sábado, enero 26, 2008

EL LIBRO DEL CORDERO



CAPITULO VIII------------DESTINO EN LO UNIVERSAL---------------------pag.501


(1)Bueno-diceJ.J.-Ahora tenemos a Eduardo el Pacificador.Cuénteselo a un idiota dice el Ciudadano-.Tiene más cara de pez que de paz ese muchachito.¿Y que piensan-dice Joe-de esos beatos,los curas y los obispos de Irlanda arreglándose el cuarto con los colores deportivos de su Majestad Satanica,y pegando estampas de todos los caballos que han montado sus jockeys?El conde de Dublin, nada menos.Deberian haber pegado todas las mujeres que ha montado él.Consideraciones de espacio influyeron en la decisión de sus reverencias.Bloom hablaba y hablaba con John Wyse,muy excitado,con su jeta de color de panza de burro y sus viejos ojos de ciruela dándole vueltas.-Persecución-dice-,toda la historia del mundo está llena de eso.Perpetuando el odio nacional entre naciones.-Pero ¿sabes qué quere decir una nación?-dice Jhon Wyse.-¿Una nación?-dice Bloom-.Una nación es la misma gente viviendo en el mismo sitio.Vaya por Dios,entonces-dice Ned,riendo-,si eso es una nación yo soy una nación porque llevo cinco años viviendo en el mismo sitio.Asi que claro todos se rieron de Bloom y él dice tratando de salir del lio:-O también viviendo en diferentes sitios.Eso incluye mi caso-dice Joe.


(2) Sólo que,cuando hubo comprendido eso,la analogía con la muerte,experimento,contra toda lógica,una relativa tranquilidad,como si por un momento hubiera conseguido la paz consigo mismo.El sol asomó en el cielo con tanta brusquedad que la primera reacción de Avit fue protegerse los ojos con el antebrazo.Más lejos en la ciudad,encontraron gente,muchos negros ante los almacenes,la muchedumbre perezosa de los sabados por la tarde.Ciertamente no era la Arcadia Negra.En los escalones de Correos,unos montones de andrajos mendigaban.Nuestros leprosos.Un león,un viejo león-explico Orlaville-vino a morir en estos escalones apenas hace un año.Bajan del Chad tras los rebaños que el Chad nos envía,milquinientos kilómetros,en espera de la vaca que se retrase,pero él pobre desdichado,ya no tenia nada en la boca,lo comprobé personalmente,lo que le hubiese hecho falta era una sopa¡Hubieses visto que caries!.A la naturaleza se la imagina saludable.Pues bien ,no.Tambien existe la vejez.Murió ahí,de noche.


(3) O bien, cuando la muerte de José Antonio es noticia universal:


-Creo que al final tuvieron que ponerle una inyección para llevarle hasta el patio de


los fusilamientos. Al pobre le faltó entereza, muy comprensible, no era un militar...


Asimismo, el ágrafo Caudillo:


José Antonio, a la vuelta de Italia, cuando fue a ver a Mussolini, dijo a los


periodistas: «Caramba, se me ha pasado visitar a Benedetto Croce». ¿Ustedes se


imaginan, un joven intelectual que se olvida de Croce?


La anécdota y el rumor se hacían solubles en la rueda elegante, gentil y militar del


baile. Franco estaba entre los suyos y, como decían las marquesas salmantinas, «se


despachaba». Al día siguiente lo sabía toda la ciudad y en el café ponían el grito en el


cielo artesonado, contra la avilantez. Hasta el «alequericado» Lequerica, conspiratorio,


ministrable y sin idiomas.


Don Juan de Borbón, Príncipe de Asturias, ha querido sumarse al frente con los


alfonsinos. Franco se lo prohíbe, pensándole príncipe heredero. ¿O temiéndole? He


aquí un conato histórico en que ambas razones, la mala y la buena, se confunden y


complican, se quitan la razón, y se la dan, una a la otra. Más tarde, Franco se dirigiría


a Don Juan para algunos tratos. Don Juan pone como condición primera y única el final


de la guerra y la pacificación de España.


Serrano, Lam, Rosales, Ridruejo, Vivanco, Foxá y los otros se reúnen más que


nunca, y beben más que nunca, en el Novelty, hasta el alba. Serrano y Ridruejo ya


están fraguando su dimisión. Laín es más cobarde y, tan bizarro, anda como agachado


por dentro. La vida y la Historia le tienen agachado a pedradas. Se encuentran de


pronto con que su tiempo ha pasado y en España no volverá a reír la primavera. Foxá


hace la frase que le inspira la noche, el napoleón de la literatura, pensando en su José


Antonio madrileño de la política como una rama hermosa de la retórica:


-Hemos traicionado a Amadís, y eso se paga.


El cardenal Segura, cabeza de campesino vestido de príncipe de la Iglesia, ha venido


a ver al Caudillo y se pasea por la ciudad con estela de camarlengos y beatas,


arrastrando púrpuras:


-La Falange es una estatolatría, un panteísmo hegeliano, una herejía.


