. Mientras me alejaba, mis ojos estaban cegados por las lágrimas. No comprendo el motivo. No creo lo que él creía. Sin embargo, me parecía un ser absolutamente bueno. Y ciertamente no he encontrado, en mis viajes, una persona que pueda compararse con él.
HENNING MANKELL ASESINOS SIN ROSTRO 139pags.(139*2=278) 337-278=59
—Esto no es nada divertido —contestó Rydberg sombríamente.
—¿Quién ha dicho que el trabajo policial tenga que ser divertido?
Pero Rydberg había hecho un trabajo minucioso, tal y como Wallander había augurado. Sobre un mapa, los diferentes campos estaban marcados con un círculo y Rydberg había hecho un pequeño informe de cada uno de ellos. De momento sugería como primera medida que las patrullas nocturnas los visitaran regularmente según un horario muy ingenioso.
—Bien —dijo Kurt Wallander—. Vigila que las patrullas se enteren de que esto es serio.
Le hizo un resumen a Rydberg de la visita a Kristianstad. Luego se levantó de la silla.
—Me voy a casa —dijo.
—Tienes mala cara.
—Estoy pillando un resfriado. Pero ahora todo irá sobre ruedas, ¿no?
Se fue directo a casa, se hizo un té y se metió en la cama. Al despertarse unas horas más tarde, la taza de té estaba todavía sin tocar al lado de la cama. Eran las siete menos cuarto. Dormir le hacía sentirse un poco mejor. Tiró el té frío y preparó un café. Luego llamó a su padre.
Kurt Wallander comprendió enseguida que su padre no había oído hablar del incendio nocturno.
—¿No íbamos a jugar a cartas? —preguntó el padre con rabia.
—Estoy enfermo —respondió Kurt Wallander.
VLADIMIR NABOKOV CUENTOS COMPLETOS pag.337
Durante todos aquellos años habían perdido el contacto. Serafim no sabía absolutamente nada de su hermano, y Lev apenas sabía algo de Serafim. Un par de veces Lev había visto el nombre de Serafim a través de la pantalla de humo gris de los periódicos soviéticos que repasaba en la biblioteca. «Y de la misma manera en que el requisito fundamental de la industrialización», declamaba Serafim, «es la consolidación de los elementos socialistas de nuestro sistema económico, el progreso radical de nuestros pueblos se presenta como uno de nuestros más inmediatos y fundamentales objetivos».
Lev, que había terminado sus estudios con un retraso considerable aunque comprensible en
WOLE SOYINKA EL HOMBRE HA MUERTO 169pags,(169*2=338-337=1
Seinde Arigbede no murió. En el cumplimiento de sus deberes como médico, sin embargo, fue atrapado por la violencia desatada contra los ciudadanos de Ondo por el Estado nigeriano después de las discutidas elecciones de 1983 y estuvo a punto de morir. El relato de un testigo presencial que consiguió escapar con vida de unos ejercicios de «pacificación» llevados a cabo por la sección Fuerza Especial de Campo de la policía nigeriana fue publicado por The Guardian (Nigeria) el 24 de septiembre de 1983. The Guardian es un periódico independiente que ha conseguido una reputación por sus informaciones cuidadosamente comprobadas y sin un ápice de histeria.
Las circunstancias hubieran abrumado hasta a un Franz Kafka, aun sin la degradación física que conllevaron. Sin creer del todo que lo que le pasaba fuera real, el doctor Arigbede fue llevado a una celda vacía donde le colgaron por las muñecas, columpiándole, los pies sin tocar el suelo, sujeto a unos ganchos sujetos al techo. Entre palizas y otras formas de tortura le preguntaban constantemente: ¿Dónde está el campo de entrenamiento? Durante aquella prueba oyó los gritos de otras personas sometidas a un trato todavía peor —como descubriría luego— en sus celdas. ¡Tuvo que reconocer que, al contrario de lo que les pasó a otros, no sufrió la agonía de que le metieran por el pene palmitos de escoba!
FRANCISCO UMBRAL EL CESAR VISIONARIO 121*3=363-337=26
Agustín de Foxá, gordo y dandi al mismo tiempo, cínico y patriota, contradictorio y
brillante, lee. cada noche, en la tertulia del café, un capítulo de la novela que está
escribiendo, Madrid de corte a checa. Con su triple facundia de gordo, de diplomático y
de bebedor, esta noche ha invitado a la otra tertulia (a la otra España), la de «los
maestrillos», a fundirse con su auditorio. Hay coñac Napoleón para todos. Los
republicanos y los laínes se dan la mano con timidez recíproca (más tímidos los
vencedores que los vencidos, naturalmente), y los espejos del café recogen algo as(
como un Cuadro de las Lanzas hecho por Gutiérrez Solana.