Tan antifascista se pone que el Caudillo tiene que moderarle. Pero a Franco le


agrada este antifalangismo de Segura (por eso le perdona tanto respingo): ya tiene


una gran fuerza contra la obstinación falangista de la primera hora y su vigencia


hitleriana. Muerto José Antonio, que era católico, el grueso de esta gente tira al


panteísmo germano, ya que no hegeliano (Franco no domina muy bien a Hegel). No


hay más que darle poderes y ocasiones a la Iglesia para que ésta se lleve al pueblo por


otro lado, a lo de siempre. Y, de paso, la Iglesia justifica, legitima, como causa


universal que es. Franco encuentra en la Iglesia una legitimación parcial y provisional


que le falta (según dicen, él no la echa de menos), y de ahí que haya dado a los


obispos, mayormente a este loco de Segura, el protagonismo que tienen. Franco nunca


hace una cosa por una sola razón. Si no hay como mínimo dos razones, no la hace o


hace otra cosa. Y en toda la España nacional está planteado ya el pleito entre el


gobernador falangista y el obispo, que todos los domingos, en misa de una, llama a lo


de Franco una guerra santa.


(4) Hermano mío


«De todos los gobernantes de los que he oído hablar el que más


se acercó al espíritu de Dios, en mi opinión, era Harun al-Rashid de


Bagdad, al que, como saben, le gustaba pasearse disfrazado.»


The Deluge At Norderney, ISAK DINESEN


Después de salir del edificio del Milliyet con sus gafas de sol, Galip


se encaminó, no hacia su despacho, sino hacia el Gran Bazar.


Mientras avanzaba entre las tiendas que vendían objetos turísticos y


cruzaba el patio de la mezquita de Nuruosmaniye, sintió tan


repentinamente la falta de sueño que todo Estambul le pareció una


ciudad completamente distinta. Los bolsos de cuero, las pipas de


espuma de mar y los molinillos de café que vio mientras caminaba


por el Gran Bazar se asemejaban, no a objetos propios de una


ciudad que había acabado por parecerse a los hombres que la


habitaban desde hacía miles de años, sino a señales terroríficas de


un país incomprensible al que hubieran sido desterradas de forma


provisional millones de personas. «Lo extraño —pensó Galip


perdiéndose entre las retorcidas calles del Bazar—, es que pueda


creer con tanto optimismo que puedo ser yo mismo por completo


después de haber leído las letras de mi cara»


(5) >>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>




(6) El Dr. lfor Williarns ha manifestado su sorpresa porque en la mitad de la Cád


Goddeu de Gwion aparece la Tríada:


Los tres mayores tumultos del mundo:


el Diluvio, la Crucifixión y el Día del Juicio.


Esto parecer ser una variante en el texto de los versos que he transcrito de la traducción


de Nash y que aparecen dos veces en el poema:


Uno de ellos relatando


la historia del Diluvio


y de la Cruz de Cristo


y del Día del Juicio próximo.


La versión del Dr. Williams se ajusta también perfectamente al relato del Boibel-


Loth acerca de Hércules viajando por la tierra inundada en su copa de oro, sacrificado


en la montaña y juzgando y sancionando. El Credo de los Apóstoles es, en verdad, la


misma vieja fábula: «concebido por el Espíritu Santo, nacido de la Virgen María, sufrió,


fue crucificado..., vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos».


Es posible que el Credo de los Apóstoles, la versión latina más antigua del cual es citada


en el siglo II por Tertuliano, fuese compuesto originalmente por algún cristiano gnóstico


en Egipto y modelado sincréticamente de acuerdo con la fórmula de Hércules. Pues


«concebido por el Espíritu Santo», cuando se interpreta a la luz de los gnósticos, es una


referencia directa al Diluvio. En la teoría gnóstica -los gnósticos aparecen por primera


vez como secta en el siglo 1 a. de C.- Jesús fue concebido en la mente del Espíritu Santo


de Dios, que era femenino en hebreo, y, según Génesis, I, 2, «se cernía sobre la


superficie de las aguas». La Virgen María era el recipiente físico donde se encarnó esta


idea y «María» significaba para los gnósticos «Del Mar». El Espíritu Santo masculino


es un producto de la gramática latina -spiritus es masculino- y de la desconfianza que


sentían los primeros cristianos por las deidades o casi deidades femeninas. La


concepción por un principio masculino es ilógica y éste es el único caso que se da en


toda la literatura latina. A la masculinización del Espíritu Santo le ayudó una


observación de la Primera Epístola de San Juan, de que Jesús actuaría como paráclito o


defensor del hombre ante Dios Padre; en el Evangelio de San Juan se pone la misma


imagen en boca de Jesús cuando promete que Dios les enviará un paráclito (traducido


habitualmente como «consolador») cuando él haya desaparecido; y a este paráclito, un


nombre masculino, entendido como una emanación mística de Jesús, se le indentificó


erróneamente con el Espíritu arcaico que se cernía sobre la superficie de las aguas. Los


gnósticos, cuyo idioma era el griego, identificaron al Espíritu Santo con Sophia, la


Sabiduría; y la Sabiduría era femenina.




(1)James Joyce Ulises Pag.501


(2)Gerge Conchon El estado salvaje "


(3)Umbral Cesar Visionario pags.121*5=605-501=104


(4)O.Pamuk Libro negro pags.396*2=792-501=291


(5)J.London Talon de hierro " 263*2=526-501= 25


(6)R.Graves Diosa blanca " 208*3=624-501=123

miércoles, enero 23, 2008

La familia de Aznar intentó convencerle de que fuera candidato a las europeas de 2004 para protegerle por la invasión de Iraq



Agencias / laRepublica.es

La familia de Aznar, principalmente su yerno Alejandro Agag, intentó convencer al ex presidente para que fuera candidato a las elecciones europeas de junio de 2004 con el objetivo de que siguiera manteniendo la condición de aforado y protegerle de posibles acciones judiciales en relación con la guerra de Iraq.

Así lo revelan Pablo Iglesias y María Jesús Güemes en el libro 'Si yo fuera presidente', presentado ayer noche en el Hotel Palace de Madrid y que contó la presencia del líder del PP, Mariano Rajoy, el 'número dos' de la lista de Madrid, Manuel Pizarro, y numerosos miembros de la Ejecutiva del partido.

Según relata el libro, Agag y "otras personas próximas" a Aznar querían "proteger judicialmente" al ex jefe del Gobierno y por eso nada más perder las elecciones generales surgió la idea de incluirlo en las listas al Parlamento europeo, recuperar "la condición de aforado y obligar a que cualquier proceso judicial contra él tuviera que pasar por el Tribunal Supremo".

Tanto Rajoy como el Comité de Estrategia nombrado para la campaña debatió esta propuesta a fondo, pero se desechó porque si Aznar era candidato toda la campaña "giraría en torno a él" y se convertiría en "un referéndum sobre la guerra de Irak", narran los autores, que añaden que el propio Aznar "nunca tuvo intención de presentarse aunque su familia trató de convencerle".




martes, enero 22, 2008

El libro del Cordero

CAPITULO VII----------ENOLA GAY-----------------------pag.124.

(1)Su vida ya no transcurría en el presente.Cada vez que veía un niño,intentaba imaginarse qué aspecto tendría cuando creciera.Cada vez que veía a un viejo,intentaba imaginarse qué aspecto habría tenido en su infancia,con las mujeres era aun peor,en especial cuando se trataba de alguna mujer joven y hermosa.Entonces no podía evitar mirar más allá de la piel de su rostro e imaginar el cráneo anónimo que se ocultaba detrás,superponia una cara sobre otra: la mujer de cuarenta, luego la de sesenta,más adelante la de ochenta;como si a pesar de hallarse en el presente,se sintiera obligado a perseguir el futuro y rastrear los signos de la muerte que vive en cada uno de nosotros.La contemplación de una mujer desnuda me hace soñar con su esqueleto.

(2) Un pato vestido con traje azul muy distinguido se hallaba al volante.- ¡A la Vía España!-ordenó el pájaro carpintero.

-¿A la Vía España?-dijo el pato-¡Haz lo que te digo!¿No me oyes?El pato asintió y apretó el acelerador.Despues de una carrera salvaje se detuvo frente a un edificio semejante a una torre,que se alzaba majestuosamente en una isla que flotaba en el espacio.-Bueno-dijo una abubilla-.Ya saben lo que hay que hacer.-¡ cerdos!-gimió el cisne,cerrando los ojos para siempre.¡Nunca más!-graznó el cuervo.-¡Así acaban todos los que traicionan a Salvatore Giuliano!

(3) En más de una ocasión,la comida se dejó caer de la bandeja deliberadamente antes de servirla,y una camarera lanzó un trozo de pastel al loro.Todo terminó con un terrible alarido.¿cuando ocurrió exactamente,en qué momento preciso gritó el loro?Algunos estudiosos afirman lo siguiente:Mientras desembalaba el equipaje real,una camarera miró a su alrededor para buscar un lugar donde colocar el barco de cristal que había regalado el príncipe Mauricio de Orange al primogénito recién nacido de Isabel y Federico de Bohemia,el príncipe Enrique.El loro echó una mirada al brillante barco y lanzó un alarido profético que reverberó por todo el castillo,como predicción del terrible final que aguardaba al príncipe.¿Y cual era ese terrible final?.Chocaron dos botes en la obscuridad,pero hasta la mañana no encontraron el cadáver del joven príncipe Enrique,meciéndose en un lago gris,entre las cabezas de los caballos congelados.Una vida no pende entre dos fechas,sino entre dos imágenes.

(4) Sólo he visto que después de la prisión,pero no sé si en el momento de salir de ella,ocurrirá lo que llamo un crimen;pero,por fortuna,creo estar seguro de que no será cometido por ti. Si tienes la flaqueza de participar en ese crimen,todo el resto de mis cálculos no es más que un prolongado error.Entonces no moriras en la paz del alma,sentado en una silla de madera y vestido de blanco.Fabricio notó los estragos del tiempo.