Daniel Lozoya piensa si él y su grupo están empezando a corromperse: han
cambiado su coñac de garrafa por el Napoleón de los vencedores (provisionales) y van
a escuchar la prosa brillante y decadente de un fascista, un estilo que, por otra parte,
ya conocen. Así se lo dice, en voz baja, al de al lado:
-No te preocupes -le contesta el otro-. En cuanto ganemos la guerra les invitamos
nosotros á ellos, Siempre paga el que gana Y el que lee, claro.
La tertulia se ha hecho enorme. Aquello es toda una velada literaria. Los otros
habituales del café se van yendo a casa, salvo algún curioso que se queda solo con su
copa, escuchando de lejos. La novela es una buena crónica de los amenes de Alfonso
XIII y la llegada de
de resentidos, pero también con los señoritos del tiro de pichón se le escapa alguna
ironía wildeana, ya que la ironía es la avena loca de su estilo, lo mejor de su prosa.
Leído el capítulo de esta noche, hay un silencio incómodo en el auditorio. Los
invitados, naturalmente, no quieren ser los primeros en opinar. En cuanto a los
camaradas de Foxá, se lo están pensando. Es el propio Foxá quien, doblando las
cuartillas y volviendo al coñac del optimismo (se diría que es él quien le comunica
optimismo al coñac, y no al revés), resuelve el silencio con una despreocupada
autocrítica:
-Sí, ya sé que al principio suena un poco a Valle-Inclán.
Y entonces se amaga Torrente Ballester, el crítico profesional de su grupo, lleno de
ironía galaica y mala leche de creador prematuramente frustrado:
-Es un Ruedo Ibérico de derechas.
-Somos de derechas, con perdón de estos señores -dice Foxá, y se vuelve a los
maestrillos, sirviéndoles más coñac.
-Luego -se asegunda Torrente- la crónica puede sobre la novela. La trama parece
endeble.
-Sí, para Valle-Inclán ya sé que me sobra un brazo.
-El derecho -ha dicho Daniel Lozoya, con sorpresa de su propia voz.
El grupo falangista sonríe. Los amigos de Lózoya fuman concienzudamente o sufren
una repentina sed de alcohol. La frase, corta y latigante, ha estirado el clima hasta
ponerlo peligroso.
Pero Lozoya, con resabios vascos en su sangre, acude a la llamada roja del alcohol,
y el napoleón, tanto tiempo añorado, hace una llama azul y violenta en sus ojos
pequeños, inteligentes e inesperados:
-Ya el título es tendencioso. Madrid, hoy, no es una checa, sino una ciudád que está
luchando heroicamente por...
JOSEPH ROTH LOS CIEN DIAS 337-283=54
J O S E P H R O T H
54
solemnidad le parecía tan vacía como su soledad. Tenía la
impresión de hallarse sobre un aparato extraño y ridículo, a
la vez que sobre un tronco o unos zancos. Su uniforme le
parecía un disfraz, la gente allí reunida, un público de
curiosos; los dignatarios y él mismo, los actores. Tenía
costumbre de hablar en medio de sus tropas, vestido con su
uniforme de diario; de sentir el aliento de los hombres, el
olor familiar a sudor y tabaco que exhalaban los soldados, el
fuerte olor del cuero y la agria pomada de las botas. Pero
ahora, estaba lejos de estos contactos, pobre y grande, vacío
y disfrazado, abandonado bajo el sol abrasador. Sentía llevar
una pesada carga; hasta las livianas plumas de su sombrero le
parecían de plomo, algo inútil y estúpido. De repente se
descubrió echando a un lado el sombrero. Entonces todos
pudieron ver su cabello oscuro y reluciente. Luego sacudió
con vehemencia la rapa de sus hombros, apareciendo en su
uniforme familiar, así como estaba reproducido en platos y
cuchillos y en los miles de lienzos que adornaban las paredes
de las casas y viviendas de muchos países. Entonces volvió a
hablar con su antigua voz, magnética y querida. "Soldados,
hermanos en la vida y ante la muerte, camaradas en las
victorias...»Reinaba un profundo silencio. La voz del
Emperador retumbaba en el aire caliente. Los diputados y
los dignatarios ya no escuchaban, anhelaban solamente un
poco de sombra.
Y el pueblo y los soldado estaban demasiado lejos: sólo
comprendían una palabra de cada tres. Pero al menos lo
velan en la actitud en lo que lo amaban, y por eso gritaban:
«¡Viva el Emperador!»