(5) El hecho es que aquel árabe mató el cordero,y de anciano de capa blanca e inmaculada se convirtió en sacerdote oriental que hace un sacrificio.Sus ojos brillaron,rejuveneció den repente,y se hizo un silencio mortal a su alrededor.Estábamos sentados en torno del fuego,mirando aquel movimiento de matar,el brillo del cuchillo,el cuerpo agonizante del cordero,la sangre que manaba a chorros,y todos teníamos el mismo resplandor en los ojos.Entonces comprendí que aquellos hombres viven todavía cercanos al acto de matar:la sangre es una cosa conocida por ellos,el brillo del cuchillo es un fenómeno tan natural como la sonrisa de una mujer o la lluvia.comprendimos que en Oriente todavía se conoce el sentido sagrado y simbolico de matar,y también su significado oculto y sensual,como si matar fuera algo cálido,algo bueno,algo parecido a besar.Es extraño,pero,en húngaro, estas dos palabras, matanza y beso, ölés y ölelés,son parecidas y tienen la misma raíz.

(1)Paul Auster La invención de la soledad pag.124.

(2)Gion Mathias Cavelty Ad absurdum "

(3)Pauline Melville La migración de los espiritus "

(4)Stendhal La cartuja de Parma "

(5)Sandor Marai El último encuentro "


 


 


 

sábado, enero 19, 2008

EL LIBRO DEL CORDERO

Capítulo VI------------EL RUEDO-----------------pag.306

(1) ¿Conocéis al

señor de la Musardiére?

—No, señor; al menos que yo sepa —respondió Coquebert.

—Sabed, pues —replicó mi buen maestro—, que era muy aficionado a

las mujeres.

—Por ahí —dijo el cura— es por donde agarra el diablo. Pero ¿adonde

vais a parar, hijo mío?

—Ya lo veréis bien pronto —dijo mi buen maestro—. El señor de la

Musardiére dio cita a una doncella en un establo. Ella acudió a la cita y él

consintió que saliera de allí como había entrado. ¿Sabéis por qué?

—Lo ignoro —dijo el cura—; pero dejémosle.

—De ningún modo —replicó el abate—. Sabed que se abstuvo de

gozarla por temor a engendrar un caballo y verse procesado por este

motivo.

—¡Ah! —dijo el barbero—. Más fácil era que engendrase un asno.

—Sin duda —dijo el cura—. Pero esto no nos conduce hacia la senda

del Paraíso. Convendría tomar otra dirección. Señor abate, hace un

momento eran vuestras reflexiones más edificantes.

En lugar de responder, mi buen maestro se puso a cantar con voz firme:

Pour mettre en gout le roi Louison

on a pris quinze mirlitons

landerinette,

qui tous le balai ont roti,

landerinette.

—Si queréis cantar, hijo mío —dijo el cura—, escoged con preferencia

un villancico borgoñón. De ese modo regocijaréis vuestra alma,

santificándola.

—Con mucho gusto —respondió mi buen maestro—. Los hay de Guy

Barozai, que considero, a pesar de su rusticidad aparente, más finos que el

diamante y más preciosos que el oro. Este, por ejemplo:

Lor qu'au lai saison qu'ai jaule

au monde Jesu-chri vin

l'ane et le beu l'echaufin

de le leu soffle dans l'etaule.

Que d'ane et de beu je sai,

dans ce royaume de Gaule,

que d'ane et de beu je sai

qui n'en arein pos tan fai.

El cirujano, su mujer y el cura repitieron a coro:

Que d'ane et de beu je sai,

couver de pane et de moire,

que d'ane et de beu je sai

qui n'en arein pos tan fai.

Luego prosiguió mi buen maestro con voz más débil:

Mais le pu beo de l'histoire

ce fut que l'ane le beu

ainsin pas ire to deu

la nuit sans manger no boire

que d'ane et de beu je sai

dans ce royaume de Gaule

que d'ane et de beu je sai

qui n'en arein pos tan fai.

Después dejó caer la cabeza sobre la almohada, como aletargado, y no

cantó más.

—Es admirable a ratos este cristiano —nos dijo el señor cura— , y no

hace mucho me edificaba con hermosas sentencias. Pero no deja de

inquietarme, porque todo depende del fin, y no sabemos lo que le quedará

todavía en el saco. Dios, en su bondad, quiere que un solo instante nos

redima. De manera que la salvación depende sólo del último instante, y el

resto de la vida no es nada. Este me hace temblar por este enfermo, a quien

los ángeles y los demonios se disputan furiosamente. Pero no hay que

desesperar de la misericordia divina.


 

(2) Hay que darle de comer con la cuchara

primero. Como la de un niño su mano. Como era

la de Milly. Sensitiva. Calculando cómo soy,

seguramente, por mi mano. ¿Tendrá nombre? El

camión. Conserva su bastón lejos de las patas

del caballo animal cansado que se hace su

sueñecito. Está bien. Paso libre. Detrás un toro,

delante un caballo.

—Gracias, señor.

Sabe que soy un hombre


 

(3) Rígidamente

se soltaban los amorcillos del friso y permanecían sin embargo en él; de la pintura y del revoque se

soltaban las hojas de acanto, tomando rostros humanos y crecido el pecíolo hasta formar una

espasmódica garra de águila; ondeaban al lado del lecho, cerrando y abriendo las zarpas, como si

quisieran ensayar su fuerza de presa, les crecían barbas en el rostro de hoja y volvían a desaparecer

en él, iban ondeando en la inmovilidad, a menudo cruzándose, a menudo girando como en un

remolino de inmovilidad; cada vez eran más y más, muchos más numerosos que los que había en el

mural, por más que éste se reprodujera; salían aleteando de la pintura, de la pared desnuda, del

ninguna parte, vomitados por el frío hervor de los volcanes de la nada, que reventaban por todas

partes, en lo visible y en lo invisible, en el interior y el exterior; eran lava volcánica, escoria

humeante de antes del comienzo, de la ruina, cada vez más y más múltiple, cuanto más numerosas

se volvían, formas nacidas y nacientes del vacío, que además durante sus fantasmagorías se

transformaban unas en otras, para volverse a distinguir, material informe e inconfigurable, con

soplo de hojas, con soplo de mariposas, muchas con forma de flecha, muchas con cola bifurcada,

muchas con largas colas como látigos, muchas tan transparentes, que revoloteaban casi invisibles y

mudas, semejantes a callados gritos de espanto, otras en cambio simplemente anodinas y parecidas

a una tonta sonrisa transparente que revoloteara multiplicada como polvillo solar,

despreocupadamente vacía como una nube de mosquitos, bailara alrededor del candelabro en el

centro del espacio, beborroteara en las velas apagadas, si bien en seguida desplazada de nuevo por

la nueva ola tumultuosa, lanzada, danzarina, y otra vez desplazada, hueco tumulto informe, en el

cual al lado de rostro y antirrostro, al lado de Escilas biformes y raras focas y erizadas Hidras, junto

a la sangrienta irrupción de sangrientas cabezas desgreñadamente erizadas de serpientes, se

bamboleaba toda clase de monstruos, irrumpía toda clase de cosas con cuerpos y patas, toda clase

de cojos, centauros atrofiados e incompletos y restos de centauros, alados y sin alas; el espacio

preñado de Orco rebosaba de bestias caricaturescas, aparecían formas de sapos y lagartos y patas de

perro, gusanos con un número indefinible de patas, sin patas, de una, dos, tres, cien patas, a menudo

pataleando sin fondo, o bien navegando con estiradas, tiesas patas como de madera, o bien

estrechamente apretados entre sí, como si quisieran aparearse volando pese a su falta de sexo, otras

veces penetrándose entre sí rápidos como flechas, cual si fueran éter sin resistencia, cual si fueran

criaturas etéreas, nacidas del éter y por él sustentadas; y realmente eso eran, toda vez que su volante

hervidero, revolcándose, arrastrándose, volviéndose unas sobre otras, aunque se cubrían y recubrían

recíprocamente, podía ser pescado y abarcado sin esfuerzo por la mirada hasta en los últimos límites

del espacio rebosante de ellas y hasta en los últimos detalles; oh, estas criaturas eran el engendro del

éter, cubierto de escamas de éter, cubierto de plumas de éter, nacido del volcán de los Eones,

lanzado en alto a impulsos como de caída, como de ola, evaporándose continuamente,

constantemente volatilizado, de modo que el espacio se vaciaba una y otra vez, vacío de esferas y

vacío como el universo, sólo atravesado aún por el trote de un caballo solitario, que con erizada crin

pisaba el alto aire, sólo atravesado aún por un torso humano solitario, cuyo rostro planamente

transparente, vuelto hacia el lecho, se torcía en el espejo de una risa hueca, irónica, para ser

nuevamente cubierta por la oleada de las alimañas del horror que volvía a inflarse.


 

  1. Anatole France El Figon de la reina Patoja pag.306
  2. James Joyce Ulises "
  3. Hermann Broch La muerte de Virgilio pags.230 306-230= pag.76


 


 


 

lunes, enero 14, 2008

AVIONCITOS



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viernes, enero 11, 2008

LAS RATAS




Ratas de Nueva York
Tanto varones como hembras tienen relaciones sexuales 20 veces al día. Una pareja de ratas puede dar lugar a una familia de 50 en tan sólo seis meses

—Alfons Luna—
NUEVA YORK/AFP


Foto

Las ratas de Nueva York se mueven entre los bajos fondos y los fastos de Manhattan y se alimentan de restos de hamburguesas y patatas fritas cuando no están fornicando, explica Robert Sullivan en su libro "Ratas", resultado de un año de observación del mundo roedor.

"Las ratas han conquistado todo continente conquistado por los hombres, principalmente con la ayuda de los hombres", afirma este periodista neoyorquino en la introducción de su tercer libro "Rats: observations on the history & habitat of the city most unwanted inhabitants", pendiente de traducción al español.

Fue de la mano del hombre que la rata común o "rattus norvegicus", la especie predominante en la ciudad, desembarcó en Estados Unidos en plena guerra de la independencia (1776-1782).