BARAJA
Philip Roth Pastoral americana pag.337No sé qué puedo hacer.Ella cometió el atentado,voló la tienda de Hamlin,mató a Conlon-no puedo mencionarle lo de Oregon y las otras tres victimas-Lo hizo por propia iniciativa.Vuelve a la habitación y pidele que vuelva contigo.No puedo.No me lo permite.Quiere que la deje en paz.
Wole Soyinka El hombre ha muerto 169pags(169*2=338)338-337= 1
Seinde Arigbede no murió. En el cumplimiento de sus deberes como médico, sin embargo, fue atrapado por la violencia desatada contra los ciudadanos de Ondo por el Estado nigeriano después de las discutidas elecciones de 1983 y estuvo a punto de morir. El relato de un testigo presencial que consiguió escapar con vida de unos ejercicios de «pacificación» llevados a cabo por la sección Fuerza Especial de Campo de la policía nigeriana fue publicado por The Guardian (Nigeria) el 24 de septiembre de 1983. The Guardian es un periódico independiente que ha conseguido una reputación por sus informaciones cuidadosamente comprobadas y sin un ápice de histeria.
Las circunstancias hubieran abrumado hasta a un Franz Kafka, aun sin la degradación física que conllevaron. Sin creer del todo que lo que le pasaba fuera real, el doctor Arigbede fue llevado a una celda vacía donde le colgaron por las muñecas, columpiándole, los pies sin tocar el suelo, sujeto a unos ganchos sujetos al techo. Entre palizas y otras formas de tortura le preguntaban constantemente: ¿Dónde está el campo de entrenamiento? Durante aquella prueba oyó los gritos de otras personas sometidas a un trato todavía peor —como descubriría luego— en sus celdas. ¡Tuvo que reconocer que, al contrario de lo que les pasó a otros, no sufrió la agonía de que le metieran por el pene palmitos de escoba!
El doctor Arigbede, como otras personas de mi clase, puede provocar voces de protesta y movilizar a las autoridades oficiales en caso de necesidad: algunas veces al menos. Su esposa, Aduni, se movió desesperadamente en todas las esferas posibles y por la intervención de altos funcionarios de la policía, la prueba a la que estaba sometido Seinde se acabó al cabo de una semana. Durante cierto tiempo no pudo emplear las dos manos; ha recuperado el uso de una de ellas casi totalmente. La suerte de la otra sigue siendo azarosa, a pesar de estar sometida diariamente a fisioterapia.
Mientras escribo esto el doctor Arigbede sigue intentando identificar a sus torturadores, que ha descubierto que eran estudiantes de Ciencias Políticas en la Universidad de I hadan. Tanto el ejército como la policía (incluida la Organización de Seguridad Nacional) envían a sus hombres a realizar cursos especiales (Psicología, Relaciones Internacionales, Derecho, Sociología, Ciencias Políticas, etc.) a todas las universidades, lo cual no tiene nada de secreto o de malo en sí. Sin embargo, es el primer ejemplo que se conoce de que nuestras universidades se dediquen a preparar torturadores. Todavía es más terriblemente indecente que resulte imaginable que el sistema de control de poder haga posible, y hasta probable, que el estudiante de uno se convierta en su torturador, ¡o que el paciente estudiantil de un hospital universitario meta algún día agujas eléctricas por debajo de las uñas de su antiguo médico o incruste palmitos de escoba en sus órganos genitales!
ROBERT GRAVES MITOS GRIEGOS (1) pag.337
Aunque Eneo fue el primer mortal al que Dioniso dió una vid,Icario se le anticipó en hacer vino.Ofreció una muestra del que habia hecho como prueba a un grupo de pastores en el bosque de Maratón,pero no lo mezclaron con agua como más tarde aconsejó Enopion,se emborracharon de tal modo que lo veian todo doble,se creyeron hechizados y dieron muerte a Icario.
Su perro Mera observó mientras ellos lo enterraban bajo un pino,y luego condujo a su hija Erigone a la tumba tirandole de la túnica y excavo el cadaver.Erigone,desesperada,se colgo del pino,rogando que las hijas de Atenas sufrieran la misma suerte que ella mientras Icario no fuera vengado.
Sólo los Dioses la oyeron y los pastores huyeron al otro lado del mar,pero muchas doncellas atenienses fueron halladas colgadas de un pino tras otro,hasta que el Oraculo de Delfos explicó que era Erígone quien exigia su vida.Inmediatamente buscaron y ahorcaron a los pastores culpables y se instituyó el actual Festival de la Vendimia,durante el cual se hacen libaciones,y las muchachas se columpian en cuerdas colgadas de las ramas del árbol.