"Mi teoría es que llegaron en los barcos de los mercenarios alemanes contratados por los ingleses", explicó Sullivan a la AFP.

La rata noruega --"el tipo que la bautizó tenía algún problema con Noruega", porque es una especie danesa, reveló el autor-- se asentó en Nueva York cuando los ingleses quemaron la ciudad antes de batirse en retirada.

Tras descubrir un callejón por el que merodeaban libremente, muy cerca de Wall Street, Sullivan empezó a apostarse cada noche en un rincón para seguir sus movimientos.

Sus observaciones, sumadas a la rica historia de la relación entre la Gran Manzana y las ratas, son la base de este ensayo.

El primer exterminador profesional de ratas de Nueva York y Estados Unidos fue Walter "tiro seguro" Isaacsen, que abrió un comercio en el barrio de Brooklyn en 1857.

El tamaño medio de un ejemplar adulto en la ciudad es de unos 40 centímetros de la cola a la cabeza y su peso es de 400 gramos, si bien los exterminadores municipales se topan a menudo con individuos de medio metro y 800 gramos.

Las ratas son noctámbulas y aunque la "norvegicus" no tiene una vista sobresaliente, sustituye esta carencia con un olfato prodigioso.

Un ejemplo de ello es que suele atacar a los niños en la cara porque es capaz de oler los restos de comida que suelen adornar sus comisuras.

Se estima que el 26% de todas las rupturas de cables eléctricos y el 18% de las averías en cables telefónicos son causados por mordeduras de los roedores.

Según un estudio citado por Sullivan, el 25% de los incendios de origen desconocido son causados por ratas.

Las ratas suelen merodear por estaciones de metro próximas a hamburgueserías y otros restaurantes de comida rápida a la caza de patatas fritas y otros restos que la gente deja tras de sí o tira al suelo.

Morir como rata en la gran ciudad

Al igual que a los humanos, Nueva York ofrece a las ratas un amplio repertorio de formas de morir: desde el atropello a los disparos --Sullivan descubrió que son muchos los que se dedican a cazar ratas a tiros--, pasando por el más convencional bastonazo en la cabeza cuando asoman por el inodoro.

La primera causa de muerte entre los bichos es la ingestión de veneno y la más sobredimensionada es la del gato cazador. Los gatos, afirma Sullivan en el libro, comen ratones, pero "difícilmente atacarán a ratas adultas, una rata adulta repelería fácilmente el ataque de un gato".

Sin embargo, Sullivan es pesimista sobre la suerte de la batalla contra las ratas. Para él no se trata de una cuestión de veneno, sino de "no generar basura, y eso es algo que nos cuesta a los humanos".

Eso sin contar con la capacidad extrema de resistencia del enemigo, ese animal "asqueroso" y que "casi todo el mundo odia", "porque se alimenta de nuestra basura, asoma furtivamente desde nuestros sótanos y vive en lugares que nos parecerían chocantes".

"Las ratas de Nueva York", continuó en la entrevista, "son como las de las grandes ciudades, sobreviven contra todo pronóstico" y en ello juegan un papel esencial sus enormes dotes reproductivas.

"Si las ratas no están comiendo, entonces están normalmente practicando el sexo", dice el libro.

En definitiva, afirmó Sullivan, "pensamos en las ratas como intrusos, cuando en realidad son nuestros vecinos más próximos".

Las ratas son "como el sumum de los inmigrantes", comparó el escritor, "no importan a nadie, tienen que vivir en los peores sitios, apañárselas para comer, y son tratadas sin respeto".


EL LIBRO DEL CORDERO


CAPITULO V------------------------LA RATA----------------------------pag.221

(1) ¡Trscrsrr! Un ruido de pedregullo. Espera.

Párate.

Miró abajo atentamente dentro de una

cripta de piedra. Algún animal. Espera. Ahí va.

Un obeso ratón gris salió gateando a lo

largo de la cripta removiendo el pedregullo. Un

veterano: bisabuelo: conoce las vueltas. El gris

viviente se aplastó bajo el plinto, retorciéndose.

Buen escondite para un tesoro.

¿Quién vive allí'? Yacen los restos de

Roberto Emery. Roberto Emery fue enterrado

aquí a la luz de las antorchas, no fue así? Lo

hizo a su modo. Ya desapareció la cola.

Uno de estos tíos terminaría pronto con

un tipo. Roería hasta dejar los huesos limpios

quienquiera que fuese. Carne corriente para

ellos. Un cadáver es carne echada a perder.

Bueno, ¿y qué es el queso? Cadáver de la leche.

Leí en esos Viajes en la China que los chinos

dicen que un hombre blanco huele como un

cadáver. Mejor la cremación. Los sacerdotes


están completamente en contra. Trabajan para

otra firma. Quemadores al por mayor y

negociantes de hornos holandeses. Tiempos de

peste. Las fosas de fiebre de cal viva para

devorarlos. Cámara letal. Cenizas a las cenizas.

O enterrado en el mar. ¿Dónde está esa torre del

silencio de los guebros? Comido por los pájaros.

Tierra, fuego, agua. Dicen que lo más agradable

es ahogarse. Se ve toda la vida en un relámpago.

Pero ser devuelto a la vida ya es otra cosa. No

puede enterrárselos en el aire, sin embargo.

Desde una máquina voladora. ¿Se corre la voz

cuando cae uno nuevo? Comunicación

subterránea. Aprendimos eso de ellos. No me

sorprendería. Un verdadero banquete para ellos.

Las moscas vienen antes de que esté muerto del

todo. Les llegó la brisa de Dignam. No les

importaría el olor. Papilla blanca como sal,

desmoronándose, de cadáver; huele, tiene gusto

a nabos blancos crudos.

(2) Yo estaba terriblemente cansado; pero, sin darme cuenta de lo que había alterado el curso de mis pensamientos, dejé de sentir aversión por la labor que me imponían. Inexplicablemente me sentía lleno de interés... de excitación. Quizá hubiera algo en la extravagante conducta de Legrand, algo de premonición o de seguridad, que me impresionaba. Cavé tesoneramente y más de una vez me sorprendí pensando —con algo que tenía mucho de esperanza— en el tesoro imaginario cuya visión había enloquecido a mi infortunado compañero. En el momento en que esas fantasías me dominaban con mayor violencia, y cuando llevábamos más de una hora trabajando, los violentos ladridos del perro volvieron a interrumpirnos. La primera vez su conducta había nacido de un caprichoso deseo de jugar, pero ahora advertimos en sus ladridos un tono de profunda inquietud. Cuando Júpiter trató de embozalarlo nuevamente opuso una furiosa resistencia y, saltando al agujero, cavó frenéticamente la tierra con sus patas. Segundos más tarde ponía en descubierto una masa de huesos humanos que formaban dos esqueletos completos, entre los cuales se advertían varios botones metálicos y aparentes restos de lana podrida. Uno o dos golpes de pala sacaron a la superficie un ancho cuchillo español; seguimos cavando y descubrimos tres o cuatro monedas de oro y de plata.

(3) —Esto no es más que el canto introductorio, ¿qué es la Crónica de las tinieblas? —le pregunto

dejando de deambular por la habitación.

Me explica que esta obra es una recopilación de cantos funerarios que eran cantados en los

entierros, durante tres días y tres noches, antes de enterrar el féretro. Pero no se podían cantar a la

ligera en otras circunstancias. Una vez cantados, se volvía tabú seguir cantándolos más. No había

tomado nota más que de una pequeña parte de ellos, sin imaginar que el viejo maestro de canto

caería enfermo y desaparecería.

—¿Por qué no tomó nota de todos en su momento?

—El anciano se encontraba muy enfermo. Estaba postrado en una pequeña cama cubierto de

mantas —explica como si hubiera cometido un error. Ha recobrado su aire de gran humildad.

—¿No existe nadie más que pueda cantar estos cantos en las montañas?

—Queda aún gente que conoce el comienzo, pero nadie ya que los cante por entero.

También conoce a un viejo maestro que posee un arca metálica llena de colecciones de cantos,

entre los que figura la Crónica de las tinieblas. En la época en que se inventariaban los libros

antiguos, esta Crónica de las tinieblas fue considerada como un ejemplo típico de superstición

reaccionaria. El anciano había enterrado el arca. Al desenterrarla varios meses después, vio que los

libros se habían enmohecido. Los puso a secar en su patio, pero alguien le denunció. Enviaron a un

agente de policía para obligarle a entregárselo todo a los oficiales. Y poco después, falleció.

—¿Dónde se venera aún a las almas? ¿Dónde pueden encontrarse aún cantos que la gente

escuche con extrema atención, sentada en calma e incluso prosternada hacia el sol? ¡Ya no se

venera lo que es debido, ya no se veneran más que cosas extrañas! ¡Qué nación sin alma! ¡Una

nación que ha perdido su alma!

(4) Durante los meses siguientes, el personal de La Cortina se entregó a su nueva tarea con

creciente fervor. «Ayesha», la prostituta de quince años, era la favorita del público de pago,

como su homónima lo era de Mahound, y, al igual que la Ayesha que vivía recatadamente

recluida en el harén de la gran mezquita de Yathrib, esta Ayesha jahiliana empezó a

envanecerse de su condición de Preferida. Le molestaba que alguna de sus «hermanas» tuviera

más clientes o recibieran propinas generosas. La más vieja y más gorda de las prostitutas, que

había adoptado el nombre de «Sawdah», relataba a sus visitantes —y los tenía en abundancia,

porque muchos de los hombres de Jahilia la elegían por su aire maternal y agradecido— cómo

Mahound se había casado con ella y con Ayesha el mismo día, cuando Ayesha era todavía una

niña. «En nosotras dos encontró las dos mitades de su primera esposa difunta: la niña y también

la madre», les decía. La prostituta «Hafsah» se volvió tan irascible como su tocaya, y cuando

las doce se impusieron de sus papeles, las alianzas que se formaban dentro del burdel reflejaban

las banderías políticas de la mezquita de Yathrib: «Ayesha» y «Hafsah», por ejemplo,

mantenían pequeñas y constantes rivalidades con las dos prostitutas más presumidas, a las que

sus compañeras siempre consideraron un poco relamidas, y que eligieron para sí las identidades

más aristocráticas, convirtiéndose en «Umm Salamah la makhzumita» y, la más repelente de

todas, «Ramlah», cuya homónima, la undécima esposa de Mahound, era hija de Abu Simbel y

Hind. Y había también una «Zainab bint Jahsh», y una «Juwairiyah», que llevaba el nombre de

la esposa capturada en una expedición militar, y una «Rehana la Judía», una «Safia» y una

«Maimunah», y la más erótica de todas las prostitutas, que sabía trucos que no quería enseñar a

la rival «Ayesha»: la hechicera egipcia «Mary la Copta». La más extraña de todas era la

prostituta que adoptó el nombre de «Zainab bint Khuzaimah» sabiendo que esta esposa de

Mahound había muerto recientemente. La necrofilia de sus amantes, que le prohibían hacer

cualquier movimiento, era uno de los más malsanos aspectos del nuevo régimen de La Cortina.

Pero el negocio es el negocio, y éste era también un poderoso imperativo para las cortesanas.

(5)
Después de ponderar la belleza y fertilidad de Cólquide, donde crecía todo lo bueno sin necesidad de siembra ni arado, y de felicitar a Eetes por la armonía que reinaba entre sus súbditos, que eran tan diversos, Jasón de pronto descubrió el esqueleto de Frixo que Autólico había sacado del cuero de caballo dentro del cual colgaba del álamo; estaba tan deteriorado que se deshacía. Eetes reconoció el esqueleto por la dentadura (porque Frixo tenía los dientes separados) y lloró por él. Los huesos presentaban un aspecto miserable, pues estaban cubiertos de un moho verde y blanco. ntonces Jasón, asegurándose de que lo oyera Eetes, le ordenó a Autólico que lo transportase con

prudencia al Argo y los escondiese en la arqueta que había debajo del asiento del timonel, que tenía un doble fondo. Autólico se los llevó, aunque no al Argo; primero fue a las habitaciones de Neera, donde ella y sus hermanos los rascaron y pulieron con devoción; él mismo se ocupó de articularlos, perforando cada uno de los huesos con un punzón y uniéndolo al hueso correspondiente mediante una tira de cuero. Después de engastar las cuencas de los ojos con turquesas, Autólico se los llevó a las habitaciones de Ideesas, que, tal como esperaba, estaban vacías. Pues se había organizado una distracción parecida a la del palacio del rey Fineo: toda la servidumbre del palacio y del séquito de Ideesas se encontraba en el patio delantero escuchando a Orfeo que tocaba una alegre giga. Allí estaban ahora, galvanizados, rodeando con deleite y asombro la caseta de colores chillones en la que Periclimeno hacía unas demostraciones de magia. Además de todas las hazañas que había realizado en presencia de los argonautas cuando acababan de entrar en el mar Negro, realizó otras todavía más extraordinarias. Se tragó una espada de dos mangas, y por si fuera poco, una jabalina larga con dos cabezas, con la punta hacia abajo, y al poco rato las evacuó por detrás. También puso un pato de madera en una vasija llena de agua pura, luego le dirigió unas palabras al agua y ésta empezó a agitarse de tal modo que arrojó al pato fuera de la vasija; y al querer coger el pato, a éste le salieron plumas y echo a volar lanzando graznidos.

(6) "El dinero me persigue hasta en la mazmorra"-pensó Kyo.Conforme a las leyendas,la abyección del guardian no le parecía plenamente real;y,al mismo tiempo,le parecía una inmunda fatalidad,como si el poder hubiese bastado para cambiar a todo un hombre en una bestia.Aquellos seres obscuros que bullían detrás de los barrotes,inquietantes,como los crustáceos y los insectos colosales de los sueños de su infancia,no eran más hombres que los otros.Soledad y humillación totales."cuidado"-pensó,porque ya se sentía más débil.Le pareció que,si no hubiese sido dueño de su muerte,habría vuelto a encontrar allí el espanto.Abrió la hebilla de su cinturón y trasladó el cianuro a su bolsillo.

(7) Aparte de la pérdida del alma y la condenación eterna,nadie podría ver desorden,ni crimen,ni mal alguno en este mundo perecedero,donde todo debe arreglarse y ajustarse aspirando al mundo divino.Reconoced pues Dalevuelta,hijo mio,que los actos más reprensibles en opinión de los hombres pueden conducir a buen fin,y no tratéis de conciliar la justicia humana con la de Dios,la única verdadera ,no en nuestro sentir,sino por principio.

(1) James Joyce Ulises Pag.221

(2)E.A.Poe Cuentos

(3) Gao Xingjian La montaña del alma

(4) Salman Rushdie Versos Satánicos

(5) R.Graves El vellocino de oro

(6)A.Malraux La condición humana

(7) A.France El figón de la reina patoja